CHAN CHAN – Ciudad Paranormal

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Autor del Blog: Jorge Mier Hoffman en Machupicchu

 Vino del mar, no se sabe de dónde, en una flota de balsas, con toda su corte y guerreros, llegó a la costa norte de lo que hoy es el Perú, en el valle de Moche y fundó un reino. Su nombre era Tacaynamo y fue el primer soberano de Chan Chan, la ciudad más importante de Chimú. Tuvo un hijo llamado Guacricaur, y éste, uno al que llamó Ñancempinco. Fueron diez los reyes de esta dinastía . El último, Minchancaman fue derrotado por los Incas, quienes destruyeron la ciudad y dividieron al reyno. Así cuenta la leyenda de Tacaynamo, recogida en el documento “Historia Anónima” escrita en 1604 por algún cronista español, que narra la fundación de Chan Chan y del reino de Chimor.

Chan Chan se ubica en el valle de Moche, frente al mar, a mitad de camino entre el balneario de Huanchaco y la ciudad de Trujillo, capital del departamento de La Libertad en la costa norte del Perú El sitio arqueológico cubre un área aproximada de 20 kilómetros cuadrados. La zona central esta formada por un conjunto de 10 recintos amurallados (llamados “ciudadelas”) y otras pirámides solitarias. Este conjunto central, cubre un área de 6 kilómetros cuadrados, aproximadamente. El resto, está formado por una multitud de pequeñas estructuras mal conservadas, veredas, canales, murallas y cementerios.

mapa de ubicación

Un Artículo del Libro “El Código Maya y los Siete Estigmas” de su Autor Jorge Mier Hoffman, basado en el misterioso legado maya, sus  enigmas y códigos que marcan el destino de la humanidad en su pasado y futuro.

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Antecedentes

Desde fines del intermedio temprano (600 d.C.), y comienzos del horizonte medio (700 d.C.) -fase Moche V- en la costa norte del Perú, surgen nuevos modelos de ciudades, donde la estructura principal no será únicamente una pirámide ceremonial, sino una gran cantidad de cuartos y edificios cercados por grandes muros (“canchones”), que acompañan a ésta como la parte más importante del asentamiento. Un ejemplo de esto lo tenemos en las urbes Moche V de Pampa Grande, en el cercano valle de Lambayeque y Galindo, en el mismo valle de Moche. Lejos de las diferencias formales, en ambos, se pueden notar la importancia que tienen los grandes recintos amurallados, que albergan edificios dedicados a funciones administrativas, y por supuesto, ceremoniales. Otro ejemplo, lejano físicamente, pero contemporáneo, son las ciudades de Cajamarquilla y Pachacamac en la Costa Central (ambos, próximos a Lima).

Por su gran volumen y su antiguo prestigio de haber sido la capital de un importante y rico reino, Chan Chan ha estado presente en el interés de los viajeros e investigadores desde hace siglos. Sin embargo, hay que hacer notar que las menciones y referencias de este sitio en los documentos más antiguos, después de la conquista española, son escasos, o se refieren a él como una ruina. Es por eso que se postula, que tras la conquista Inca, Chan Chan (en un tiempo, rival del Cusco) fue saqueada y destruida (aproximadamente en el año 1470) y cuando llegó Pizarro (1532) esta ciudad era sólo un pálido reflejo de su viejo esplendor, habitado por pocas personas de escasa importancia política y económica.

Foto aerea de Chan Chan

Vista aérea de una de algunas de las ciudadelas de Chan Chan

Durante la época del virreinato (1532 – 1821) Chan Chan fue objeto de múltiples sequeos y destrucciones, pues existía la creencia que entre sus muros y pirámides estaba escondido un gran tesoro en piezas de oro y plata. Y aunque no hay datos oficiales que lo respalden, existe la leyenda de que varias fortunas se originaron de esa manera. Recién en el siglo XIX, con el renacer de las ciencias, esta ciudad fue estudiada con interés académico, viajeros como Rivero, Tshudi, Hutchinson, Middendorf y Bandelier la dibujaron, mapearon y describieron, preguntándose por su origen y cómo habría sido la vida las personas que poblaron Chan Chan. El siglo XX inaugura a la arqueología como ciencia, y los arqueólogos la hacen una de las principales fuentes de conocimiento del pasado peruano. Destacan las investigaciones de Bennet, Schaedel, Willey, Kosos, West, Mosley y Mackey.

