DISCOS DROPA – Legado Extraterrestre

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Autor del Blog: Jorge Mier Hoffman en Machupicchu

De acuerdo con la leyenda, una expedición que viajó hasta la región de Baian Kara Ula encontró varias tumbas en una cueva casi inaccesible en la cual yacían los restos de los esqueletos de unos extraños seres de sólo poco más de un metro de altura, de huesos delgados y cráneos enormes. Junto a ellos estaban varios cientos de misteriosos discos grises. Cada uno de estos artefactos tenía un agujero en el centro que les hacía similares a los “discos de música de vinil” que mostraban “jeroglíficos” que se extendían desde el agujero hasta el perímetro del disco.

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La historia ha sido objeto de toda clase de especulaciones desde que fue publicada en 1962 y no pasa ni un solo año sin que salga alguna noticia nueva relacionada con el caso, alimentando la historia en la ufología.

Un Artículo del Libro “El Código Maya y los Siete Estigmas” de su Autor Jorge Mier Hoffman, basado en el misterioso legado maya, sus  enigmas y códigos que marcan el destino de la humanidad en su pasado y futuro.

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LA LEYENDA

La persona responsable de haber escrito la primera versión de la leyenda fue un periodista alemán llamado Reinhardt Wegemann, corresponsal de la agencia de noticias DINA, en Tokio, y publicada en la revista alemana Das vegetarische Universum [El Universo del Vegetarianismo], publicada en julio de 1962. Era una publicación sensacionalista que combinaba toda clase de esoterismo con reportajes sobre el vegetarianismo. Exactamente dos años más tarde el articulo fue publicado de nuevo en la revista ufológica alemana, UFO-Nachrichten.

Fue a partir de entonces cuando los dropa se hicieron famosos en el resto del mundo. La organización ufológica francesa/belga BUFOI publicó un informe en marzo de 1965, y en 1966 fue traducido por primera vez al ruso, por una revista llamada Neman. Un año más tarde, el célebre ufólogo Dr. Vyatcheslav Zaitzev escribió sobre los discos de Baian Kara Ula para el primer número de la revista soviética Sputnik. Debido a la enorme divulgación de esta publicación muchos han creído que el artículo de Zaitzev era la fuente original, o que la historia se publicó primero en ruso, pero evidentemente no fue así. En 1967 se conoció la noticia por primera vez en los Estados Unidos. El 26 de febrero un periodista del Los Angeles Herald-Examiner, basándose en el artículo de Sputnik, comparaba el hallazgo de los dibujos en la cueva con el mapa de estrellas supuestamente visto por la famosa abducida, Betty Hill. Naturalmente, no hace referencia alguna a Reinhardt Wegemann, cuyo nombre ya no volvería a ser vinculado con los dropa.

LA HISTORIA

A partir de 1967 la historia comenzó a retorcerse tanto que ya nadie sabía qué partes pertenecían a la versión original. Por otro lado los investigadores más serios empezaron a mostrarse algo escépticos. En 1973 el director de la revista británica Flying Saucer Review, Gordon Creighton, investigó el incidente en la prestigiosa Casa de la Real Sociedad de Geografía, en Londres, y no encontró prueba alguna de que se hubiera hecho ninguna expedición arqueológica a las montañas de Baian Kara Ula en 1938. Creighton también fue el primero en señalar que el nombre de las montañas se escribía más frecuentemente “Bayan Khara Uula,” palabras mongoles que significan “las buenas montañas negras” (o “Bayan Har Shan” en chino). Intentó localizar cualquiera referencia al arqueólogo Chi Pu Tei, el supuesto líder de la expedición, en los archivos de la Sociedad pero le fue imposible hallar rastro alguno de este hombre.

En la leyenda se cuenta que cuando el informe de Tsum Um Nui fue publicado en 1962, todos sus colegas se burlaron de él hasta tal punto que se vio obligado a huir a Japón, donde murió pobre y deprimido. Ya que no se ha encontrado ni una sola referencia a este informe en ninguna publicación conocida, se considera muy improbable que esta parte de la historia sea cierta.

