INCA PAITITI- Tesoro Inca Robado

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Autor del Blog: Jorge Mier Hoffman en Machupicchu

PUSHARO , EL PORTAL DE LA  CIUDAD PERDIDA DEL PAITITI.

Existen leyendas precolombinas, que se refieren a la existencia de  ciudades cuya ubicación se guardo en secreto, como ocurrió en el caso del Machu-Pichu. Es posible que el Paititi, sea una de esas ciudades, al igual que Choque-sapra, Choque-suysuy, Espiritupampa, y otras. Muchos confunden el Paititi con el Dorado, es posible que el Paititi haya originado la búsqueda de aventuras y  tesoros por toda la región del Amazonas. La red de los túneles que recorren todo Perú, y Bolivia, es otro misterio  que nos conducen a esta ciudad. Las dos hipótesis que han prevalecido hasta ahora son: A) la que cree que fue él ultimo refugio de los Incas, y b) la que piensa que fue otra cultura que existió en la región de la Amazonia.

El Dr. Oscar Nuñez  Padro(antropólogo), quien investiga mucho años en la comunidad de Q´ero (ultimo Ayllu  Inca, en al actualidad)extrae la leyenda de Inkari. Este fue el fundador de la capital del imperio de los Incas, Cuzco, uno de sus hijos fue el que dio origen a los Qéro,  cumplida  su misión  se retiro con muchos de sus parientes a la ciudad del Paititi, Este mismo antropólogo nos cuenta del misterio de Kacha.  Los cronistas de la conquista hablan de los saqueos de los tesoros en Pachacamac en Lima y en el Coricancha en Cuzco, pero nada dicen de los templos de Kacha, constituido por el Templo de Wiracocha, y sus trece templos menores, allí solo encontraron la escultura de Viracocha. ¿Que paso con las riquezas, los ídolos, los adornos y la multitud de objetos que atesoraba este complejo religioso que fue uno de los 3 más importantes del imperio Inca?  En el informe histórico que realizo Ruben Iwaki Ordoñez en su libro” OPERACIÓN PAITITI”, narra como  el inca Pachacutec encontró oro en la selva, creando caminos y construyendo una ciudad que llamo Paititi, la ciudad perdida de los Incas. El  mismo informe dice: Cuando los conquistadores desembarcaron en las costas Peruanas, Atahuallpa enterró sus tesoros en la selva, pero Huascar organizo la fuga de los tesoros y riquezas del milenario Cuzco , retornándolo todo al lugar de su procedencia, el Paititi,  El piensa que Paititi viene de  Paikikin, que significa “igual al otro”, de aquí que muchos investigadores piensan que paititi en una replica del Cuzco, ÿ la región donde piensan que se encuentre se llama ¨kallanga¨”. 

Harold Wilkins escribe sobre el Paititi en su libro: “SECRET CITIES OF SOUTH  AMERICA E MYSTERIES  SOUTH AMERICA”, el autor cree que los incas han huido de los conquistadores, después de la batalla de Ollantaytambo, por el complejo de túneles que seguían al este de Cuzco, por medio de los selvas hasta el imperio del Paititi, este fue un reino aparte  gobernado por misteriosos hombres blancos, el que era conocido como él reí Tigre.

Otra leyenda de los machigengas se refiere, a la época en que sus antepasados estaban en comunicación con las gentes del cielo, y el idioma machigenga no era un idioma de salvajes, este ha degenerado tras la destrucción del imperio Amazónico. Se cree que los que gobernaban las ciudades eran hombres blancos Barbados. _Corren rumores que dichos hombres blancos ataviados con largas vestiduras siguen viviendo y prosiguen con sus investigaciones en la capital del Paititi, que es la ciudad perdida de las treinta ciudadelas. ,

  TESTIGOS DE LA EXISTENCIA DEL PAITITI.

Arriba: imágenes de las expediciones del autor a Paititi. Ricardo González participó de tres incursiones en las selvas del Manú (1996, 1998, 2000), cruzando en todas ellas el Mecanto o cañón sagrado de los indios machiguengas.