Descripción

El núcleo de Chan Chan está formado por 10 “ciudadelas”, llamadas así por ser grandes recintos cercados (“canchones”), en cuyo interior albergan muchas estructuras menores, asemejando pequeñas ciudades amuralladas, de los cuales 9 tienen muchas características comunes. Vistos desde el norte y el sentido de las agujas del reloj han sido bautizadas como Squier, Gran Chimú, Bandelier, Uhle, Chayhuac, Tschudi, Rivero, Laberinto, Tello y Velarde. Los nombres derivan, en la mayoría de ellos, de viajeros e investigadores que han fijado sus ojos y pensamientos en esta urbe prehispánica.Como ejemplo del tamaño de estas estructuras, mencionaremos a la ciudadela Rivero, que ocupa un área de 8,7 hectáreas, o Gran Chimú (la más grande) con 22,1 hectáreas. Las demás, tienen un promedio de 14 hectáreas.

La forma como esta organizada Chan Chan refleja que existió una fuerte estratificación, con clases sociales distintas ocupando diferentes áreas y edificios propios a su condición económica. Las ciudadelas, por ejemplo, están protegidas por altas murallas y tienen un solo acceso, facilitando el control de los que ingresaban y salían.

Además del área nuclear, podemos distinguir en la organización de Chan Chan otras 2 zonas de importancia: Al sur y oeste de las ciudadelas, conjuntos de construcciones menores, aglutinadas, llamadas “barrios marginales” y “complejos arquitectónicos de elite”, finalmente, una serie de estructuras dispersas como depósitos, caminos, pirámides, caminos, cementerios, acequias, huertos hundidos (“huachaques”) y diques.

Audiencia en Chan Chan

Las ciudadelas, como ya se dijo, son diez, y es de notar que, al menos nueve de ellas (salvo la llamada Tello), compartan características formales, como:

  • Son áreas cercadas de forma rectangular.
  • Tienen orientación norte / sur.
  • Están divididos en tres sectores.
  • Es notable un alto grado de planificación en su construcción.
  • Acceso principal ubicado al norte.
  • Compartir una similar zonificación al interior de las ciudadelas.
  • La presencia de plazas, audiencias, depósitos, plataforma funeraria y pozos.

Al interior, su organización está dada por 3 sectores: norte, central y sur. El sector norte es una plaza o patio con banquetas (muros bajos que pueden ser usados para sentarse) en su perímetro, con un acceso hacia el sur, al que se llega subiendo por una pequeña rampa. Este acceso conduce a las “audiencias” y los depósitos. Esta llamadas audiencias, son construcciones que vista desde arriba (vista en planta) tienen forma de “U” y que debieron albergar a un funcionario.

Chan Chan en 3d

En el sector central se pueden encontrar la mayor concentración de construcciones dedicadas al almacenamiento de productos. Además se encuentra la “Plataforma Funeraria”, pequeña pirámide trunca de baja altura, al interior de la cuál estuvo enterrado el Señor principal de cada una de las ciudadelas. La mayoría de estas plataformas fue saqueada en los primeros años de la conquista española (1532), aunque es posible que tal destrucción haya empezado antes, inmediatamente después de la conquista Inca.