En 1974, Ernst Wegener, un ingeniero austriaco, vio dos discos enigmáticos en el Museo de Banpo, en Xian. Aunque el director del museo no le pudo ofrecer una explicación del origen de los objetos, le dejó fotografiarlos. Sacó cuatro fotos borrosas. No obstante, son lo suficientemente claras como para comprobar que los discos carecen de ranuras o jeroglíficos u otros símbolos pictográficos. Por supuesto, lo lógico es suponer que el gobierno chino no habría expuesto dos artefactos presuntamente extraterrestres y secretos en un museo público. Pero no todo el mundo opina lo mismo, y estas fotos llevan casi 30 años dando la vuelta al mundo y se pueden ver en Internet.

En 1979 David Agamon editó un libro entero sobre los dropa, Sungods in Exile, declarando que era la obra póstuma de un científico británico llamado Karyl Robin-Evans. La obra describe una expedición a Baian Kara Ula realizada por Robin-Evans en 1947 con el objetivo de recoger información acerca de un disco que había sido comprado en India o Nepal por un colega suyo en Oxford, un polaco llamado Sergei Lolladoff. Según Agamon, la expedición se topó con una tribu de enanos en un remoto valle de la región y estos seres, los dropa, le contaron que sus antepasados habían procedido de un planeta en el sistema de Sirio y que se habían quedado atrapados en la tierra en el 1014 d. de J. C. debido a un fallo mecánico en su nave espacial.

¿Existen los dropa y los kham?

Contrario a lo que puede parecer, tanto los dropa como los kham son pueblos que habitan en el Tíbet rodeados de historias y leyendas. La palabra dropa (“hombre de la montaña”), es sinónimo de nómada para los tibetanos. Son un pueblo de profundas convicciones religiosas. Son budistas, aunque el analfabetismo general entre los nómadas no les permite recibir lecciones de modo normal y han ido pasando sus conocimientos religiosos de generación a generación desde el principio de los tiempos. Por esta razón su cultura y prácticas religiosas se parecen algo más a la religión animista pre-budista, conocida como Bon-chos, que al budismo del Tíbet moderno. De hecho, han conservado gran parte de sus tradiciones a través de himnos y el festival trienal de Bono-na, una celebración de la cosecha.

Sus rasgos son puramente indo-arios, algo que han conservado a lo largo de los siglos. Llevan al menos 4.000 años viviendo en la Meseta Tibetana, la única zona de pasto elevada de la Tierra. En esta enorme región han florecido a pesar del inhóspito clima, que provoca nevadas que llegan hasta la cintura en el invierno y el granizo y las ventiscas que pueden llegar en cualquier momento para destruir el cultivo. Por esta razón los drokpa se dedicaban a criar animales, especialmente los yaks, y cambiaban los productos que les aportaban por cereales y harina con los Rongpas, o granjeros del valle. Antes de la invasión del Tíbet, los nómadas jugaban un papel importante en el comercio de la economía local. Se dependía de ellos para llevar sal de los grandes lagos del norte a las ciudades y también vendían leche y mantequilla a los monasterios durante los festivales.

Con la invasión de Tíbet en 1949. La destrucción de la economía nómada comenzó en los años 50 con la “Reforma Democrática” del comunismo chino, el cual prohibió el intercambio de bienes, redistribuyó el ganado y dejó a los drokpa con el gran problema de cómo pagar los impuestos. La confiscación de su ganado, la carencia de alimentos tuvo por resultado cientos de miles de muertes.

A finales de los 80, el gobierno central chino comenzó a distribuir los pastos entre los nómadas para mejorar la viabilidad económica de su sistema de vida y así reducir los efectos producidos por los desastres naturales en la vida de los drokpa. En la opinión de los chinos ésta era la única solución; sin embargo, los drokpa y muchos de sus defensores lo consideran el principio del fin de su pueblo. Acusan a los oficiales de haber distribuido las tierras de modo injusto y ahora se ven obligados a tener familias cada vez más pequeñas, ya que no pueden tener suficiente ganado para mantenerlas y pagar los impuestos a la vez. Los niños no reciben la educación formal exigida por ley debido a que los colegios están muy lejos de sus casas, y aún viven casi completamente aislados del mundo exterior. Es evidente que el gobierno chino quiere despoblar la Meseta para poder expandir las ciudades, y parece que lo van a conseguir. Los kham de la historia de Wegemann también son reales.