En 1996 llevé a cabo mi primera expedición a Paititi. Confieso que el objetivo de ese viaje no lindaba con la investigación de los misterios incas, y mucho menos rastrear el paradero del Disco Solar. Había sido “invitado” por un ser que parecía estar construido de luz y que se había materializado en mi dormitorio ante mi asombro. Fue una noche de mayo de 1995, en la casa de mis padres, en Orrantia del Mar (Lima). Aquella figura luminosa, tan radiante que no podía ver el rostro de la “aparición”, se presentó con el nombre de Alcir, un enviado del Paititi que se hallaba proyectado “holográficamente” desde una instalación subterránea en las selvas del Manú.

En su breve mensaje me dijo que Paititi en realidad era una vieja instalación subterránea, y que nos conoceríamos en las selvas del Manú como parte de un contacto programado.

Qué decir de todo esto…

Luego de esa experiencia, una cadena de hechos extraordinarios y sincronicidades me llevaron a formar parte de una expedición a la selva, conformada por seis personas de Perú y el Uruguay. Fue un viaje mágico, pero largo e intenso: más de 45 días de expedición. Empezamos en Tiahuanaco y el lago Titicaca, luego nos dirigimos a la comunidad de los indios Q’ eros en las alturas de Paucartambo en Cusco ―con caminatas a más de 5.000 metros sobre el nivel del mar y las pesadas mochilas a las espaldas― para luego descender a la selva de Madre de Dios, camino al Río Sinkibenia, que se piensa es la ruta que lleva a Paititi. Todo esto lo detallo en mi primer libro “Los Maestros del Paititi”.

Para quienes no estén familiarizados con el enigma que encierra esa ciudad perdida en la selva peruana, comparto aquí un resumen con sus principales e incómodas anomalías.

El último bastión de los Paco Pacuris

Julio C. Tello ―padre de la arqueología peruana― sostuvo hasta su muerte, en 1947, que el origen de las poblaciones de los Andes debe buscarse en la selva amazónica. Al parecer, no se hallaba muy lejos de la verdad: el gran manto verde del oriente peruano esconde una secreta civilización que habría mantenido importantes lazos con el Imperio del Sol en Cusco. Viejas leyendas recuerdan aquel centro supremo como Paititi.
Ya entrado el siglo XVII corría como reguero de pólvora la noticia de esa ciudad fantástica, esquiva y misteriosa, que según la tradición andina alberga los tesoros perdidos del incanato. Algunos libros, inspirándose en crónicas antiguas o en relatos de nativos indígenas, abordaron el enigma logrando con ello generar un mayor interés. Penosamente, todo esto disparó la ambición y codicia de muchos exploradores que, de inmediato, se lanzaron a organizar ambiciosas expediciones en pos de oro y tesoros, como ocurriría también en Ecuador con Llanganati ―una zona de lagunas donde el general del Inca Huayna Cápac, Rumi Ñahui, habría escondido tesoros para que no caigan en manos de los españoles―. En el caso de Paititi, en la mayoría de aquellos intentos lo único que se logró fue un desenlace fatal al profanar las sagradas selvas del Antisuyo. No es cosa fácil aventurarse en aquella región que se protege como si tuviera vida propia.

Quizá lo que más ha contribuido al conocimiento de la existencia del Paititi son los petroglifos de Pusharo. Estos extraños grabados en piedra habrían sido descubiertos en 1921 por el misionero dominico Vicente de Cenitagoya, encontrándolos en una gigantesca roca que se acomoda a orillas del río Sinkibenia, considerado sagrado por los indios “guardianes” de la zona, los machiguengas. Más tarde, esos petroglifos fueron observados por numerosos exploradores. En 1970, el sacerdote y antropólogo A. Torrealba fotografió y estudió los extraños grabados. Hoy en día todos los investigadores coinciden en que los petroglifos no fueron hechos por los incas; entonces, ¿quién los hizo?