El sector sur, es en apariencia, un cercado libre de construcciones, pero que, gracias a las excavaciones arqueológicas, sabemos que allí existieron estructuras hechas en materiales perecederos, que evidencias actividades domésticas. Esta zona, fue el área de residencia, donde se ubicaron la cocina y los dormitorios. Seguramente por eso, es aquí donde se ubica el pozo de agua que abasteció del líquido elemento a todos los habitantes de la ciudadela.

Chan Chan

Ingreso Principal a la Plaza Ceremonial de la ciudadela de Tschudi. Restaurada.

Los Complejos Arquitectónicos de Elite se ubican fuera de las ciudadelas. Son recintos construidos en adobe con paredes y esquinas rectas (planto ortogonal), que se encuentran en una gran variedad de formas y muy diferentes entre sí en cuanto al tamaño y calidad de sus construcciones. Sin embargo, comparten una constante: repiten algunas características propias de las ciudadelas, como son patios, audiencias, depósitos, pozos de agua, orientación y distribución interna.Estos edificios no sirvieron únicamente como residencias, sino, también a una vasta gama de actividades relacionadas con la administración. Los habitantes de estos complejos debieron realizar actividades semejantes o relacionadas con dueños de las ciudadelas, aunque, con mucha menos importancia política y económica.

Se ha considerado a Chan Chan como una ciudad compuesta sólo por edificios monumentales y grandes templos, pero, se ha identificado una gran cantidad de viviendas de pobre construcción, a manera de barrios marginales. John Topic es un arqueólogo norteamericano que estudió estas estructuras, y llegó a la conclusión que estos barrios formaban una sola clase social. Se ubican en la periferia de la ciudad (al sur y al oeste). Difieren completamente, en cuanto a sus características, de las ciudadelas y de los complejos arquitectónicos de élite. Son construcciones que presentan una fuerte aglomeración y sin orden aparente o planificación.

Chan Chan

Patio que por su ubicación está relacionado con la zona de almacenes en la ciudadela Tschudi

Están hechos con muros de canto rodado de 50 centímetros de alto, que sirven de base para paredes de quincha (caña con barro), con techos del mismo material, soportados por horcones de madera. Al interior se han descubierto evidencias de actividades domésticas, como fogones, batanes y cerámica utilitaria. Pero ésta no fue la única ocupación de sus moradores. También se dedicaron a la manufactura de textiles, madera, orfebrería y platería. La evidencia en este sentido es tan importante, que se puede afirmar que la mayor parte de la población de esos barrios se dedicó a esas actividades.

El abastecimiento de agua en Chan Chan se realizó a través de más de 140 pozos, donde el 60% estuvo en la zona monumental (ciudadelas), y 12% en los barrios residenciales (de élite y marginales), no obstante que allí moraba más del 90% de la población total.

Chan Chan

Calle en la Ciudadela Tschudi de Chan Chan

Arquitectura.

Para construir esta ciudad se utilizaron materiales propios de la región. Las ciudadelas fueron construidas usando muros de adobe sobre cimientos de piedra unidos con barro, más anchos en la base y angostos en la cima.. Para construir pisos, rellenos de paredes, rampas y plataformas, se emplearon adobes rotos, junto con tierra, piedras y otros desechos. La madera se usó para hacer postes, columnas y dinteles. También se usó la caña el carrizo y la estera. Los techos fueron confeccionados entretejiendo atados de paja.

Uno de los detalles que más admiran los actuales visitantes es la gran belleza, variedad y cantidad de muros decorados con altorrelieves. Estos fueron hechos con moldes y decoraron las paredes de patios, audiencias y corredores, al interior de las ciudadelas. Los motivos decorativos más comunes fueron las combinaciones geométricas, pero también son comunes las representaciones de peces y aves.

Para el arqueólogo Kolata, Chan Chan no se construyó en un solo momento, y en base al estudio de los adobe propone 3 momentos en la historia urbana de esta ciudad. La etapa uno, correspondería al núcleo original, formado por las ciudadelas Uhle y Chayhuac. Posteriormente creció hacia el oeste , con Tello y Laberinto, esta última, la primera en usar la división tripartita de su espacio interior. En la etapa dos se construyen Gran Chimú y las edificaciones de los sectores norte y oeste. La etapa 3 esta marcada por la construcción de las 5 ciudadelas restantes.

