ARQUEOASTRONOMÍA

•22 septiembre 2009 • 1 comentario

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La ARQUEOASTRONOMÍA es el estudio de yacimientos arqueológicos relacionados con el estudio de la astronomía por culturas antiguas. También estudia el grado de conocimientos astronómicos poseído por los diferentes pueblos antiguos. Uno de los aspectos de esta disciplina es el estudio del registro histórico de conocimientos astronómicos anterior al desarrollo de la moderna astronomía.

Así como existen las especialidades de Arqueología y Antropología para buscar el pasado de la humanidad, existe la Arqueoastronomía, como una especialidad científica que busca sus orígenes en el Cosmos, donde astrofísicos como Carl Sagan, compartían la tesis de que el gen de la evolución llegó desde el espacio, y el hombre es el resultado de una génesis cósmica que sucedió en los albores de la evolución del planeta tierra… Teoría que encuentra cada vez más pruebas en la reminiscencia de las metrópolis antiguas que emergen con los descubrimientos arqueológicos.

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Para algunos seguidores de esta tesis del cosmos, ello sucedió por la visita de extraterrestres que dejaron sus huellas en el planeta, y sólo así se explican rastros arqueológicos inexplicables diseminados en muchos rincones del planeta: Nazca, Teotihuacan, Pisco, Chan Chan, Tiahuanaco, Gizeh, Angkhor, Stonehenge, Palenque, Nan Madol, Chichen Itzá, Tikal, Uxmal, Copán, Qurigua, El Mirador, Pascua y un sin fin de ciudades de piedra selpultadas en el enigma de una civilización desconocida, como el caso de Cuicuilco, en la altiplanicie de Ciudad de México D.F, donde la visita de hombres del espacio forman parte de la tradición que ha sobrevivido a la erupción del Xitle que sepultó la ciudad hace 40 mil años, y que fue corroborado por la experiencia del Dr. Cummings cuando visitó en lugar en 1922, tal cual se recoge en el artículo contenido en el enlace “Enigmas y Misterios”.

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Tres décadas después de que las sondas gemelas Voyager partiesen desde la Tierra para visitar los planetas exteriores del Sistema Solar, la histórica misión continúa su marcha en una carrera fuera del Sistema Solar

Durante los primeros 12 años de su misión, las Voyager realizaron intensivos estudios de Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno, vistando la primera de ellas los dos primeros planetas y su compañera todos ellos. Mientras los científicos celebran los 25 años de misión de estos vehículos, esperan que al menos uno de ellos pueda escapar de la influencia de viento solar y adentrarse en el espacio interestelar antes de que sus baterías nucleares se hayan agotado. En este momento, la Voyager 1 es la sonda espacial más lejana a la Tierra, situada a una distancia de 85 Unidades Astronómicas. Su gemela, la Voyager 2, se halla a 68 U.A.

Tras 25 años de trabajo, ambos vehículos permanecen con buena salud, lo cual puede considerarse un hito en la exploración planetaria, ya que cuando fueron lanzados en 1977 nadie sabía cuánto podrían durar estas sondas

De hecho, los planes originales contemplaban el lanzamiento de cuatro sondas Voyager para explorar todo el Sistema Solar exterior (incluido Plutón), pero los problemas presupuestarios obligaron a reducir a la mitad el número de sondas y a centrarse inicialmente en el estudio de los planetas Júpiter y Saturno. Aunque en un principio iban a recibir el nombre de “Mariner Jupiter/Saturn 1977″, posteriormente serían bautizadas con su nombre actual. La misión había sido diseñada para aprovecharse de un alineamiento planetario que tendría lugar a finales de los años ’70 y ’80 que podría permitir un viaje a cuatro planetas empleando una cantidad de combustible muy baja y un tiempo mínimo de vuelo. Esta “situación geométrica” de Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno, que tiene lugar cada 175 años, permite a una sonda seguir una trayectoria determinada que le haga impulsarse de un planeta a otro sin necesidad de sistemas de propulsión grandes o complejos. El sobrevuelo de cada planeta modifica la trayectoria de la sonda y le añade un impulso que permite llevarla a su próximo destino. Gracias a esta técnica de “asistencia gravitacional” -demostrada por primera vez en la misión del Mariner 10 hacia Venus y Mercurio (1973-74)- el tiempo de vuelo hacia Neptuno se redujo de 30 años a 12. Aunque la NASA/JPL creía viable la misión a los cuatro planetas gigantes, consideró que el presupuesto necesario para transportar la sonda y el instrumental a grandes distancias era muy alto y que la misión podía resultar bastante arriesgada, razón por la cual sólo se asignó un presupuesto inicial para los sobrevuelos de Júpiter y Saturno. Se estudiaron más de 10.000 trayectorias antes de elegir las dos que llevarían a las Voyager a las cercanías de Júpiter y de su luna Io y a las proximidades de Saturno y de su satélite Titán. En el caso de la Voyager 1, su acercamiento a Titán y a la parte inferior de los anillos de Saturno la obligó a tomar el camino en dirección hacia el norte del plano de la eclíptica, impidiéndole visitar más planetas. La trayectoria elegida para la Voyager 2 también ofrecía la posibilidad de continuar hacia Urano y Neptuno, así que una vez estudiado Saturno y viendo que la sonda gozaba de buena salud, la NASA ofreció presupuesto adicional para Urano y posteriormente para Neptuno.

