MOMIAS MOCHE – Lagado Extraterrestre

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Los Anunnaki (tambien llamados Anunna – Hijos de An) fueron los dioses confinados en el mundo subterráneo, también se dice que vivían en Dulkug o Dulku , el “montículo santo” (1)(2) y (3). En el texto sumerio sobre “El descenso de Innana al Mundo Bajo” se identifica a los Anunnaki como los siete jueces del Mundo Bajo (1) y (2). Para otros son una familia de dioses inmaduros, separados de sus padres y abandonados en un mundo que se estaba recuperando de una batalla con una estrella de la muerte.

Annunakis y Humanos en la escultura egipcia

Annunakis y Humanos en la escultura de Mesopotamia

Annunakis y Humanos en la escultura Maya (Palenque) similar a la Sumeria

Annunakis y Humanos en la escultura de los sumerios

La leyenda sumeria dice que existe un planeta más en nuestro sistema solar, llamado Niburu por los sumerios, que tiene una órbita elíptica similar a la de un cometa y que tarda 3600 años en dar una vuelta completa alrededor del sol.

La evolución humana por los Annunakis

Sitchin, así como otros investigadores sostienen la teoría de que los antiguos sumerios conocían la existencia de todos los planetas del Sistema Solar, desde Mercurio a Plutón, éste último descubierto a principios del siglo XX. Y la presencia de un planeta más, con una órbita alrededor del Sol gigantesca (cada 3.600 años), del cual procedían los “Anunnaki”, los dioses de su panteón y que en sus principios fueron el génesis de la vida sobre la Tierra y la causa de la rápida evolución del hombre en nuestro mundo mediante intervención genética.

Hacia finales del siglo XIX el científico alemán Max Uhle, luego de realizar algunas excavaciones en los alrededores de la Huaca del Sol, fue el primero en descubrir los restos de una nueva cultura a la que bautizó como “Proto Chimú”. El arqueólogo peruano Julio C. Tello es quien dio el nombre “Moche” con el que hasta el día de hoy se conoce a esta cultura.

Sin embargo, fue Rafael Larco Hoyle quien realizó los avances más significativos en las investigaciones sobre esta cultura, ordenando el desarrollo Moche en 5 fases y plasmando sus valiosos hallazgos en el libro “Los Mochica” que fuera publicado entre 1938 y 1939.

Aunque los arqueólogos aún no se ponen de acuerdo para determinar un período exacto del desarrollo Moche, es común ubicar a esta cultura entre los años 100 d.C. y 700 d.C.

Actualmente se suelen usar como sinónimos los términos “Moche” y “Mochica” para nombrar a esta cultura, pero esto puede prestarse a confusión ya que la palabra “mochica” hace referencia a la lengua posthispánica de la costa norte denominada “muchik”, que fue utilizada ampliamente hasta hace un siglo y que en menor escala se sigue usando hoy. Los pobladores Moche son anteriores en 500 años a los mochica-hablantes, sin embargo no se puede descartar que hayan sido sus antepasados.

LA GEOGRAFIA

El escenario geográfico donde se ubica la cultura Moche es la costa norte del Perú, abarcando territorios que van desde el valle del río Lambayeque en el departamento del mismo nombre, hasta el valle del río Nepeña en Ancash; sin embargo el núcleo de esta cultura se situó entre los ríos Moche, Chicama y Virú en La Libertad… < Ver Mapa >

Gran cantidad de islas como Guañape, Chao, Macabí y otras, se erigen frente al litoral que perteneciera al territorio Moche, como olvidados relictos de una cordillera que en tiempos remotos corría paralela y muy cerca del mar.

Para Rafael Larco Hoyle el clima que imperó en los territorios Moche ofreció condiciones favorables para el incremento de la población y contribuyó al desarrollo cultural. Se presume que en aquellos tiempos el clima fue cálido, con algunas variaciones de acuerdo con la estación, y se caracterizaba por tener precipitaciones más abundantes y persistentes durante el verano, produciendo una sensación fresca cuando el calor arreciaba y permitiendo el uso de extensiones más grandes de tierras con fines agrícolas.