Le cabe a Chan Chan el dudoso honor de figurar en el gotha de lugares mágicos, uno de esos filones donde esoteristas y sacamuelas se buscan la vida (sirva, como botón de muestra, el libro de Marcel HometChan Chan, la misteriosa, publicado en una popular colección de ciencias ocultas). Desde luego, el aspecto de aquellas ruinas, declaradas por la Unesco Patrimonio de la Humanidad, presta alas a la fantasía. La ciudad de barro más grande de la América precolombina. Muros y tapiales pajizos que se extienden hasta ser enjugados por el horizonte, frisos de pájaros y peces estilizados, grecas y relieves geométricos, balaustres y rejillas que logran con el adobe friable la finura de un encaje: todo hace pensar que uno se encuentra en el corazón de la Mesopotamia bíblica, y no en un enclave precolombino a orillas del océano Pacífico.

Parece aquello un paraje asolado, castigado por alguna plaga divina. Y en cierto modo es así: primero fueron los saqueadores y buscadores de tesoros; durante la época del virreinato, el sitio fue destripado en la creencia de que bajo sus escombros se escondía un gran tesoro, plata y oro en abundancia, como cumplía con una capital que llegó a ser rival de Cuzco. Mucho más eficaz es el periódico saqueo de los aguaceros y el fenómeno meteorológico conocido como El Niño, que diluye los esfuerzos de arqueólogos y científicos.

Éstos no buscan arcanos ni tesoros, sino sacar a la luz algunas certezas sobre la cultura chimú, una de las más brillantes civilizaciones preincaicas. Un imperio (sensu lato) que se asentó en el valle del Moche, y llegó a controlar buena parte de la costa peruana, entre los siglos IX y XV. Un pueblo de expertos constructores que dominaban, además, técnicas agrícolas y de riego (con canales soterrados, para no perder agua) y sabían enfrentarse a las mareas y olas formidables del océano para obtener pesca. Una sociedad rígidamente estructurada cuyos artesanos dominaban la orfebrería y las artes textiles, como queda patente en el Museo de Sitio inaugurado hace ya más de una década, donde puede verse el utillaje agrícola, así como cerámicas, textiles y tallas de madera.

La capital de ese imperio, Chan Chan (en lengua chimú significa sol, sol), llegó a albergar a unos 60.000 habitantes, dispersos por un área de más de veinte kilómetros cuadrados. Lo que han sacado a la luz las excavaciones es una mínima parte. Lo más castigado por el tiempo y la erosión es precisamente la carnadura cotidiana, los barrios populares, talleres, almacenes, acequias y caminos. Lo que ha captado más la atención de los arqueólogos es, sin embargo, la parte noble o administrativa, algo peculiar de este asentamiento. Y es que cada rey o gobernante edificaba su propio recinto o palacio, unas ciudadelas que son ahora tantas como fueron los soberanos.

Los primeros planos

Según una historia anónima escrita en 1604 por algún cronista español sobre el origen del “reino de Chimor”, fueron 10 los reyes de la dinastía fundada por el mítico Tacaynamo, que habría llegado al litoral con sus guerreros sobre balsas de totora. Y son 10, en efecto, las ciudadelas detectadas en Chan Chan. Su tamaño medio es de unas catorce hectáreas, y han sido bautizadas con nombres de exploradores y estudiosos relacionados con el yacimiento. El suizo Johan von Tschudi, que publicó los primeros planos del lugar a mediados del siglo XIX, da nombre al palacio mejor restaurado, el único abierto a las visitas.