La región de Kham es una enorme extensión que incluye parte de la Meseta Tibetana. Normalmente los miembros de este grupo se denominan los khamba (“hombre de kham”). Existen referencias a los khamba desde antes de la época de Kublai Khan, el gran conquistador mongol del siglo XIII, y tienen la reputación de ser guerreros feroces. Como los drokpa, los khamba son profundamente religiosos y sus monasterios budistas se convirtieron en grandes centros de peregrinación en Kham en tiempos medievales. Curiosamente, los chinos ya no reconocen Kham como una entidad geográfica, y eso a pesar de que estas tierras, aún habitadas por las tribus khamba, cubren un área aproximada al tamaño que Tailandia.

El cuento de Wegemann pertenece a un género de historias que abordan el tema de las visitas extraterrestres en la antigüedad. Esto no quiere decir que todas las historias de este tipo sean falsas, pero se pueden identificar numerosas leyendas ufológicas que comparten las mismas ideas esenciales.

Los Chinos y los Extraterrestres

La idea de que los chinos derivaron algo de su cultura de los extraterrestres es más antigua que lo que muchos suponen. Ya en 1705 el conocido autor Daniel DeFoe escribió una novela entera acerca de los habitantes de los planetas, particularmente la Luna y Sirio, y atribuyó a la interacción entre China y los alienígenas los mayores avances en la ciencia y la cultura. En esta obra, El Consolidador o, memorias de diversas transacciones del mundo en la Luna, apuntaba que el gran escritor chino Mira-cho-cho-lasmo “no era un nativo de este mundo sino que había nacido en la Luna y vino aquí para hacer descubrimientos.” También declaraba que “No nos debe extrañar que los chinos superan tanto al resto del mundo, porque sin aquel conocimiento que les llega desde el mundo en la Luna, serían como todos los demás.”

La historia de restos mortales de extraterrestres, placas con jeroglíficos e imágenes prehistóricas del sistema solar es de un género también bastante extendido. El gran escritor francés Charlemagne Ischir Defontenay (1819-1856) ya habló de un cofre de otro planeta encontrado en el Himalaya en su novela Star ou Psi de Cassiopée: Histoire Merveilleuse de l’un des Mondes de l’Espace (Paris, 1854). La tapa del cofre “estaba embellecida con imágenes extrañas” y por dentro había manuscritos llenos de jeroglíficos y dibujos que, traducidos, determinaron que el objeto procedía la constelación de Casiopea. Diez años más tarde, el 17 de junio de 1864 para ser exactos, otro francés llamado Henri de Parville escribió una historia supuestamente verídica en el periódico Le Pays que contaba básicamente lo mismo.

En este articulo, “Un Habitant de la Planète Mars,” informó que se había descubierto un enorme meteorito en una montaña de Colorado con la momia de un extraterrestre dentro. Junto con estos restos también se halló una lamina de plata decorada con dibujos de planetas y animales, indicando que el artefacto procedía de otro mundo. El artículo debe de haber tenido bastante éxito, ya que Parville lo rescribió el año siguiente en forma de novela, y de esta manera dio a entender que todo había sido ficción. Esta historia sobre los restos mortales de un ser de otro mundo y jeroglíficos o un mapa astronómico ha venido repitiéndose hasta nuestros días y se encuentra en muchas obras de ciencia ficción de la primera mitad del siglo XX.

El Tíbet

Otra cuestión sería, ¿por qué escribir sobre el Tíbet precisamente? Esta punto es aún más fácil de resolver. Los años cincuenta fue una época en la que la prensa habló mucho del Tíbet. En 1950, Mao ze Dong mandó al ejército chino a tomar el mando del gobierno, obligando en 1959 al Dalai Lama, el líder espiritual del Tíbet Budista, a exiliarse. El interés hacia la cultura y historia tibetana que sentía el mundo occidental nunca había sido tan fuerte como hasta entonces. El Tíbet siempre se había asociado con el misticismo y la magia.