Pusharo no es la única evidencia de una obra humana en las selvas del Manú, también se han encontrado numerosas ruinas y caminos parcialmente pavimentados. Las pirámides de Paratoari son una prueba fehaciente de estas obras. Diversos estudios demuestran que estas grandes moles no serían producto de la naturaleza, sino de la mano de una civilización aún desconocida. Estos emplazamientos saltaron en los teletipos de la prensa gracias a un método científico de observación.

El contacto físico

El encuentro anunciado con Alcir, el ser intraterreno, se concretó el 5 de septiembre de 1996. En ese momento me encontraba en el muro de Pusharo, contemplando los símbolos luego de haber explorado con mis compañeros de expedición el cañón del Mecanto.

En Los Maestros del Paititi, relato al detalle la experiencia:
Mi reloj marcaba las 5:00 de la tarde cuando nos aproximamos a la zona del campamento. Continuaba adelante del grupo y, por una sensación extraña, que de súbito me invadió, dirigí mis pasos hacia los petroglifos de Pusharo. Sentí una imperiosa necesidad de ver nuevamente la roca sagrada.

Crucé el río que me separaba del enigma arqueológico, y luego atravesé la exuberante vegetación, como si ésta procurara esconder la roca del profano. De pronto, ya me encontraba frente a los 14 metros de misteriosos grabados que alguien dejó impresos como un mensaje a futuras generaciones. El lugar es de por sí muy especial, por no decir impresionante.

En aquel momento se me ocurrió recoger algunas piedras para llevarlas como recuerdo a la gente de los grupos, que con tanto amor nos había estado apoyando. Ayudándome de un palo, arrimaba las hojas secas para así descubrir las piedras; no me animaba a hacerlo con mis manos después de comprobar la presencia de corpulentas arañas.
Mientras me hallaba concentrado en dicha empresa, escuché un ruido a mis espaldas, como si algo estuviese desplazándose entre la maleza. No le presté atención porque en la selva es habitual escuchar todo tipo de crujidos, zumbidos y fragores diversos. Sin embargo, los matorrales se agitaban otra vez, indicando una presencia, y ésta se acercaba. Volteé de inmediato empuñando con fuerza el palo. Detalle importante: el día anterior había verificado con los machiguengas las huellas de un grupo de Sachavacas muy cerca del campamento. Pensé que una de ellas venía a por mí porque, de seguro, la habría asustado.

Grande e indescriptible fue mi sorpresa cuando al volverme me encuentro frente a un extraño personaje rodeado de una intensa luz dorada. ¡Se encontraba a sólo unos 10 metros de mi ubicación! Entonces levantó su mano izquierda, como saludando, y la luz que lo envolvía, y que hasta ese momento permanecía concentrada en torno suyo, se abrió, iluminando la roca de Pusharo. Entonces pude ver con mayor claridad los rasgos del ser que estaba frente a mí.

Era un hombre, de unos 65 años, mirada profunda y aspecto oriental; llevaba una larga y delgada barba que le llegaba casi a la cintura. Tendría no más 1.70 de estatura, aunque lucía más alto por un peculiar sombrero o casco alargado que llevaba; su forma me hizo recordar de inmediato las mitras de los antiguos faraones egipcios. Su indumentaria, era también muy sugerente: estaba vestido con una especie de túnica dorada de apariencia metálica, de un brillo impresionante. En su mano derecha, sostenía un largo objeto que parecía ser un báculo o bastón. En el pecho llevaba algo colgado; era como un medallón, con un símbolo en medio que no recuerdo claramente. La apariencia de este ser era en verdad impactante.

Se trataba de Alcir, un ser que, tiempo atrás, se había “proyectado” en estado de luz en mi propia casa anunciándome este encuentro en la selva peruana.

En la experiencia en Pusharo se dirigió a mí en perfecto castellano, pero sin mover sus labios, como si su mente se hubiese unido a la mía en una poderosa conexión telepática. Le “escuchaba” con suma claridad. Y sentía que aquel hombre emanaba una paz en verdad sobrenatural.

