COMPUTADORA – GRIEGOS

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Autor del Blog: Jorge Mier Hoffman en Machupicchu

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ENIAC (Electronic Numerical Integrator and Computer) fue el primer computar electrónico que alguna vez fue construido.

La ENIAC fue construida en la Universidad de Pensilvania por John Presper Eckert y John William Mauchly, ocupaba una superficie de 167 y operaba con un total de 17 468 válvulas electrónicas o tubos de vacío que a su vez permitían realizar cerca de 5000 sumas y 300 multiplicaciones por segundo. Físicamente, la ENIAC tenía 17 468 tubos de vacío, 7200 diodos de cristal, 1500 relés, 70 000 resistencias, 10 000 condensadores y cinco millones de soldaduras. Pesaba 27 Toneladas, medía 2,4 m x 0,9 m x 30 m; utilizaba 1500 conmutadores electromagnéticos y relés; requería la operación manual de unos 6000 interruptores, y su programa o software, cuando requería modificaciones, demoraba semanas de instalación manual.

La ENIAC elevaba la temperatura del local a 50 °C. Para efectuar las diferentes operaciones era preciso cambiar, conectar y reconectar los cables como se hacía, en esa época, en las centrales telefónicas, de allí el concepto. Este trabajo podía demorar varios días dependiendo del cálculo a realizar.

Uno de los mitos que rodea a este aparato es que la ciudad de Filadelfia, donde se encontraba instalada, sufría de apagones cuando la ENIAC entraba en funcionamiento, pues su consumo era de 160 kW.

A las 23:45 del 2 de octubre de 1955, la ENIAC fue desactivada para siempre. De allí la importancia de conocer las computadoras incas, maya, griegas y egipcias que ya existían hace miles de años, como si una civilización, ya desaparecida, evolucionó más allá de la era moderna de las computadoras a partir de 1955.

Anticitera

El mecanismo de Anticitera es una calculadora mecánica antigua diseñada para prever la posición del Sol, la Luna, y algunos planetas, que permitía predecir eclipses. Consiste en un conjunto de engranajes de ruedas dentadas de bronce con signos e inscripciones astronómicas en griego antiguo, dialecto corintio-siracusano. Fue descubierto entre los restos de un naufragio cerca de la isla griega de Anticitera, entre Citera y Creta, y se cree que data del 205 a. C.

El primer ordenador del mundo

Es uno de los primeros mecanismos de engranajes conocido, y se diseñó para seguir el movimiento de los cuerpos celestes. De acuerdo con las reconstrucciones realizadas, se trata de un mecanismo que usa engranajes diferenciales, lo cual es sorprendente dado que los primeros casos conocidos hasta su descubrimiento datan del siglo XVI. De acuerdo con los estudios iniciales llevados a cabo por el historiador Derek J. de Solla Price (19221983), el dispositivo era una computadora astronómica capaz de predecir las posiciones del Sol y de la Luna en el zodíaco, aunque estudios posteriores sugieren que el dispositivo era bastante más “inteligente”.

Empleando técnicas de tomografía lineal, Michael Wright, especialista en ingeniería mecánica del Museo de Ciencia de Londres, ha realizado aportaciones al estudio del artefacto. Wright ha encontrado pruebas de que el mecanismo de Anticitera podía reproducir los movimientos del Sol y la Luna con exactitud, empleando un modelo epicíclico ideado por Hiparco, y de planetas como Mercurio y Venus, empleando un modelo también epicíclico derivado de Apolonio de Pergamo.

En 1900 un grupo de buzos descubrió casualmente un barco naufragado a unos 40 metros de profundidad frente a las costas de la isla griega de Antiquitera. Sacaron muchos objetos del casco, como estatuas y otros objetos de arte, pero también un mecanismo de engranajes bastante deteriorado. A primera vista, los científicos no fueron capaces de determinar cuál había sido su función. Hasta la década de 1950 no se dieron cuenta de que podría tratarse de una computadora analógica primitiva.

