Palenque el Astronauta

Jorge Mier y mi esposa María Teresa… Al fondo: Templo de las Inscripciones de Palenque donde se halla el astronauta

El “astronauta” de Palenque es, sin lugar a dudas, la piedra Rosetta de la arqueoastronomía, cuya proyección publicitaria debemos a Erich Von Daniken, cuyos postulados se encarga aún hoy de diseminar eficazmente el prolífico Zechariah Sitchin. En resumen, la arqueoastronomía, o tesis de los antiguos astronautas que visitaron el planeta tierra, arguye que desde la época lacustre los extraterrestres nos visitan; es más, son quienes fundaron en el pasado nuestras más prósperas civilizaciones, que aún nos deslumbran con sus misterios. Según sus postulados y seguidores, los extraterrestres son nuestros antepasados, nuestros ancestros, los dioses que adoraron los antiguos pobladores del mundo antiguo; y en definitiva, estos viajeros del espacio son nuestros verdaderos padres.

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En Palenque encontrarían los profetas de la arqueoastronomía su piedra fundamental, la llamada Losa de Pakal que causa asombro entre los arqueólogos, en un vano intento de explicar una simbología que semeja una nave espacial tripulada por el rey Pakal.

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Palenque es una ciudad maya, ubicada en el actual estado mexicano de Chiapas, bañada por el río Motiepa. Uno de los enclaves más espectaculares de la cultura maya. Es menor que Tikal o Copán, a las que supera sin embargo en el esplendor de su conjunto arquitectónico y escultórico. La ciudad ya estaba abandonada cuando tuvo lugar la Conquista de México en el siglo XVI… ¿Qué pasó con sus habitantes? en un misterio.

La primera visita de un europeo a Palenque fue la de Fray Pedro Lorenzo de la Nada en 1567. De este conjunto monumental y de sus grabados en piedra y estuco se edito en 1787 un libro, algunas de cuyas ilustraciones hemos encontrado gracias a los artífices de Odisea 2008.

En 1949 tuvo lugar el hallazgo de un templo, y se logró acceder a la tumba del señor Pakal, al pie de una gran escalera. El descubrimiento se debió al arqueólogo Alberto Ruz Lhuilliera, que tras un largo período de excavaciones y estudios encontraría la losa que sellaba la impresionante cámara funeraria que contenía esta Lápida de Palenque, cubriendo el sarcófago donde yacía el cadáver del caudillo Pakal.

Dibujo de la lápida hallada en Palenque.

El célebre “astronauta” del Palenque, conocido también como el señor Pakal, vestigio de la civilización maya y Pîedra Rosetta de la astroarqueología

Según Von Daniken y los otros profetas de la astroarqueología, expertos de la NASA encontraron tras un análisis de la imagen representada en la lápida de Palenque hasta dieciseis puntos de coincidencia con el módulo de mando de una cápsula espacial contemporánea. No cabe duda de que la imagen esculpida es la representación de un astronauta dentro de un módulo espacial fuera de la atracción de la atmósfera terrestre. Por contra, lo que la escena de la losa de Palenque representa, según la tesis arqueológica oficial, es a Pacal, con todos los símbolos ligados a la resurreción y la eternidad (el pájaro Quetztal, la serpiente, todos ellos asociados a la muerte y resurrección) sufriendo un proceso de transformación (metamorfosis) y emergiendo con los atributos del Dios del maíz o las plantas; que participa de un simbolismo similar al del Árbol de la vida. El próximo vídeo recrea el momento en que fue descubierta la enigmática lápida de Palenque:

La historia del enigmático astronauta de Palenque, objeto de la imaginación portentosa de los adalides del paleocontacto, eficaz y admirablemente contada por nuestro entrañable e  inolvidable Doctor Jiménez del Oso, embajador elegante y pelín escéptico de la astroarqueología y sus misterios en nuestra dorada infancia, según un vídeo que ha sido preparado por Jorge Mier Hoffman, estudioso de la arqueoastronomía:

En 1949 el arqueólogo Alberto Ruz de L’Huiller descubrió en un templo centroamericano una escalera de cuarenta y cinco escalones al final de la cual había un sello oculto que daba a una gran piedra triangular.

Observó entonces una zona rellena de pedruscos y cal, que al abrirla daba acceso a una espaciosa cámara. La cripta contenía una gigantesca lápida tapando el sarcófago donde yacía el después denominado señor de Pakal.

Esta lapida tenía unas medidas de 3,80 metros de largo, 2,20 metros de ancho y un espesor de 25 centímetros, con un peso aproximado de 5 toneladas. Custodiaba el citado cadáver que medía 1,70 metros de altura y mantenía la cabeza protegida con una mascarilla de jade, lamentablemente rota.

