ESPEJO DE OBSIDIANA – Misterio Maya

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Autor del Blog: Jorge Mier Hoffman en Machupicchu

La obsidiana, llamada a veces vidrio volcánico, es una roca ígnea volcánica perteneciente al grupo de los silicatos, con una composición química de silicatos alumínicos y un gran porcentaje (70 % o mayor) de óxidos sílicos. Su composición es parecida al granito y la riolita.

La obsidiana no es un mineral, porque no posee una composición química bien definida. A menudo se le clasifica como un mineraloide. Su dureza en la escala de Mohs es de 5 a 5,5. Su peso específico es de 2,6. La superficie de rotura es concoidea, es decir, curva.

Su color es negro, aunque puede variar según la composición de las impurezas del verde muy oscuro al claro, al rojizo y estar veteada en blanco, negro y rojo. El hierro y el magnesio la colorean de verde oscuro a marrón oscuro. Tiene la cualidad de cambiar su color según la manera de cortarse. Si se corta paralelamente su color es negro, pero cortada perpendicularmente su color es gris.

Por sorprendente que pueda parecer, el Museo Británico de Londres cuenta entre sus fondos con unas peculiares piezas que, durante los siglos XVI y XVII, fueron utilizadas por un sabio británico con fines mágicos y sobrenaturales.

Por si fuera poco, su llamativo y sorprendente currículum se completa con el hecho de que, durante algún tiempo, formó parte de la Corte de Isabel I de Inglaterra, convirtiéndose en su astrólogo personal, a quien consultaba para tomar importantes decisiones de Estado.

A partir de cierto momento de su vida, y de forma especial después de conocer a un siniestro personaje llamado Edward Kelly (prominente personaje del ocultismo renacentista) , Dee se mostró especialmente interesado en hallar una forma de contactar con los ángeles. Los manuscritos de Dee dan a entender que estaba convencido de haber logrado dicho contacto, dejando constancia de lo que él denominaba “lenguaje enoquiano”, de los ángeles que, según decía, le había sido revelado.

Dee utilizaba el espejo en diversas prácticas (entre ellas la síntesis del modelo enochiano): se trata de un espejo de obsidiana que fue llevado desde México hasta sus manos. Al parecer era un dispositivo que los brujos aztecas utilizaban en sus rituales y el cual, por sí solo, afloraba un extraño poder. Este tipo de objetos son populares en el arte de la adivinación (se dice que Nostradamus tenía el suyo), y de acuerdo con algunas versiones, los ángeles que transmitían información a Dee y Kelly, se hacían presentes gracias a la superficie de este espejo de obsidiana.

Dentro de la cultura azteca la pieza se asociaba a Tezcatlipoca “el espejo humeante”, deidad de la noche y la oscuridad, y quien formaba parte de los cuatro dioses creadores, figuras de enorme relevancia en la cosmovisión de está sociedad. El Specularium de Dee, su famoso espejo de obsidiana negra, pasó a planos de algunos coleccionistas hasta que finalmente terminó en las arcas del Museo Británico, donde actualmente se exhibe. Este instrumento pasaría a la historia como uno de los grandes catalizadores de magia , herramientas que si bien poseen un cuerpo palpablemente físico, tenían la cualidad de incidir en las estepas sutiles de dimensiones alternas.
La fama de Dee llegó incluso a generar anécdotas, presumiblemente místicas, como el haber conjurado un hechizo contra la armada española en su tentativa de invadir la isla británica, al parecer se trató de la publicación de sus profecías que llegó a manos de los españoles y los predispuso, debilitando su moral, a ser derrotados.
John Dee (1527-1609) fue una de las mentes más brillantes de su tiempo, y llegó a destacar en numerosos campos del saber: fue un consumado astrónomo y un destacado matemático y geógrafo pero, al igual que otros muchos sabios de su tiempo, mostró también un gran interés por disciplinas pseudocientíficas como la astrología, la magia o la alquimia.