La máquina o “mecanismo” de Antiquitera consta de varias ruedas de bronce unidas por un engranaje. Dichas ruedas están provistas de surcos y caracteres que sugieren un instrumento astronómico. En 1902, el arqueólogo griego Spyridon Stais ya había reparado en ello, sin embargo, el mecanismo estaba roto en 4 partes cuando fue hallado por los buzos, y por eso no se le prestó demasiada atención. Los restos del naufragio hacen suponer que el barco debió de hundirse alrededor del año 82 a.C. Se cree que el mecanismo data aproximadamente de la misma época.

Derek de Solla Price, catedrático de la historia de la ciencia de la Universidad de Yale rescató el mecanismo del olvido en la década de 1950. En 1955 redactó su primer informe al respecto, aunque el artículo que daba a conocer el aparato al público en general no fue publicado hasta 1959. En él, Price describía la estructura del instrumento y llegaba a la conclusión de que había sido utilizado para realizar cálculos astronómicos. Eso era necesario en el mar para determinar la posición del barco y navegar. El instrumento permitía calcular tanto el movimiento de los planetas como determinadas fechas a lo largo del año, por ejemplo, los equinoccios (todo ello era posible gracias a que el mecanismo estaba provisto de un “diferencial”. La parte del diferencial en su forma actual no fue inscrita hasta el año 1828, y tan sólo existe un modelo anterior y que nunca se llevó a la práctica, obra de Leonardo da Vinci).

Derek de Solla Price

A partir de la década de 1970, las investigaciones acerca de la máquina avanzaron mucho, pero recién a mediados de los años 90, y gracias a los análisis radiológicos, fue posible crear una copia exacta y funcional. En el 2002 se construyó otra unidad basada en resultados de las investigaciones, y en el 2006 la revista Nature publicó los resultados de una cuidadosa investigación por parte de un equipo internacional promovido por el gobierno heleno, el cual, en resumidas cuentas, nos desvela que la calculadora astronómica resulta ser más de lo que se creía por unos -menos de lo que se afirmaba por otros-, pero nos muestra que el conocimiento astronómico en el primer siglo antes de nuestra Era, y sobre todo las tecnologías para realizar complejos sistemas de ruedas dentadas, era bastante operativo. Solemos pensar que “las cosas de los antiguos” son, necesariamente, atrasadas. No siempre, y esta maquinita lo demuestra. Ya cuando los pescadores de esponjas de Antiquitera descubrieron en 1900 los restos de un barco hundido, es decir, en el mismo comienzo de la historia del hallazgo del mecanismo, se vio la importancia de todo. En el Museo Nacional de Arqueología de Atenas, la máquina y los restos del barco son una de las joyas. Los relatos sobre Elías Stadiatos, el buceador que encontró la máquina, o sobre Dimitrios Kondos, abundan en el imaginario popular y hasta hubo una época en que todo joven, y no tanto, de las islas griegas soñaba con encontrar, buceando, los restos de algún barco, templo o incluso una civilización perdida.

EL MECANISMO DE ANTICITERA

Que la historia da para un libro, o para una serie al mejor estilo Lost, es más que obvio. Sobre todo porque esta historia fue tomada al asalto por los “investigadores de lo oculto y paranormal”, subgrupo humano especializado en tomar cualquier misterio inexplicado y convertirlo en inexplicable, o sea, lugar donde uno puede colocar la pseudoteoría más descabellada con total impunidad.

No es nada raro, entonces, que la máquina de Antiquitera se convirtiera en la mimada de quienes querían ver en las culturas que nos antecedieron artefactos y conocimientos que, simplemente, no podrían haber sido desarrollado solos. Quiero decir, sin ayuda externa. Quiero decir, por supuesto, sin la ayuda de los E.T que le echaron una mano a los egipcios constructores de pirámides, a los nazca diseñadores de líneas en el Perú, y un largo etcétera (la popularización de esta versión alienígena de la historia vino de la mano del hotelero, charlatán y best seller Erich von Däniken. Sí, el mismo que una corte de Suiza encontró culpable de malversación, falsificación y fraude, sentenciándolo a 3 años y medio de prisión…digamos que esta experiencia en el engaño sería, posteriormente, invaluable en su carrera literaria).