A continuación, fotografías de nuestro planeta obtenidas durante la misión Voyager. La toma muestra nuestro planeta desde más allá de la órbita de Plutón

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Cuando en 1977 la NASA envió la misión del Voyager 2 y se disponía a salir del Sistema Solar, giró para tomar una última foto de la Tierra, la cual apareció a 4.500 millones de kilómetros como un pálido punto azul

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“Tuvimos éxito en tomar esta fotografía, y al verla, ves un punto. Eso es aquí. Eso es casa. Eso es nosotros. Sobre él, todo aquel que amas, todo aquel que conoces, todo aquel del que has oído hablar, cada ser humano que existió, vivió sus vidas. La suma de nuestra alegría y sufrimiento, miles de confiadas religiones, ideologías y doctrinas económicas, cada cazador y recolector, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de la civilización, cada rey y campesino, cada joven pareja enamorada, cada madre y padre, cada esperanzado niño, inventor y explorador, cada maestro de moral, cada político corrupto, cada “superestrella”, cada “líder supremo”, cada santo y pecador en la historia de nuestra especie vivió ahí – en una mota de polvo suspendida en un rayo de luz del sol.

La Tierra es un muy pequeño escenario en una vasta arena cósmica. Piensa en los ríos de sangre vertida por todos esos generales y emperadores, para que, en gloria y triunfo, pudieran convertirse en amos momentáneos de una fracción de un punto. Piensa en las interminables crueldades visitadas por los habitantes de una esquina de ese pixel para los apenas distinguibles habitantes de alguna otra esquina; lo frecuente de sus incomprensiones, lo ávidos de matarse unos a otros, lo ferviente de su odio. Nuestras posturas, nuestra imaginada auto-importancia, la ilusión de que tenemos una posición privilegiada en el Universo, son desafiadas por este punto de luz pálida.

Nuestro planeta es una mota solitaria de luz en la gran envolvente oscuridad cósmica. En nuestra oscuridad, en toda esta vastedad, no hay ni un indicio de que la ayuda llegará desde algún otro lugar para salvarnos de nosotros mismos”

Carl Sagan

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La Voyager 1 se desplaza hacia la heliopausa a una velocidad de 1.6 millones de kilómetros cada día. Aunque parezca un desplazamiento rápido, aún falta bastante tiempo para alcanzar ésta. Los responsables de la misión han calculado que sus baterías nucleares todavía podrían hallarse en aceptable funcionamiento en el año 2020. De este modo, alcanzar la heliopausa antes de esta fecha depende de cuán lejos esta frontera se encuentre: las estimaciones recientes dan un tiempo de llegada para la sonda algo dispar: entre 7 y 21 años, debido a que no se conoce el tamaño exacto de la heliopausa. De hecho, la Voyager 1 ya ha comprobado que desde su posición actual el viento solar sufre un frenado debido a los efectos de las partículas interestelares que penetran a través de la heliopausa. Una predicción mucho más precisa de la situación de esta frontera se obtendrá cuando la sonda se encuentre con su zona de choque, el lugar en donde el viento solar comienza a apilarse contra la heliopausa. Se estima que dicho encuentro podría suceder dentro de unos tres años.

De todos modos, sea cual fuere el futuro de estas sondas, las Voyager han ganado un importante puesto en la historia de la exploración espacial gracias a la gran cantidad de estudios que han realizado, el buen número de impresionantes imágenes que nos han mostrado y en definitiva, gracias a la visión de nuestro sistema planetario que nos han ofrecido.

Las Voyager seguirían su camino, y eventualmente llegarían a las cercanías de alguna estrella. Para sacar provecho de ello, algunos científicos, entre los que se encontraban Carl Sagan, decidieron poner a bordo un disco de oro conteniendo un mensaje dirigido a la civilización que eventualmente las encontrase.

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Estos discos, que recibieron el nombre “Sound of Earth” (“Sonidos de la Tierra”, en español), son discos de gramófono, como los viejos “Long Play”, ya que era la tecnología disponible en la época

El mensaje tardará unos 74.500 años en alcanzar las proximidades de la estrella más cercana a nuestro sistema solar. Incluye una selección de sonidos que pueden oírse en la tierra, como el sonido del viento, las olas, truenos, canto de las ballenas y otros animales. Además se incluyo un saludo grabado en 55 idiomas diferentes, y un mensaje del entonces Secretario General de las Naciones Unidas.

Además se incluyeron a bordo 115 imágenes, más una de calibración, en las que mediante el lenguaje científico se explica la localización del Sistema Solar, cuales son las unidades de medida que empleamos, datos sobre la tierra, el cuerpo humano y la sociedad en general.

Es de suponer que alguna forma de vida avanzada que se tope con una de las Voyager pueda deducir que el disco no forma parte de la estructura o mecanismos de la nave. Sin embargo, no hay garantías de que sepan construir una maquina en la que reproducir los surcos del disco para transformarlos en sonidos, o interpretar las imágenes. Por ejemplo, la de la gimnasta que incluimos en este artículo puede hacerlos pensar que tenemos varios brazos, piernas y cabezas.

De todos modos, y como declaró en su momento el comité científico refiriéndose al disco, “su objetivo principal no es el ser descifrado, sino que el hecho de su simple existencia pone de manifiesto la existencia de los humanos, así como sus esfuerzos por contactar a otras especies inteligentes que pudiesen existir fuera del Sistema Solar”.

El 15 de agosto de 2006 la sonda Voyager 1 alcanzó la distancia de 100 UA (“Unidades Astronómicas”, la distancia de la tierra al Sol), esto es, se encuentra a más de 15.000 millones de km del Sol.

Al disponer de generadores eléctricos nucleares, se supone que sigan enviando datos al menos hasta el 2030. Debido a problemas de presupuesto, en la actualidad la misión está controlada por sólo 10 científicos, y podría ser abandonado en un futuro próximo, dejando a las Voyager seguir su camino sin que haya nadie que las escuche.

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Desde la tierra hasta el borde del sistema solar, donde se encuentra la sonda Voyer 2, la comunicación tarda más de 12 horas tiempo en que se reciben las imágenes que envía en su ruta espacial

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