Esta obras de arte como esta vasija con la forma de un monito (hembra, incluso embarazada) que fue tallada meticulosamente y pulida en forma perfecta fue pulida mediante una técnica misteriosa, de tal perfección, que no ha perdido el brillo

Monita de obsidiana

La obsidiana es un vidrio volcánico que, durante la época prehispánica, fue muy comerciado en la poderosa ciudad de Teotihuacan, entre los años 500 y 700 de nuestra era. Ya para tiempos posclásicos (entre el 1325 y el 1521) se sabe que los mexicas lo consideraban un mineral muy preciado. Con él, lo mismo podían dar vida a las filosas puntas de sus cuchillos y lanzas, que crear verdaderas obras de arte como esta vasija con la forma de un monito (hembra, incluso embarazada) que requirió del paciente y cuidadoso tallado de su artista, así como de horas para lograr un delicado pulimento.

La perfecta composición y triunfo estético de esta pieza, tomando en cuenta que para su realización sólo se contó con herramientas de tipo rudimentario, le confieren sin lugar a dudas el número uno en nuestro listado de las piezas más valiosas custodiadas por esta prestigiada institución por su casi imposible reproducción. La puedes admirar dentro de una vitrina de seguridad en el sector sureste de la Sala Mexica, junto al Penacho de Moctezuma. ¡Sin duda una de las piezas más bellas del Museo Nacional de Antropología!

MONITA

Los profesionales de la a lo largo de los siglos, han creado muchas teorías para comprender el mundo del que sufre, pero que, en realidad, la cuestión no radica en explicarlo sino en ayudar a transformarlo. Es por esto que la aparición de herramientas de cambio, como la que aquí se propone, representan un aporte, más aún, cuando están enmarcadas en la premisa de que son mediadoras de la curación en el contexto de una relación terapéutica que sana.

La obsidiana no es aquí considerada sólo como una bella y misteriosa piedra, sino también, como un símbolo de la mutación alquímica del plomo de la sombra, en oro de conciencia, que puede operarse en la vida de una persona mediante este antiguo y negro polvo filosofal. Es la experiencia, en contacto con su fuerza, lo que permite darnos cuenta de todo lo que nos pertenece y nos es desconocido, poblar de palabras el silencio de nuestros síntomas y realizar un acto renovador de nuestra existencia; uno de estos actos que comienzan siendo una crisis de conciencia y acaba haciendo emerger de nuestras profundidades olvidadas, lo mejor de nosotros mismos.

 

Si has visitado México de seguro has ido al Museo Nacional de Antropología una de las instituciones museísticas más importantes de todo el mundo. Su espectacular colección de piezas arqueológicas, nos lleva a un viaje histórico por “Mesoamérica”, desde el primer milenio antes de Cristo hasta cerca del año 1521. Su riqueza le ha posicionado el más importante de Latinoamérica y uno de los 20 mejores del mundo. Comparto aquí con ustedes sus 5 piezas más valiosas desde el punto de vista plástico-artístico. La razón es que son sumamente difíciles de replicar, aunque se utilizara todos los recursos modernos.

1. Monita de obsidiana

 Los mexicas consideraban a la obsidiana como un mineral muy preciado. Con este vidrio volcánico desde la época de Teotihuacan (entre los años 500 y 700 de nuestra era) podían dar vida a las filosas puntas de sus cuchillos y lanzas, y también crear obras de arte como esta vasija con la forma de un monito (hembra, incluso embarazada) que fue tallada meticulosamente y pulida en forma perfecta.

Considerando que esta pieza se hizo con herramientas rudimentarias, tiene una perfección estética tal que sin dudarlo ocupa el primer lugar en esta lista de las piezas más valiosas. Es casi imposible su reproducción La puedes admirar dentro de una vitrina de seguridad en el sector sureste de la Sala Mexica, junto al Penacho de Moctezuma. ¡Sin lugar a dudas es una de las piezas más bellas del Museo Nacional de Antropología!