Debido a la escasez de lluvias y a la elevada temperatura de la costa norte, ésta región presenta una vegetación no muy abundante, con matorrales, formaciones boscosas de espinas, especies arbustivas y otras que para vivir sólo requieren la humedad que captan de la atmósfera. No obstante hacia el norte

EL PUEBLO MOCHE

El notable desarrollo que alcanzó la agricultura durante el período Moche originó el crecimiento de la población, que al mismo tiempo generó una creciente demanda de alimentos. Ante ello la estructura social Moche debió organizarse de tal forma que permitiera garantizar un orden social estable.

Los gobernantes Moche, que en muchos casos adquirían rangos divinos, eran los responsables de asegurar la producción de alimentos y de defender el territorio, y para desempeñar una acertada labor requerían de un pueblo totalmente integrado. Es así que la organización social Moche estuvo conformada casi exclusivamente por dos clases: los gobernantes y el pueblo.

La sociedad Moche era muy apegada a sus creencias religiosas y tenía por divinidad suprema a un personaje mitológico de rasgos felinos, con grandes colmillos y un tocado semilunar en la cabeza, al que Rafael Larco Hoyle dio el nombre de “Ai Apaec”, que en la lengua que hablaban los antiguos Chimú significa “Dios”. se aprecian con mayor frecuencia algunas especies arbóreas como el algarrobo y el faique.

Entre las principales especies de flora que existieron en los terrirorios Moche y que probablemente algunas de ellas hayan tenido su centro de origen en esa región destacan el maíz, frijol, pallar, papa, yuca, camote, pepino, tuna, melón, guayaba, papaya, palta, pacae, lúcuma, chirimoya, guanábana, tumbo, calabaza, zapallo, san pedro, achupalla, totora y otras.

ULTIMOS DESCUBRIMIENTOS

DAMA DE AMPATO: El 8 de septiembre de 1995 un grupo de arqueólogos dirigido por el americano Johan Reinhard, hizo un descubrimiento extraordinario en Ampato en Arequipa, a unos 6.000 metros de altura. Había tres momias, una de ellas – entonces llamada Dama de Ampato – estaba perfectamente conservada. Las pruebas de rayos X confirmaron que sus cuerpos estaban casi intactos.En mayo de 1996, una serie de estudios concluyeron que la momia pertenecía a una niña de 12 años que había sido ofrecida en sacrificio.

SAN JOSE DE MORO: Una vez más en el norte, el arqueólogo Luis Jaime Castillo trabajó desde 1991 en el complejo de San José de Moro, 130 km al norte de Trujillo. El 29 de julio de 2004, el diario El Comercio dio la primicia: el descubrimiento de la tumba de un personaje de élite, relacionada con el culto religioso. La escena pertenece al período entre el final de la cultura Moche y el comienzo de la cultura Lambayeque. Esto se debe a que tal como dijo el Dr. Castillo, San José es uno de los pocos lugares en el mundo donde las culturas coincidían diferentes tiempos.

SEÑORA DE CAO: Volvimos a sorprendernos con un descubrimiento que no necesitaba adjetivos. Ocurrió el 16 de mayo de 2006. Era la tumba de una mujer en la Huaca Cao Viejo, en el valle de Chicama. El proyecto clamó victoria cuando los arqueólogos, dirigidos por Franco Regulus, encontraron un fardo funerario de cientos de kilos y 1,80 m de longitud.

CHOTUNA-CHORNANCAP: El 20 de octubre 2011 se produjo el último evento importante (hasta la actualidd). El descubrimiento de la tumba de un sacerdote de Sicán en la huaca Chotuna-Chornancap, a 10 km de la ciudad de Lambayeque. Después de cinco años de investigación, la recompensa para el grupo liderado por Carlos Wester La Torre fue encontrar la primera tumba de élite asociada con la leyenda de Naylamp.