En fin, si hay algo que nos deja bien en claro este primer planetario del mundo es que los conocimientos necesarios para hacer la máquina, y las tecnologías precisas para llevarla a cabo, existían ya en la Grecia del primer siglo a.C. y que, desde ya, no les hizo falta llamar a los alienígenas para inventar algo así.

El hallazgo de un extraño objeto entre los restos de un antiguo buque romano revolucionó el concepto sobre cuán sofisticada fue la tecnología antigua

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Por delante y por detrás

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El mecanismo Antikythera, fabricado en la Antigua Grecia, es considerado el computador mecánico más antiguo del mundo; un complejo artilugio de dientes y engranajes que se creía inventado durante la Edad Media. Desde su descubrimiento, expertos internacionales de la Universidad de Yale, en Estados Unidos, tratan de descifrar los secretos de este enigmático aparato. Pero un hombre lleva más de tres décadas haciéndolo en solitario: el físico e historiador británico Michael Wright.

OOPARTS: El Enigma de la Máquina de Antikythera

La dinámica celeste

Wright empezó a estudiar el artefacto griego en 1974 y su búsqueda todavía continúa.

Ex curador del Museo de la Ciencia de Londres, Wright fabricó una réplica del Antikythera que colocó en un taller de su jardín de Hammersmith, en Londres.

Está convencido de que el aparato se creó para calcular los movimientos planetarios, empleando una deslumbrante matemática y una matriz compuesta por 30 dientes mecánicos.

“La gente se preocupaba por la dinámica de los cielos”, explica Wright, “querían entender el cielo. Mucha gente analizaba su horóscopo y querían saber dónde estaban posicionados el Sol y la Luna cuando nacieron. Incluso podría tener un fin filosófico: ‘puedo usar la máquina para controlar el cielo. ¿Es así como lo hacen los dioses?’”

Michael Wright

Michael Wright lleva más de 30 años tratando de descifrar los secretos del Antikythera

Antecedentes

Cuando Wright inició su investigación, el único que había publicado un trabajo al respecto era Derek Price de la Universidad de Yale.

Price sugirió que funcionaba introduciendo fechas en el aparato para obtener información sobre cuerpos celestes.

“Al principio parecía que Price había solucionado el problema”, recuerda Wright, “pero cuando miré otra vez vi que los cálculos no funcionaban”.

Derek Price no puede defender su trabajo, ya que murió en 1983, pero Wright asegura que hay un elemento crucial de su investigación que no cuadra, y es el que señalaba que los engranajes tenían 128 dientes, cuando en realidad tenían 127.

Esto significa, explica Wright, que la posición de la luna variaba unos pocos grados cada año. “Es un 0,8% impreciso”, apunta. “Puede que no suene a mucho pero si lo multiplicas causa grandes problemas”.

“Es como un reloj, sólo un pequeño margen de error y empiezas a perder trenes”, dice a modo de ejemplo.

El reloj bizantino

A partir de ahí, Wright continuó la tarea de desvelar cómo funcionaba elAntikythera, trabajo que recibió un renovado impulso en 1983, al descubrir el segundo objeto más antiguo de características similares: un reloj de sol bizantino del siglo VI.

Sorprendentemente, el hombre que trajo este objeto al Museo de la Ciencia de Londres dijo haberlo comprado a un mercader callejero en Líbano.

Según explicó Wright, tras analizar este reloj de sol volvió a estudiar el Antikythera. “Quería saber si podía resolver el misterio”.

Estima que ha invertido más de 1.000 horas en el proyecto, trabajando día y noche con el experto australiano Allan Bromley.