Zona selvática rumbo al Paititi

En la breve charla que tuvimos en la selva ―en realidad, yo apenas intervine presa de los nervios― Alcir se presentó como el “Guardián del Disco Solar”, afirmando que se encuentra protegido en una sala subterránea. Lo extraordinario de este contacto, es que mientras el ser intraterreno me hablaba, frente a mis ojos se materializaba todo cuanto me narraba en imágenes, como si estuviera viendo un film tridimensional.

Entre esas imágenes me mostró el desierto de Gobi de Mongolia, haciéndome sentir que en algún momento de mi vida tendría que ir allí para cerrar un proceso. También vi el Disco Solar, que no parecía totalmente sólido, aunque pude distinguir algunos símbolos en él mientras lo contemplaba flotando sobre una suerte de dolmen o altar de piedra. Según Alcir, el Disco Solar había sido construido por los “fundadores de Shambhala” en el desierto de Gobi.

De acuerdo al Maestro intraterrestre, Paititi había sido planificada bajo tierra por razones estratégicas de supervivencia ante la última catástrofe planetaria que, como mencionaba páginas atrás, involucra la historia de la Atlántida. Además, el Parque Nacional del Manú, donde se encuentra Paititi, es una fuente de recursos naturales de inestimable valor para toda la humanidad. Estaba claro que el lugar había sido previamente buscado.

Luego de ese contacto quedó en mí una serie de informaciones que surgieron espontáneamente, como si Alcir me las hubiese “grabado” en el encuentro. Entre ellas algunos conceptos místicos que serían parte de un código espiritual de conducta de los intraterrestres ―y que comparto al final de este libro―. En suma, hubo un “antes y un después” del contacto físico. Mi vida no sería igual y mi camino con aquella hermandad subterránea empezaría a definirse.

Desde entonces, Alcir ha estado en contacto conmigo y con muchas personas en el mundo. Ha sido la principal fuente de información y guía de todos los lugares que he visitado para desvelar el secreto del Reino Subterráneo.

Pero Paititi, desde luego, no es el único Retiro Interior enclavado en las selvas inhóspitas de Sudamérica. La guía de aquellos seres nos condujo a otros lugares no menos fascinantes… En otro artículo hablaré de esos otros santuarios prohibidos…

Ruben Iwaki Ordoñez, narra en la pagina121 de su libro, el testimonio de un vaquero extraviado, que perdió una vaca y se fue a buscarla, encontrando unas ruinas: ”Sé encontró con una portada enorme, con bases y pilares de piedras labradas, de las que pendían un gigantesco disco metálico, con puntos semejantes a la figura de un sol radiante”. ”Topo con  una estatua que lo hizo sobresaltar. Era un hombre metálico, parado sobre un cajón de metal plomizo. Contemplo por los cuatro costados al extraño hombre que llevaba sobre la cabeza una corona con plumas; todo en metal amarillo. Luego dio pocos pasos y encontró otro, y otro, y así una sucesión de hombres metálicos en perfecta hilera”.

El mismo autor se encontró a otro testigo, Juan Gómez Sánchez, cobarde o audaz logro huir de las flechas de los machigengas, a orillas del río Piñi-Piñi cuando acompañaba a 6 aventureros curas. ”En esto de correr e intentar orientarme tome como referencia el poniente del sol, hallándome pronto sin darme cuenta dentro de unas series de callejuelas. A los costados de la calle se erguían edificios de un solo piso, construidos en piedra labrada y cubiertos de madera. Llegando a una arrea de construcciones, donde observe una fila de estatuas hechas de metal de color amarillo”.

El hijo de un rico propietario rural del Paraguay, Don Alonso Sotelo Pernia, publico un documento llamado” Memorial of what My Ancestors and I Have Done in the Quest for  El Paititi”. La copia de este antiguo manuscrito se encuentra en el archivo de Indias en España.