VENTARRÓN: un templo de 4.500 años de antigüedad, con la pintura mural más antigua de América. El complejo abarca alrededor de 2.500 metros cuadrados. Un mural en dos paredes representa a un venado atrapado en una red, otro tiene un diseño abstracto en rojo y blanco. El templo fue construido de ladrillos de los sedimentos del río, su construcción es única en la costa norte. Cuenta con una escalera que lleva a un altar de fuego.

CARAL: Cerca a Lima. De unos 193 km al norte proviene la increíble historia de Caral.  Entre 1994 y 1995, todos sabíamos de esta civilización, pero fue la arqueóloga Ruth Shady y su equipo quienes confirmaron que era más antigua que Chavín. Caral se hizo merecedora del calificativo de la ciudad más antigua de América.

SEÑOR DE SICAN: Otra sorpresa hallada en la Huaca Loro en Batán Grande, a 56 kilómetros de Chiclayo. En 1991 el arqueólogo japonés Izumi Shimada encontró una cámara de entierro en el complejo (Tumba Oeste) de siete nichos.En el centro estaba el Señor de Sicán, con su cuerpo pintado de rojo para infundir miedo y con una máscara de oro en la cabeza para imponer respeto. Fue una cultura de gran dominio cuya gloria tuvo lugar en los años 950 y 1050 DC.

SEÑOR DE SIPAN: Fue el más extraordinario descubrimiento de la arqueología peruana. El investigador Walter Alva miró sorprendido pero confiado la Tumba Real de Sipán, un noble de alto rango con una mira expresiva como si él hubiera sabido que alguien lo encontraría.

“Era la tarde del 26 de julio, y sentí un encuentro mutuo. A partir de ese momento y a través de ese gran personaje, he sentido y siento que estamos reviviendo un poema”.

LA ARQUITECTURA

Los Moche desarrollaron monumentales e impresionantes obras arquitectónicas, entre las que se distinguen unas de carácter público y otras de tipo doméstico.

Las estructuras públicas fueron construidas, por lo general, sobre plataformas cuadradas o rectangulares, con terrazas escalonadas, techos decorados, paredes pintadas con variedad de colores y con iconografía religiosa. Las obras domésticas, en cambio, son mucho más simples, y estuvieron conformadas por conjuntos de habitaciones dispuestas una a continuación de la otra.

Numerosas construcciones piramidales de origen Moche han adquirido gran importancia por los hallazgos que se han realizado en ellas, destacando Pañamarca en el departamento de Ancash; Sipán y Pampa Grande en Lambayeque; La Cruz, Cao Viejo, El Brujo, Mocollope, Galindo, Dos Cabezas, Pacatnamú, San José de Moro, Huaca del Sol y Huaca de la Luna en La Libertad.

Las edificaciones más importantes de esta cultura, por su posición estratégica y el contexto laboral, habitacional y funerario asociado a ellas, se levantan en el valle del río Moche y son la Huaca de la Luna y la Huaca del Sol.

La Huaca de la Luna fue el templo sagrado en donde se realizaban las ceremonias y rituales de tipo religiosos, y cuyas paredes aún conservan los adornos y pinturas murales polícromas elaboradas en aquellas épocas.

La Huaca del Sol era el centro de poder político y administrativo, se erigió sobre una plataforma rectangular de 228 m de largo por 136 m de ancho, y tuvo una altura de 40 m. El cronista boliviano Antonio de la Calancha recogió la creencia popular que indica que esta imponente construcción había sido levantada por 200,000 hombres en tres días de trabajo, utilizando para ello unos 130 millones de adobes. Un hecho cierto es que hoy sólo se puede apreciar parte de la construcción original de la Huaca del Sol, ya que más de media pirámide fue destruida.