2.Máscara del Dios Murciélago

 Esta máscara proviene de la zona arqueológica de Monte Albán, y es una de las piezas más famosas del Museo Nacional de Antropología. Es la estrella de la Sala Oaxaca del mismo. De acuerdo con los especialistas, desde años anteriores a la época cristiana, grupos sureños -quizá provenientes de Chiapas o de más allá, de territorios hoy localizados en la actual Guatemala-, introdujeron entre los habitantes de los valles y las montañas de Oaxaca, el culto a un especie de dios o entidad murciélago. Así lo demuestra esta increíble máscara conformada por varias placas superpuestas de jade, finamente pulidas y que, reunidas, conforman la espectacular imagen de este mamífero volador asociado al inframundo y a la muerte. No dejes de admirarla detenidamente… ¡su imagen se te quedará grabada por mucho tiempo!

3.Máscara de Pakal

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En 1952, un equipo de arqueólogos encabezado por el Dr. Alberto Ruz realizó uno de los descubrimientos más recordados en la historia de la arqueología en México. Se trataba del importante hallazgo de una enorme cámara funeraria (al interior del Templo de las Inscripciones, en Palenque) en cuya nave central destacaba una enorme lápida labrada que, luego de ser removida, permitió a los afortunados especialistas, descubrir los tesoros que acompañaban al cuerpo del señor Pakal, gobernante de esa famosa capital maya entre los años 615 y 638 de nuestra era. En la Sala Maya del Museo Nacional de Antropología, fue concebida un área especial en la que una réplica de esta fantástica cámara y una serie de tres vitrinas, permiten al visitante entender el contexto y admirar las joyas recuperadas tras este memorable hallazgo.

Durante tu visita a la Sala Maya, no dejes de admirar los anillos, los collares, pero sobretodo, la espectacular máscara de jade que cubría el rostro del misterioso gobernante. Ésta, recientemente restaurada para devolverle su aspecto original, luce ahora más bella que nunca sus delicadas cuentas de jade rematadas con sus espectaculares ojos de concha y piedra que, desde tiempos de los antiguos mayas, parecen observar al espectador desde lo más profundo del tiempo…

4. Pectoral de oro

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En tiempos posclásicos, entre el 1200 y el 1521, habitantes de varias capitales del mundo mixteco (en Oaxaca) desarrollaron una increíble habilidad para dar vida a espectaculares joyas utilizando como base metales preciosos que después eran utilizadas sólo por las clases gobernantes. De aquellas épocas, procedente de Yanhuitlán, encontramos una de las piezas más famosas de las colecciones del Museo Nacional de Antropología. Se trata de este pectoral cuya forma advierte un chimalli o escudo de los guerreros indígenas con una greca escalonada en su interior. Del elemento circular penden 11 cascabeles, y aunque éstos le dan gran equilibrio a la pieza, son los dardos cruzados que la atraviesan los que reafirman el carácter bélico de la joya. Sin duda fue portada por algún noble destacado y premiado por su habilidad en el campo de batalla. Lo puedes admirar en la Sala Oaxaca del museo acompañado de otros tesoros en metales preciosos creados por las hábiles manos de artistas mixtecos.

5. Tejo de Oro

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Se dice que para poder “darse a la fuga” con importantes cantidades de oro, los soldados españoles que estaban siendo sitiados en palacios de México-Tenochtitlán (en los heroicos combates que culminaron con la llamada Noche Triste a favor de los mexicas), a manos de los valientes guerreros indígenas comandados por Cuitláhuac, tuvieron que recurrir a un “original” sistema de fundición de todos sus tesoros reunidos como valioso botín de guerra. Así, anillos, pulseras, brazaletes, bezotes y demás joyas y accesorios acumulados por éstos, tuvieron que ser “pasados por el fuego” para convertirse en una especie de lingotes, de forma semi-curva, conocida en aquellos tiempos como “tejo”. Estos “tejos” permitieron a los soldados europeos escapar con bastante cantidad del preciado metal (generalmente oro), sujeto ingeniosamente a sus espaldas. Una de estas piezas que, para mala fortuna de los españoles, cayó del cuerpo de uno de los hombres de Cortés, fue hallado a unos cuantos pasos de la Alameda Central, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Hoy, es posible admirarla en una vitrina de alta seguridad en la Sala Mexica del MNA, a un costado de la réplica del Penacho de Moctezuma

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