Es deslumbrante. Muros imponentes de tapial (canchones) cierran herméticamente el recinto, al que se accede por una única puerta. Una inmensa plaza ceremonial sirve de eje para un despliegue laberíntico de salas, pasadizos y otras plazuelas menores. Recientemente, se ha instalado una torre metálica que sirve de mirador para abarcar el conjunto. En un borde del reducto puede verse el huanchaque o reservorio de agua, cuyo uso no está claro: puede que fuera vivero de totora, lugar de culto o simple jardín; en todo el área urbana se han inventariado más de cien albercas como ésta.

Cuando el imperio chimú fue sometido por el inca Tupac Yupanqui, hacia 1470, Chan Chan fue saqueada y destruida. Al llegar los españoles, la población era una ruina prácticamente abandonada. Así que Diego de Almagro fundo en 1534, a una legua escasa de allí, una nueva población que llamó Trujillo, en honor a la patria chica del extremeño Francisco Pizarro.

Trujillo es actualmente una de las ciudades coloniales mejor preservadas de América. No sólo conserva la cuadrícula apenas intacta de edificios virreinales, en torno a la gran plaza de Armas; guarda sobre todo el aroma ingenuo y épico a la vez de aquellos días fundacionales. Aparte del interés colonial, están a un paso de Trujillo los restos de otra sociedad anterior a la chimú, la cultura moche o mochica; concretamente, las llamadas Pirámide del Sol (tan grande como la mayor de Egipto, sólo que en adobe) y Pirámide de la Luna, con relieves policromados y abierta a las visitas. A esa misma cultura moche pertenecen otras huacas o yacimientos, como la del Arco Iris o la del Brujo, en la que unas cordadas de prisioneros desnudos, formando un friso, hacen de nuevo pensar en la remota Mesopotamia.

Los caballitos de totora

Tanto en cerámicas moche como en algunos relieves de la ciudadela Velarde -otro de los 10 recintos de Chan Chan- aparecen representadas unas curiosas embarcaciones en forma de babucha. Son los famosos caballitos de totora, que siguen fabricándose en Huanchaco, la zona playera de Trujillo, a unos quince kilómetros del centro. Estas embarcaciones apenas han cambiado en varios miles de años. Se utilizaban para pescar, y están hechas con haces de juncos que llaman totora, un material efímero que obliga a desechar la barca después de cierto tiempo. El famoso explorador Thor Heyerdal pretendió demostrar que con balsas similares a éstas habrían llegado desde Perú a la isla de Pascua sus primeros colonos, tesis descartada por la comunidad científica.

Pero es cierto que tanto los chimú como los incas cifraban su origen en una leyenda, según la cual el fundador de su pueblo habría llegado misteriosamente en una balsa de totora desde las brumas del mar. Los caballitos de Huanchaco son la principal atracción de esta villa, donde el turismo no ha perdido los dientes de leche. Ningún mamotreto de hormigón a la vista, sólo surfistas algo chalados, pescadores, veraneantes en familia, devoradores de marisco, vendedores de chucherías y gente por el estilo. El tipo de lugar donde a cualquier afligido no le importaría perderse, al menos por un tiempo.

Vista Panorámica de una de las ciudadelas de Chan Chan cerca del Océano Pacífico.

El resultado de políticas de promoción turística de la “Ruta Moche”, dinamiza el flujo turístico hacia el norte del Peru, el cual según cifras oficiales va aumentando significativamente.  Y no solo son los peruanos los interesados en visitar los sitios arqueológicos, que son los atractivos de base de esta ruta, sino también, turistas extranjeros. La gestión de empresarios privados ha logrado que esta Ruta se posicione y que se convierta en la segunda, en ser visitada, a la tradicional ruta del sur (Lima, Arequipa, Cusco, Puno). Los Directores de los Proyectos arqueológicos de esta Ruta, son actores claves, pues paralelamente a la investigación científica de los sitios, han gestionado  las condiciones necesarias para la puesta en uso turístico (visita), salvo la gestión del único sitio que forma parte de la lista de patrimonios en riesgo de la  UNESCO: Chan Chan.