A partir de aquí comenzaron las especulaciones más peregrinas sobre la figura en relieve que aparecía en la lápida. De ella se ha dicho que reproduce la figura de un hombre con atuendo maya, en una posición semiacostada en una especie de silla con cinturón de seguridad y con los pies apoyados en unos pedales y controles al frente y una gran cantidad de tornillos, resortes, caños, tableros y palancas de mando. También, que en 1969 la NASA encontró 16 puntos coincidentes entre el dibujo de la lápida y el módulo de mando de una cápsula espacial contemporánea.

Entre estas coincidencias resultaría que:

- En la nariz de Pakal se puede observar una especie de aparato que serviría como respirador y cumpliría la función del casco de un astronauta.

- En la parte delantera se identifica un salpicadero de mandos con botones y palancas.

- El cabello de este personaje se mantendría ingrávido, como el de un astronauta sin el casco.

- En la parte trasera de su vehículo se distinguen claramente las llamas producidas por las toberas de la nave.

¿Qué hay de cierto en todas estas especulaciones? En el programa de Dimensión Insólita del 26 de Febrero de 2010 contamos toda la verdad acerca de uno de los tópicos del misterio más veces repetidos y publicados.

El primer paso sería localizar otras composiciones iconográficas similares que estén en el mismo lugar de Palenque, pero que no sean sospechosas ni evoquen a ninguna astronave.

 
 
 
 
 
 
Se trata de dos Tableros con la Cruz foliada de Palenque, donde aparece relatado el nacimiento de la primera pareja divina. El Primer Padre llamado Hun-Nal Yel “Uno-maíz-revelado” nació en una fecha que equivale al 16 de junio de 3122 a.C. La Primera Madre nació 540 días después. A los seis años tuvo lugar la creación. Según las inscripciones que acompañan la imagen se hizo visible la imagen del Cielo Acostado, el Primer Lugar de las Tres Piedras. Más tarde, Hun Nal Yel entró o se convirtió en el cielo. De este modo, el Primer Padre separó el cielo de la tierra, quedando el Árbol del Mundo, el Wak Chan, en el centro de ambas divinidades como puede identificarse claramente en ilustración. A partir de aquí comenzó el Orden espacial y temporal del Cosmos. Ese árbol primigenio fue esquematizado como una cruz que nacía del Mostruo de la Tierra y que tenía los brazos formados por dos serpientes bicéfalas que representan al dragón. Todo el conjunto acababa coronado por el pájaro celestial Itzamnaaj.
 
Hasta aquí una interpretación mitológica de lo más convencional, sin asomo de pilotos ni extraterrestres. Eso sí con el atractivo que ofrecen siempre este tipo de creencias precolombinas.
 
Ahora aislemos del conjunto a uno de los ejes centrales o Árbol del Mundo.
 
 
Y pongamos al presunto “astronauta de Palenque” o señor de Pacal en la posición correcta para realizar su lectura. Es decir, en vertical y con el personaje mirando a las alturas.
 
 
 
 
Finalmente, pongamos una imagen al lado de la otra y busquemos las coincidencias más evidentes.
 
 
 
La interpretación final de la lápida de Palenque ahora cobra pleno sentido. Estamos ante la caída del señor de Pacal al inframundo y a la vida después de la muerte. El análisis ofrecido por Dorsinfang-Smets en su obra de, nada menos, que el año 1964, L’Amerique précolombienne, no da pie a muchas dudas interestelares:
 
Un hombre con rostro grave y sereno cubierto de joyas descansa, con el torso inclinado hacia atrás, en un altar formado por una máscara del mostruo de la tierra. Detrás de él o con más probabilidad de su propio cuerpo, surge el arbol de vida cruciforme. Este sacrificado, con el pecho abierto del que sale bien un símbolo cruciforme, bien un inmenso grano de maíz que germina, lo encontramos en los manuscritos y en las estelas. Tenemos también en este caso la evocación del credo habitual: la víctima da su vida para que exista la vida. En los brazos de la cruz ondulan dos cabezas y de sus mandíbulas salen figuras mitológicas. Y coronando el conjunto, el quetzal.
 
Tres buenas coincidencias bastan, por tanto, para desenmascarar el misterio. De las 16 formuladas por la Nasa ni rastro. Me pregunto si en ese presunto estudio realizado por la Agencia estadounidense, también se midieron el número de puntos que no coincidían con el módulo de mando de una nave aeroespacial. Sospecho que serían casi incontables.
 
Puede verse en este enlace una explicación más detallada y en clave cultural maya de esta lápida:
http://www.mayadiscovery.com/ing/archaeology/palenque/tomb/

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