LA ORFEBRERIA

Los Moche fueron eximios orfebres y alcanzaron un alto grado de perfeccionamiento al trabajar el oro, la plata, el cobre y diversas aleaciones, a través de hornos simples con pequeñas corrientes de aire canalizadas por tubos.

Los Moche elaboraron objetos de tipo utilitario como cinceles, agujas, cuchillos, anzuelos, copas, etc, y otros de tipo ornamental como collares, pecheras, orejeras, narigueras, máscaras, coronas, etc.

Debido al escaso mineral que existe en la costa norte, los Moche dieron mayor importancia a los objetos ornamentales, especialmente a aquellos relacionados con el poder político, la jerarquía social y la religión; es por ello que los acabados, la pureza y los motivos de dichos objetos son de la más alta calidad.

El oro en aquel entonces era materia divina y por ello sólo se utilizaba para engalanar a los grandes personajes, especialmente a los Gobernantes y Sacerdotes, que fueron los representantes máximos de los poderes terrenales y sobrenaturales.

Una de las muestras más importantes del arte metalúrgico de los Moche fue descubierta en 1987 en el valle del río Lambayeque, en la tumba del Señor de Sipán, donde no sólo se ha encontrado a personajes con suntuosos adornos personales, sino también finos ropajes elaborados en base a algodón sobre las cuales se cosieron diminutas láminas de oro.

LA CERAMICA

Cuando hablamos de cerámica del Perú prehispánico, debemos referirnos como una de las más perfectas a aquella que desarrollaron los Moche, debido a sus colores, formas, variedad de motivos y finos acabados.

La cerámica Moche presenta dos estilos muy bien diferenciados: el escultórico y el pictográfico. La cerámica escultórica, por el pequeño espacio del que dispone el artesano, presenta tan sólo uno o dos personajes, adaptando su necesidad de espacio al volumen del recipiente, y dando como resultado guerreros arrodillados, hombres enrrollados, un animal reposando, una cabeza, un fruto, etc. A este estilo pertenecen los famosos “huaco retratos” que rinden culto a la personalidad y a los estados de ánimos; así como otros que reproducen con cierta fidelidad las riquezas que conforman el entorno natural.

En los ceramios de tipo pictográfico el dibujante puede mostrar mucho más, en ellos representa grandes escenas de todo tipo, plasma numerosas personas en diferentes planos, pinta el cielo, mar, tierra, islas, playas, etc, reduciendo para ello el tamaño de los personajes. La cerámica pictógráfica fue hecha con pinceles finos, a mano segura y sin enmiendas, y presentan dibujos fáciles, vivaces y llenos de alegría, donde el pintor generalmente no dibuja lo que ve, sino lo que sabe de su modelo.

Destacan entre las representaciones de la cerámica Moche aquellas relacionadas con sus aventuras marinas, ya que el mar ofrecía numerosos recursos para su sostén, pero al mismo tiempo era el hogar de “seres monstruosos” que les infundían temor y respeto. También plasmaron los peces que extraían, y las aves que les brindaban el guano que después usaban en sus labores agrícolas.

El realismo y objetividad de los motivos de la cerámica Moche es muy variable. Las representaciones de plantas y animales son por lo general realistas, sin embargo se han encontrado ceramios de frutos teñendo flautas, papas con fisonomía humana, felinos con hocicos de zorro y espalda dentada, etc, denotándose con ello una clara mezcla entre lo subjetivo y lo objetivo.

Un detalle curioso de la cerámica Moche es que la figura masculina opaca rotundamente la presencia femenina, pues en estos ceramios el hombre aparece pescando, danzando, festejando, navegando, combatiendo, es llevado en litera, y también aparece herido, mutilado, desnudo o como esclavo. Por el contrario, la mujer sólo aparece al lado de un jarro de chicha, cargando a un niño, pariendo, como partera, o en escenas eróticas.

No obstante aquella diferenciación de estilos, se sabe que la cerámica Moche, tanto escultórica como pictórica, tiene fines netamente utilitarios, es decir, fue elaborada con el fin de servir al hombre.

