ISLA COCOS – Tesoro Misterioso

La serie que estrena esta noche Canal Historia sigue las andanzas de los hermanos Lagina, los propietarios de la isla que tratan de esclarecer las desapariciones, trampas mortales y sucesos inexplicables ocurridos en Oak Island, una pequeña isla situada en la costa de Canadá.

La investigación en este misterioso enclave arrancó en la década de 1700, cuando se recogieran testimonios de personas que afirmaban haber visto luces extrañas durante la noche, desencadenando a su vez que un gran número de personas enviadas para investigar estos fenómenos desaparecieran sin dejar rastro. Años más tarde, dos chicos que habían navegado hasta la isla encontraron un extraño agujero en el suelo, que propició una búsqueda que continúa hasta el día de hoy y que ha involucrado a científicos, historiadores, y figuras de la talla de Franklin D. Roosevelt o John Wayne.

¿Qué esconde la Isla de Oak? ¿Un tesoro pirata? ¿Vikingo? ¿Se trata de una antigua cámara acorazada al estilo de Fort Knox, en Kentucky? ¿Y si fuera el Arca de la Alianza lo que allí está enterrado? Nadie lo sabe en realidad y todos los que lo han intentado averiguar han tropezado con obstáculos inesperados en forma de trampas, porque tan pronto como se excavan unos pocos metros el agujero se inunda de agua de mar procedente de varios canales artificiales y ocultos.

El enigmático pozo de la isla del roble

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La isla de Oak (Roble), en Canadá, tiene montones de leyendas sobre posibles tesoros enterrados por los piratas que, en un tiempo, pulularon por la zona.

En un día de verano de 1795, tres chicos pensaron en ellas cuando se encontraron ante un hoyo de tierra circular, de tierra excavada ya sedimentada y bajo las ramas de un roble, de las que colgaban restos podridos de aparejos de un barco.

Eran tres amigos: John Smith, Daniel McGinnis y Anthony Vaughan. Al cavar sacaron en un principio tierra blanda que cubría un pozo, de duras paredes de arcilla. A los 60 centímetros encontraron una capa de piedras lisas, cortadas a propósito y de un tipo de piedra que no se encontraba en la isla. Evidentemente se encontraban ante un pozo construido a conciencia.

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A los 3 metros hallaron una plataforma de troncos de roble, incrustada horizontalmente, pero no encontraron bajo ella el tesoro anhelado sino de nuevo tierra sedimentada. Era evidente que se trataba de una construcción trabajosa y nada apresurada. Pero no sabían hasta qué punto…

A los 6 metros había otra plataforma de roble y debajo, de nuevo, tierra sedimentada. La decepción y el agotamiento les hizo desistir. Sin embargo no pudieron olvidar el enigmático pozo y años después, en 1803, participaron como miembros destacados en la expedición Onslow, que trató seriamente de aclarar el asunto.

Cada 3 metros aparecía una plataforma de roble, pero no idénticas. Algunas eran especialmente gruesas y reforzadas con fibras de coco, masilla y carbón vegetal.

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A los 27 metros encontraron una losa de pórfido, material prácticamente inencontrable no sólo en la isla del roble sino en toda Norteamérica. Y en la losa una inscripción en un alfabeto desconocido para todos los miembros de la expedición. En este punto hay varias hipótesis. Algunos expertos quisieron traducirlo en una frase un tanto pueril y absurda, basándose en un código de cifras sencillo, que diría: “trece metros más abajo están enterrados dos millones de libras”. Pero otros, como el profesor Barry Fell, un experto en lenguas antiguas, llegó a la conclusión de que se trataba de un dialecto copto mediterráneo, cuyo significado sería religioso.

A partir de entonces se especuló con el posible contenido del pozo, aventurando la posibilidad de que no fuera un tesoro lo enterrado allí, o al menos no un tesoro monetario, sino de otro tipo, o quizás una tumba de alguien especial. Incluso algunos especularon con la posibilidad de alguna relación con Egipto, no sólo por el posible dialecto copto, sino por el propio material de la losa, el pórfido. Pero en ese caso… ¿cuándo y por qué trasladar materiales desde tan lejos?.