En el siglo XIX Blavatsky había introducido una gran cantidad de tópicos y mitos budistas y tibetanos en sus obras teosóficas, plagiando los primeros textos religiosos budistas que se habían traducido a idiomas europeos. Aún se consideraba que los monjes tibetanos practicaban la magia a diario y que celosamente guardaban los secretos de la levitación y la telepatía. Obras como el Libro Tibetano de los Muertos (editado por W. Y. Evans-Wentz en 1927) y las fantasías de varias generaciones de místicos fraudulentos, extendieron la reputación esotérica de la cultura tibetana por todo el mundo. Uno de éstos, T. Lobsang Rampa, incluso escribió en uno de sus libros que había entrado en la tumba de unos extraterrestres en Lhasa. En 1962 aún se sentía esa fascinación, y Wegemann no hizo sino explotarla a la perfección.

Las sorprendentes ‘Piedras Dropa’ podrían proporcionar pistas a los chinos de las bases alienígenas

Traducción de unas de las piedras Dropa de 12.000 años: “Los Dropas bajaron de las nubes en sus naves. Los hombres, mujeres y niños de los pueblos vecinos se escondieron en las cuevas diez veces antes del amanecer. Cuando por fin entendieron el lenguaje de señas de los Dropas, se dieron cuenta de que los recién llegados tenían intenciones pacíficas…” [Traducido desde el lenguaje sobre las piedras por el hombre quien correctamente los descifro, Dr. Tsum Um Nui.]

La gran pirámide de Xiangyang es sólo uno de muchos sitios misteriosos que apuntan a una o más razas avanzadas interactuando con los primitivos pueblos de la tierra.

Las famosas piedras Dropa también proporcionan pruebas sólidas de que la Tierra fue visitada por los antiguos astronautas.

Las piedras fueron encontradas por Chi Pu Tei, que encabezó una expedición arqueológica a la sombría y alborotada cordillera de Baian-Kara-Ula en 1938. La cordillera se encuentra en la frontera chino-tibetana y es hogar de muchas historias sobre mestizaje entre extraterrestres con gente de la Tierra.

Mientras exploraban una serie de cavernas casi inaccesible en la última montaña habitada por nativos primitivos hace miles de años atrás, el equipo de científicos hizo un descubrimiento emocionante: algunas de las paredes de la caverna estaban cubiertas con pictogramas representando escenas del Sistema Solar.

Además, de alguna manera estos antiguos pueblos habían creado un mapa de los cielos que ilustran la Tierra, Sol, Luna y diversas estrellas relacionadas con la intersección de líneas y puntos.

Curiosamente los pictograma-mapas casi parecen antiguas rutas comerciales o una guía para los exploradores.

Otros pictogramas ilustran a los seres frágiles con casco en forma de tazones sobre sus cabezas.

discos Dropa - piramides de china
Uno de los más de 700 discos Dropa encontrados

Pero el entusiasmo del equipo apenas comenzaba. En una de las cuevas en donde se encontraban los murales de los cielos encontraron un disco de piedra semienterrado en la tierra. El disco tenía un surco delgado en espiral, los expertos cortaron la cara que va desde el centro hasta el borde.

El disco que ellos encontraron mide unos nueve centímetros de diámetro y aproximadamente tres cuartas partes de una pulgada de grosor. El centro tiene un agujero perfecto, eso es tres cuartas partes de una pulgada de ancho.

Una vez que encontraron el disco, Tei ordenó a su equipo a buscar más para obtener más información. Finalmente excavaron hasta encontrar un verdadero tesoro. Un total de 716 discos fueron encontrados, algunos en estado prístino, otros agrietados o rotos en pedazos.

Dr. Nui logra descifrar las ‘Piedras Dropa’

Los desconocidos jeroglíficos eran tan pequeños que sólo él podía leerlos con la ayuda de una potente lupa.

Un experto en descifrar lenguas antiguas, Nui trabajó diligentemente durante muchos meses para descifrar el lenguaje. Y finalmente, lo hizo.

Lo que sabía es que iba a cambiar la historia conocida del mundo, si alguien lo escuchaba. Pocos lo hicieron.

En las piedras fueron grabadas una increíble historia escrita por lo menos hace 12.000 años atrás por un pueblo fantástico que el mundo ha olvidado.

Los discos están relacionados con el viaje de los Dropa a la Tierra. Y el cómo se estrellaron durante su exploración del planeta y estaban abandonados en la Tierra, en un mundo exterior desconocido para ellos. La nave espacial se encontraba en lo que más tarde se conoció como las montañas de Baian-Kara-Ula, que forma parte del Himalaya.