Wright aprendió radiografía y a manejar su propio aparato de rayos X para analizar en profundidad el mecanismo.

“Estábamos seguros de que podíamos hallar nuevos datos”, dice.

Terminaron tomando unas 700 radiografías del aparato, que fueron llevadas a Sydney, en Australia. Pero Bromley desarrolló un cáncer terminal.

“Sabía que Bromley estaba muriendo lentamente, pero él lo negaba. Necesitaba recuperar los datos, pero tuve que esperar hasta que admitió que no le quedaba mucho tiempo”, explica.

“Cuando los conseguí, fui capaz de contrastar todas las teorías que se cruzaban mi mente”.

El enigma heleno

Wright está convencido que la parte frontal del objeto es un planetarium, con un asa para cada uno de los cinco planetas conocidos por los astrónomos de la Antigua Grecia, moviéndose en el círculo del Zodíaco.

Uno de los grandes retos que enfrentaron sus antiguos diseñadores, dice Wright, fue que los planetas, que usualmente se mueven de oeste a este durante la noche, en algún momento se paran y regresan en dirección contraria.

“Este movimiento en zigzag intrigaba a los griegos”, explica, “pero se dieron cuenta de que se podía reproducir si tienes un circulo montado sobre otro círculo”.

“Me fui metiendo en la mente de un mecánico heleno. Trataban de recrear un movimiento particular y lo hicieron de una forma muy bella”.

Paralelamente al trabajo de Wright, otro grupo de historiadores, matemáticos y astrónomos también se metieron de lleno en la reconstrucción del Antikythera.

Antikythera

Historiadores y expertos han tratado de reconstruir el Antikythera mediante el uso de imágenes de rayos X

Predicción de eclipses

“Nuestro modelo mostró por primera vez que el mecanismo incluía un ‘saros’, un sistema de predicción de eclipses, con funciones marcadamente sofisticadas”, afirma Tony Freeth, miembro del grupo.

“Nuestro modelo explicó que el engranaje en la parte trasera tenía dos funciones distintas, unas que ninguna de las investigaciones hechas desde su descubrimiento lograron detectar”

“Sobre todo, entendimos que las piezas identificadas por Wright reproducían el movimiento de la Luna de una forma sorprendente”

No obstante, tras un siglo de estudios realizados al Antikythera, todavía no se ha logrado explicar gran parte de los mecanismos que lo componen.

“La última palabra no ha sido dicha o escrita”, dice Wright, “quizás no será en nuestra generación. Puede que alguien logre ir más allá algún día”

Reconstruyen computadora griega de 2.000 años con Lego

El mecanismo de Anticitera es una máquina con más de 2.000 años de antigüedad usada por los griegos para predecir con sorprendente exactitud los eclipses solares y lunares (tenía un margen de error de apenas dos horas).

La maquinaria, basada en engranajes (como un reloj) y considerada por muchos la primera computadora del mundo, estuvo perdida desde la época antigua hasta 1901, cuando unos buzos la descubrieron en un barco hundido en las cercanías de la isla griega Anticitera. El complejo aparato fue luego investigado profundamente por muchos años tratando de entender de qué se trataba, hasta que se descubrió cuál era su propósito: predecir eclipses.

Andy Carol es conocido por su hobby de reconstruir computadores mecánicos usando piezas de Lego. El año pasado, el editor y productor de la revista científica Nature, Adam Rutheford, lo desafió a replicar el mecanismo de Anticitera – y cuando estuvo terminado, se creó el espectacular video de arriba que explica el funcionamiento de la máquina.

Esta no es la única réplica que se ha hecho de este mecanismo. En 2008 se creó la primera réplica (de la que hablamos aquí), que confirmó las teorías sobre para qué servía el equipo.

Enigmas del mundo | La Máquina De Antikitera

Misterioso artefacto antiguo. El Dodecaedro Romano


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