Al seguir excavando, a la altura de los treinta y pocos metros, el agua empezó a filtrarse en el pozo, pero ya atardecía y a pesar de que tocaban una nueva capa de algo duro, quizá otra capa de troncos de roble, decidieron que retomarían el trabajo al día siguiente.

Pero al día siguiente el agua había subido hasta 10 metros y seguía subiendo. Y dado que los miembros de la expedición eran gente de la zona, que no podía abandonar su trabajo más tiempo, se dieron por vencidos.

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Un grupo de exploración (traducido: La Compañía de exploración de la Isla del Roble) ha comenzado a tratar los problemas de ingeniería globales de la excavación, llegando por ahora a la conclusión de que es imposible controlar las inundaciones subterráneas del pozo, que comunican directamente con el océano Atlántico, además de no entender las estructuras subterráneas de la isla.

En fin, las teorías siguen pululando locamente en torno al misterioso pozo. Por supuesto no faltan las de siempre ¿estaría allí enterrado el tesoro templario desaparecido tras la eliminación de la orden?…

Sea como sea las intenciones de los constructores son contradictorias. Por un lado convertir lo enterrado allí en inalcanzable y por otro señalar su ubicación… Como si lo importante fuera el efecto creado en la gente. No sólo despertar su codicia sino espolear la necesidad de misterios, que es igual o mayor en todos los seres humanos. Incluso tiene algo que me recuerda al pretexto típico utilizado por Hitchcock en sus películas. Es decir presentar al principio un detalle que, aparentemente, fuera el desencadenante de la historia, para enseguida abandonarlo para ser sustituido por otro motivo y otra trama. O, como en el poema de Itaca del poeta Kavafis, lanzar un señuelo que sirva de motor para ponerse en marcha, pero desvelar con el paso del tiempo que lo importante no es alcanzar ese objetivo sino el viaje en sí mismo. Es más, llegar a descubrir que lo deseable es que ese objetivo no se alcance nunca, para así prolongar el viaje hasta la muerte.

Y rozar así el sentido del sinsentido. Yo al menos me quedo con eso. Con tantas y tantas cosas que en la vida apuntan, una y otra vez, en esa misma dirección. Con lo cual espero que nunca se llegue al fondo del pozo. Pero si alguien tiene ganas de aventuras, ahí sigue la isla del Roble en la costa atlántica de Canadá, esperándole con todo el tiempo del mundo. Le deseo suerte y felices y enriquecedoras experiencias.

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CRONOLOGIA

1795: Daniel McGinnis encuentra el pozo del dinero. McGinnis, John Smith, y Anthony Vaughan cavan 30 pies de profundidad en la tierra temporalmente.

1803: La Onslow Company junto con los 3 buscadores originales comienzan la excavación. Consiguen cavar 90 pies, pero esta excavación se inundó debido a conductos y túneles que comunicaban con el océano.

1804: La excavación paralela que realizó la Onslow Company a 110 pies, también fue inundada al querer acceder al túnel principal donde se encontraba el tesoro.

1849: La Truro Company comienza a cavar. Perforan mediante 2 barriles llenos de “loose metal”. Además recuperaron 3 conexiones hacia el túnel principal hacia el tesoro.

1850: Canal subterráneo y playa artifical donde encontraron en la cala de Smith.

1861: La Isla del Roble se cobra la primera vida humana. Una caldera que estalló mató a un hombre.

1861: El fondo se hundió debido al conectar con tres túneles que se cruzaban entre sí a una profundidad de 100 pies.

1893: Fred Blair y la Oak Island Treasure Company comienzan sus investigaciones. Investigaron el túnel del derrumbamiento.

1897: La formación de rocas en triángulo fue descubierta.

1897: El cemento y el pergamino encontrados fueron descubiertos durante la perforación.

1897: La isla se cobró la segunda vida cuando Maynard Kaiser bajó por el túnel.

1899: El segundo túnel inundado, el túnel del sur de la orilla, fue descubierto.

1936: Fue encontrada la segunda piedra con inscripciones y se descubrieron más evidencias sobre el tesoro.

1965: En un día la Isla del Roble volvió a cobrarse la vida de cuatro hombres: Bob y Bobbie Restall, Karl Grasser, y Cyril Hiltz

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