 Pernia y su familia se instalo en San Lorenzo , en el estado del Beni , en Bolivia. Algunos de los indios chiriguanas que capturaron contaron la historia del Gran Paititi.  Estos se dispusieron a buscarla.” Llegamos a  una aldea , por un camino largo, bien hecho y limpio, nos quedamos perplejos .al entrar encontramos que estaba abandonada. Imaginamos que sus habitantes huyeron cuando nos vieron en el camino. En la plaza de la aldea habia un edificio con 13 imágenes esculpidas. Todas las imágenes estaban de pie y eran semejantes a monjes, vestían túnicas largas” En otro de sus viajes en busca del Paititi, fue advertido por un indio que en el gran Paititi, había muchos hombres blancos y muchas armas de fuego”. En su segundo viaje, Pernia describe como desde lo alto de una montaña, localizo una meseta, en un valle, donde había un lago, y alrededor una aldea enorme. Al observar el lugar desee ser 600 personas y no apenas 6”.

 Todo conduce hacia el este del Cuzco, el lugar donde ahora se encuentra el parque nacional del Manu. En  el libro”: el Secreto de los Andes de Brother Philip,1983,kier”, se narra una expedición de salio de la Abadia, en 1957, en busca de los secretos del imperio Amazónico, en dirección a la región del  río Alto madre de dios. El 10 de julio de 1957 descubrimos el legendario portal o roca de los escritos, en un territorio desconocido sobre el río Sinkibenia. Recogiendo el testimonio de  Un indio piro, se encontraba en la misma zona buscando a su mujer que se había escapado, descubriendo un camino pavimentado con piedras. Lo siguió hasta llegar a una gran ciudad de magnificas casas, plazas, y templos de piedra. Ningún inca, ni español había visitado esas ruinas. La ciudad perdida era una de las muchas que pertenecen al antiguo imperio Amazónico.

EXPEDICIONES ACTUALES EN BUSCA DE LA CIUDAD PERDIDA

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En 1971, una expedición franco-Americana fue liderada por Bod Nichols, el grupo compuesto por 3 integrantes intento encontrar el Paititi, siguiendo el río Pantiacolla, después de algunos meses desaparecieron. En 1972 el explorador Japonés  Y. Sekino obtuvo la confirmación que los tres exploradores habían sido asesinados por los machigengas.

     Fernando Aparicio Bueno ha  participo en 5 expediciones en busca del misterio del Paititi. Localizaron fotos de la Nasa, y descubrieron con una lupa formaciones extrañas, muy cerca de la meseta de Pantiacolla,  se veía dos rectángulos paralelos; no solo eso sino que a varios kilómetros de distancia, hay un zigzag claramente marcado en las fotografías infrarrojas y luego una serie de formaciones piramidales en columna de dos. Ellas llegaban al numero de 12. En la primera expedición habían clasificado 4 objetivos: A)

Las pirámides, que aparecían en las fotos de la Nasa. B)los petroglifos al final del río Palotoa en el cañón de su naciente. C) la piscina cuadrada, que aparecía en las fotos de la Nasa, lugar peligroso porque en esta meseta confluyen todos  los vientos del continente y otras condiciones climáticas, magnéticas, radiactivas, etc. que hacen  perder la estabilidad y control de la nave, el helicóptero cae como en un Vacío, las brújulas y relojes sufren un shock, y nadie sabe explicar porque sucede.

La primera expedición tuvo lugar en Agosto de 1978, con la participación de la Universidad Nacional de San Antonio, y varias entidades oficiales quienes dieron ayuda profesional. Los 12 miembros de la expedición penetraron en la jungla del río Pantiacolla, en un lugar cerca de la unión con el Sinkibenia, en el departamento de Madre de Dios. Se pudo localizar las Piramides, y los petroglifos pre-incas. La ultima parte de la expedición se realizo en helicóptero, ante la imposibilidad de seguir andando por la espesura de la selva, el grupo tuvo que enfrentarse a varios tigres, mantuvo contacto con tribus machigengas, y con un indio Piro. Un fenómeno extraño impidió que llegaran a la  zona de la piscina cuadrada, en la meseta de Pantiacolla. Fernando Aparicio  narra la experiencia:

Teníamos el campamento frente al  cañon, habiamos ido a dormir, cuando en el cañón a una distancia difícil de calcular, vimos caer rayos de una manera realmente impresionante, era en dirección al objetivo 3ª , a unos 50 kilómetros de distancia. Aquellos acontecimientos me hicieron recordar los cataclismos de las películas. Una  extensa zona era bañada por rayos, que se multiplicaban por miles, para luego volver, a subir hacia el cielo limpio de nubes, en una frecuencia que me hizo pensar  que no podía haber ser vivo, en aquella zona, durante horas, resultando ser el espectáculo mas impresionante. Después un fuerte viento que saliendo del cañón  soltaba, las carpas(tiendas de campaña) ponía todo el campamento en peligro. Nos miramos unos a los otros preguntándonos que seria aquel fenómeno, que parecía el fin del Mundo.

La 2ª expedición, se realiza 1979, partiendo de Paucartambo, se llego hasta choquecancha, y desde aquí se descubrieron los petroglifos de Paititi Kcahuarina, que significa “desde donde  Paititi puede ser visto”. La 3ª expedición en 1980,siguio desde choquecancha la antigua ruta de huida de los Incas. La 4ª expedicion  en 1981 y 82,se explora una zona intermedia entre las anteriores, descubriendo, una maqueta de ciudad inca labrada en una roca, y las ruinas de una ciudad inca de estilo arquitectónico port-imperial. Y se entra en contacto con una tribu de machigengas, que mastican hojas de coca.

El grupo Rama de Perú, realiza dos expediciones al Paititi. Ellos creen que allí se encuentra la Base Azul, y la ciudad de Cristal, un lugar donde se encuentran extraterrestres de Alfa Centauro, con seres de Venus y Morlen, según las informaciones de sus comunicaciones telepáticas  y sus supuestos encuentros. Las dos expediciones buscaban entrar en la Base, y solo llegan hasta los petroglifos de  Pusharo.

Gregory Dejermenjian y el fotógrafo ingles , Michael Mirecki, organizan una expedición para aquella zona en 1984, llegan hasta una tribu machigenga, donde conocen al jefe Goyo, buscan en la selva , y encuentran bien arriba del río Mameria, ruinas de muros de dos metros de altura y 10 de ancho , ( este lugar es  conocido como espiritupampa)chulpas, un horno inca, etc. Goyo el jefe machigenga informo que Paititi debería estar mas arriba, en una de aquellas montañas próximas. Aparentemente aquella montaña no había sido escalada desde los tiempos de los Incas, porque la subida era extremadamente difícil, repleta de raíces enormes y enredaderas, habia una senda en dirección a la montaña. Según Deyermenjian la montaña en la que se sitúa el Paititi , se llama Apukatinti.sin embargo nadie sabe cual de aquellas montañas es Apukatinti.En 1986 una expedicion llego a lo alto de la montaña de mas de 2500 de altura y no encontro el Paititi.

  En Arequipa tuve la Oportunidad de Conocer a Victor Pacheco, que en 1984 condujo una expedición hacia  la zona del Pantiacolla. Desde Sintuya subieron en  canoas hasta donde vive una tribu machigenga, que se encuentra cerca de Pusharo. Victor ya había estado dos veces en contacto con esta tribu, él cree, que los machigengas son los guardianes del Paititi, y la ciudad  son recintos subterráneos, donde en la actualidad conviven seres de espacio, con indígenas descendientes de la antigua civilización de la Amazonia, y restos de los Incas que huyeron en el momento de la conquista. Allí vive una chica que tradujo del castellano al Machigenga. Y pudo conversar con el jefe “Él tochan “. Se sorprendió que el jefe a diferencia de los demás miembros de la tribu, se sentara en perfecta posición de loto, como si fuera un yogui. Puro observar que los indígenas eran perfectos telepatas y tenían desarrolladas sus capacidades paranormales. En varias ocasiones pudo conversar telepáticamente con ellos. Y se dio cuenta que los indígenas sabían hasta lo mas mínimo de sus pensamientos e intenciones, y veían las  energías de sus auras. Los pájaros se posaban sobre los hombros de los indígenas sin miedo.