Hace 8,000 años los antiguos habitantes del Perú iniciaron un proceso de domesticación de la flora y fauna silvestre, logrando con ello importantes aportes para el desarrollo humano, como el inicio de una ganadería al servicio del hombre y una incipiente agricultura que les permitió empoderarse de los territorios que habitaban, pasando de nómades a sedentarios.

La evidencia encontrada en los territorios que ocupó la cultura Moche, que nos ocupa en este tema, indica que diferentes plantas como la áchira, frijol, pallar de los gentiles, ciruela del fraile, algodón, guayaba, pacae, lúcuma, ajíes, zapallos, mate, etc, etc, fueron cultivados hace por lo menos 4,400 años en Huaca Prieta, ubicada dentro de lo que hoy se conoce como el Complejo Arqueológico “El Brujo”.

El Complejo Arqueológico El Brujo ocupa una superficie de 100 hectáreas, se ubica a 616 km. al norte de la ciudad de Lima, frente al mar, en la margen derecha del valle del río Chicama, en el distrito de Magdalena de Cao, provincia de Ascope, departamento de La Libertad, en la ecorregión del Desierto del Pacífico, y es el único sitio arqueológico del Perú que ha sido ocupado ininterrumpidamente durante los últimos 5,000 años por diversas culturas como Cupisnique, Salinar, Gallinazo, Moche y Lambayeque… <Mapa de Ubicación>

Y son precisamente los Moche quienes, entre 200 d.C. y 700 d.C., marcaron uno de los momentos más importantes de la ocupación humana de El Brujo, complejo conformado por misteriosas construcciones piramidales conocidas hoy como Huaca Cortada o Huaca El Brujo y Huaca Cao Viejo o Huaca Blanca, que sobresale por haber sido el espacio ceremonial y ritual de este lugar, en donde se celebraron combates ceremoniales en honor al dios Ai Apaec con el fin de mitigar su furia y como ofrenda a cambio de una mayor fertilidad de la tierra, el mar, los animales y las personas.

Los combates ceremoniales llevados a cabo en la plaza principal de la Huaca Cao Viejo fueron realizados por guerreros que representaban diferentes poblados del lugar y que acudían ataviados con cascos, pectorales, muñequeras, anillos de metales, lanzas, porras, estólicas, hondas y cuchillos.

Los guerreros que perdían durante los combates ceremoniales eran sacrificados, sus cabezas eran cortadas y, al igual que en otras culturas de la antigüedad, la sangre de los vencidos pudo haber sido servida en copas ceremoniales hechas de oro, plata u otro metal precioso, para ser bebida por el Sacerdote del lugar, quien era el representante de los dioses en la tierra y el nexo entre los gobernantes y su pueblo. Al hacer esto, el Sacerdote estaba convencido que se apoderaba de las almas, la fuerza, el valor y voluntad de los guerreros caídos. Este ritual de connotación religiosa, que visto con los ojos de nuestra época resultaría macabro, era una práctica común para los Moche.

Si pudiéramos dar una mirada retrospectiva, ubicándonos en la época del máximo esplendor Moche hace 1,500 años, veríamos a la Huaca Cao Viejo como un suntuoso templo piramidal hecho con millones de adobes y diseñado por eximios arquitectos, que enlucieron sus paredes con adornos en altorrelieve, bajorrelieve y pinturas murales de encendidos colores rojos, amarillos, azules, blancos, y negros, que representaban a sus deidades, sus ritos y tradiciones. Cao Viejo tenía por lo menos 120 m de largo, 100 m de ancho y 30 m de altura, y ha sobrevivido hasta nuestros días no obstante el paso del tiempo, los devastadores fenómenos de El Niño que azotaron repetidamente esa región y movimientos telúricos que habrían podido destruir cualquier otra construcción.