Varados, los viajeros se perdieron buscando refugio en las cuevas — las cuevas en donde Chi Pu Tei y su equipo de exploración científica habían descubierto los discos.

“Los Dropas bajaron de las nubes en su nave,” en otro disco decia. “Los hombres, mujeres y niños de los pueblos vecinos se escondieron en las cuevas diez veces antes del amanecer. Cuando por fin entienden el lenguaje de señas de los Dropas, se dieron cuenta de que los recién llegados tenían intenciones pacíficas…”

Así mismo, otro disco habla de que los extraterrestres tenían cabezas abultadas y cuerpos marchitos. Al principio los cazadores de la tribu enviados a matar a los invasores hasta que la gente se dió cuenta de que los seres extraños no significaba ninguna amenaza.

Los pobladores de la zona todavía cuenta las leyendas acerca de los visitantes que “vinieron de las estrellas, hace mucho, mucho tiempo.”

Después de descifrar muchos de los discos como pudo, Nui escribió un libro sobre el descubrimiento histórico para la Academia China de la prehistoria.

Ellos se negaron a publicarlo. Aunque bien documentadas y no hay duda de que sea fraudulenta, el editor de la revista dijo a Nui de que el mundo no estaba preparado para conocer dicha información.

Las autoridades chinas bajo el gobierno de Mao también fueron bastante explícitas en su reacción. Prohíbieron al doctor solicitar a que publiquen su libro fuera de China o incluso a hablar de las piedras Dropa.

A pesar de la orden, Nui compartio la información con algunos de sus colegas cercanos y con el tiempo parte de la historia logró filtarse al resto del mundo.

Los científicos rusos se sumaron a los investigación de las piedras Dropa

Los Angeles Herald-Examiner publicó “Riddle of Asian Stone Discs from Outer Space” (Enigma de los discos de piedra asiático del espacio exterior) el 26 de febrero de 1967. El artículo se centra en algunos investigadores rusos que habían estado estudiando atentamente algunas de las piedras Dropa.

“Los rusos”, escribieron el Herald Examiner, “han examinado algunos de los discos en un laboratorio de Moscú, y afirman que han hecho dos importantes descubrimientos. Uno es que los discos contienen ciertos restos de metal; especialmente cobalto. En segundo lugar, cuando se coloca sobre una mesa giratoria especial ellos zumban a un ritmo inusual como si una carga eléctrica pasara a través de ellos.

“El ruso Zaitsev, quien ha pasado 30 años reuniendo pruebas de que seres inteligentes del espacio exterior han tenido contacto con la Tierra, cree que los discos pueden dar solidez a antiguas leyendas chinas de hombres pequeños, delgados y de cara amarilla que bajaron de las nubes hace muchos siglos”.

Antiguo arte asiático representa encuentros extraterrestres

La prehistoria de China está plagada de naves extraterrestres, seres extraterrestres y acontecimientos extraterrestres.

relieve de chino antiguo - piramides de china

Un relieve de chino antiguo representa un episodio en el campo cuando el aterrador “hombre volador” aterrorizó a los pastores. Extrañamente, el artista antiguo grabado exactamente lo que los investigadores UFO grabarían hoy.

Se trata de una reproducción de relieve en piedra encontrado por una expedición científica de antropólogos en 1957, dirigido por el profesor Tsj’i Pen-Lai.

La notable reproducción fue descubierta dentro de un laberinto antiguo en la isla de Jotuo en el lago Toengt’ing. La expedición tuvo lugar en 1957.

placa de disco - piramides de china

La placa de disco Lolladoff  (imagen de arriba) fue encontrada en Nepal y fechada alrededor del 10.000 a. c.. Nota lo que parece ser un objeto con forma de platillo en el centro y un ser parecido a un extraterrestre en la parte inferior derecha.

extraterrestres - piramides de china
No todos los extraterrestres se quedaron en China

Este antiguo rollo de pergamino asiático de Japón representa a un comerciante japonés observando un pequeño platillo volador que desembarcó cerca de un campo de arroz.

Examinando detenidamente la escritura por encima de la nave. La columna de la derecha no es japonés, es una representación de los símbolos que el comerciante vio en la nave y describió al artista el cual agregó al pergamino con precisión.

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