En una conversación con ayuda de la traductora, tuvo la siguiente conversación con el jefe.

Jefe: ¿Por qué habéis venido hasta aquí?

Victor: buscamos el oro de los Incas.- al responder esto se armo un revuelo –pero él siguió-, pero el oro que esta dentro del corazón.

Victor, les pregunto: Conoces este banderín, (en él habían unos símbolos, una torre, y 2 serpientes.)El jefe le dijo que sí. ( este banderín tenia un supuesto símbolo de los seres de blanco que viven en la ciudad subterránea del Paititi)

Victor siguió con sus preguntas, cogió dos platos y los junto dé forma que parecían discos voladores(ovni). ¿Has visto discos? ¿Estas en contacto con ellos?

El jefe le respondió, que desde los 5 años, fue separado  de su familia e instruido por ellos(los seres con túnicas blancas)  viven en la ciudad de abajo. (Subterránea).

  La traductora les dijo que como sus intenciones eran puras, ellos cazarían perdices para ellos, yuca, harían masato, danzarían y cantarían para ellos. Y así fue.

   Para Victor los símbolos de los petroglifos de Pusharo señalan las ciudades, indican donde están las puertas de acceso. Comenzó a llover, en una época que nunca llueve. Se quedaron inmovilizados en el lugar de la tribu machigenga. Un día tras otro llovió, el agua de desbordaba del río, y estaba inundando  las chozas de la tribu. Todos estaban con miedo y tristes, hasta los propios machigengas. Cuando las lluvias pararon, los machigengas construyeron lanchas, y les ayudaron a volver hasta Sintuya.  Le contaron que un militar llega en helicóptero hasta allí en busca del oro, con licores, cervezas, y un batallón, y se afianzo allí. No quería irse hasta que encontrara el Oro. Se volvió loco, y sucedió lo  mismo, en una época que no hay lluvias comenzó a llover, sin parar, hasta que tuvo que irse.

  El mensaje de los petroglifos de Pusharo. 

 

Los dibujos que se pueden encontrar aquí, representan rostros que miran, formas que recuerdan el estilo tiwanacota, espirales, ojos, círculos, líneas en zigzag, signos runicos vikingos, dibujos que nos recuerdan las formas celtas, signos de fuerzas centrípetas que crecen, signos que parecen llamas, la orientación de las caras mirando en dirección al Cuzco. O Como cree Víctor Pacheco en dirección a la ciudad perdida. En otro lugar de la zona conocido como kcahuarina, también hay petroglifo, con las caras semejantes, todo indica que estos petroglifos delimitan una zona. , ¿Limitan un lugar sagrado o un lugar prohibido. ?

  Los machigengas son los más pacíficos de la zona, mas adentro habitan los indios Piro más peligrosos, y alrededor del Paititi, los hamawacas salvajes que hasta ahora no han sido vistos, según cuentan lo expertos.

Fernando Aparicio Bueno, la final de su libro en busca del misterio del Paititi, nos cuenta la siguiente experiencia:” En una de las oportunidades que me dirigía al valle del  Kcosñipata, adentrándome por la zona de Paucartambo, viajaba en un camión, observaba la cordillera de los Andes, mis ojos vieron a una distancia un objeto  ovoide alargado, suspendido en el aire, muy lentamente descendía en forma oblicua ocultándose tras una de las mas altas y solitarias cumbres. Pero mis ojos que  no se habían apartado lo volvieron a ver salir de tras de aquella montaña, atravesar mis narices, otra vez, y perderse en la cordillera. La  segundo vez era la comprobación del hecho, no era fantasía”.

  La naturaleza es tan antigua que no tiene tiempo, en su seno cobija todas las formas de vida en ella, como esencia de las cosas, todas las manifestaciones son posibles.

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VER ORO Y SUS MISTERIOS

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Una respuesta to “INCA PAITITI- Tesoro Inca Robado”

  1. interesantísimo ! 🙂

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