No voy a referirme a todo el Complejo arqueológico de Chan Chan, sino, a dos de los tres que están considerados como lugares turísticos: Nik An (ex Tschudi) y Arco Iris / El Dragón.

El complejo arqueológico Chan Chan desde que fue incluido en la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO motivo a nivel mundial y nacional el deseo de querer visitarlo, de conocerlo y ver in situ sus valores universales. Sin embargo, la falta de criterio técnico (a nivel turístico) la apertura al turismo de estos sitios le ha  generado problemas que ponen en riesgo su integridad.  Si bien ambos lugares cuentan con boletería, servicios higiénicos, servicio de guías de turismo y área de parqueo; se ha hecho poco o casi nada para garantizar la seguridad del visitante y el sitio arqueológico de ambos atractivos.

Nik An. Fue, sin duda, el atractivo turístico emblemático de la Región La Libertad. Pero desde que la gestión del Proyecto Huacas de Moche puso en uso turístico las áreas de visita de Huaca de La Luna (Cultura Moche), existe un sin sabor de los visitantes que llegan a Nik An después de haber visitado el sitio Moche. De lo que está expuesto a las visitas turísticas, más del 50% son reconstrucciones y replicas de las restauraciones; puesto que las replicas no son de lo que los especialistas han hallado, sino, de lo que suponen como habría sido. La ausencia de una Gestión turística y del patrimonio cultural han dado como resultado, que en los corredores internos, donde no hay vigilantes, individuos dejen sus desechos como si el sitio arqueológico fuese un basurero abierto. Nosotros, los guías de turismo, tenemos muchas veces, que hacer el papel de vigilante y estar llamando la atención a niños,  ciudadanos nacionales y extranjeros que su curiosidad los impulsa a ingresar a áreas restringidas al turismo.

El Dragón. Hace un par de años,  un video subido a internet, donde adolescentes de un colegio limeño, mostraba con total descaro su repudio al patrimonio cultural, se vanagloriaban  como ellos eran capaces de destrozarlo, imitando el acento de los invasores españoles. Este video mostro varias taras con respecto a la puesta en uso turístico de nuestro patrimonio arqueológico:

Primero, que no existe una restricción de ingreso al atractivo sin guía de turismo.

Segundo, que la Dirección Regional de Patrimonio no gestiona la preservación del patrimonio arqueológico.

Tercero, que si los adolescentes no habrían subido el video a internet, NUNCA, la Dirección Regional de Cultura se habría percatado del acto vandálico. ¿Cuántos otros actos vandálicos han sucedido y que las autoridades no lo saben porque no hay video en youtube? Y OJO, las condiciones de “seguridad” del sitio arqueológico “Arco Iris – El Dragón”, son las mismas que cuando se dio el atentado.

Frente a esta problemática constante de ambos sitios arqueológicos, humildemente sugiero lo siguiente.

–          Que las autoridades responsables de la preservación del patrimonio arqueológico cumplan su función.

–          Cumplir las normas que la UNESCO exige a los sitios inscritos en la lista mundial.

–          Gestionar con especialistas políticas de puesta en valor de uso turístico del patrimonio arqueológico.
–    Coordinar con las Escuelas de Turismo de las Universidades locales.

–          Restringir el acceso sin guía de turismo, mientras que el sitio arqueológico no garantice – mediante vigilantes-  la seguridad de la integridad del sitio.

Se espera que la Municipalidad Distrital de Huanchaco, La Dirección Regional de Cultura de la Libertad, la Dirección Regional de Turismo y la Dirección del Proyecto Especial de Chan Chan se pongan de acuerdo  y trabajen; dinero hay, así que no hay pretextos para preservar de forma conjunta a nuestro patrimonio arqueológico


Una respuesta to “CHAN CHAN – Ciudad Paranormal”

  1. maravilloso! que gran pagina, excelente para mi actividad de teorías urbanas

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