La Huaca Cao Viejo aún conserva en sus paredes parte de la iconografía que los antiguos habitantes de El Brujo plasmaron en ellas hace siglos. Allí aparecen numerosas representaciones de divinidades como el dios de la tierra Ai Apaec en sus distintas formas, tanto como el “degollador” o como el “hombre araña”. Asimismo, aparece el felino mitológico representado con orejas en forma de pico, espalda dentada, patas con garras, hocico de zorro, dientes filosos, cola corta y redondeada.

También es abundante la iconografía de animales como el cóndor, la mantaraya y el life, pequeño pez de agua dulce que hasta el día de hoy puede ser encontrado en los ríos y humedales cercanos a El Brujo, y que les servía de alimento… en lengua muchik life significa “pez que vive cerca de la superficie”.

La Huaca Cao Viejo está compuesta por una plaza principal, un patio ceremonial y numerosos recintos entre los que destaca el Mausoleo, lugar donde se realizó uno de los hallazgos más importantes de los últimos tiempos y que dejó asombrado al mundo entero:
la tumba de la Señora de Cao.

La Señora de Cao, como se ha denominado a la mujer encontrada en esa tumba, fue para algunos la autoridad suprema y para otros una Reina Guerrera que gobernó El Brujo mil años antes que aparecieran los Inca. Su pueblo estuvo conformado por 3,000 a 5,000 personas, dedicadas a actividades de pesca, agricultura, alfarería y textilería.

Los exámenes de Carbono 14 y ADN practicados a la Señora de Cao, indican que esta mujer habría fallecido entre los 20 y 25 años de edad, y que habría tenido por lo menos un hijo. Este personaje parece haber sido muy respetado por su pueblo, quienes la sepultaron con todos los honores de un alto dignatario en un ostentoso Mausoleo ubicado en la pirámide Cao Viejo, cuyas paredes fueron pintadas con símbolos que representaban al dios Ai Apaec, lifes, mantarayas, el felino mitológico y el cóndor que simboliza la unión entre el cielo y la tierra.

La tumba de la Señora de Cao fue sellada herméticamente con troncos de algarrobo que encajaban perfectamente entre sí, impidiendo el paso de la humedad, el polvo y organismos que hubieran podido descomponer su cuerpo. Junto a la tumba de la gobernante se encontraron tres entierros de personas de género masculino que fallecieron 50 a 100 años antes que ella, quienes probablemente hayan sido parientes suyos o quizá los guías espirituales de su camino al más allá.

El cuerpo de la Señora de Cao fue encontrado recubierto con un mineral rojizo llamado cinabrio o sulfuro de mercurio, asociado por su color a la sangre. Este mineral permitió el excelente estado de conservación del cuerpo y de sus órganos internos… tómese nota que los Moche no embalsamaban a sus muertos ni tampoco los evisceraban, siendo el caso de la Señora de Cao un notable hecho de excepción.

La Señora de Cao fue hallada envuelta en numerosos mantos que guardaban los símbolos de su poder: cuatro coronas de oro, una de ellas con representación de un fiero rostro felino, un plato dorado que cubría su rostro, aretes y narigueras de figuras antropomorfas, un cetro ceremonial de madera y oro, finos collares con cuentas de piedras preciosas y otros dijes de oro con representaciones de rostros humanos, y también husos para tejer, que era la actividad cotidiana de las mujeres Moche. Dentro de la tumba, pero fuera del fardo, se halló un ceramio blanco de fina factura que muestra la figura de un curandero y una mujer cargando a una pequeña niña.

Llaman la atención los tatuajes en brazos, manos, piernas, pies y dedos de la Señora de Cao, representando arañas y serpientes asociadas a la fertilidad de la naturaleza, caballitos de mar relacionados con el océano y otros símbolos aún por descifrarse. Los tatuajes de la Señora de Cao denotaban su elevado estatus dentro de la sociedad Moche, y aunque hasta ahora no se ha podido identificar el origen de los tintes utilizados, se presume que la técnica empleada para tatuar puede haber sido muy parecida a la que se practica actualmente.

El descubrimiento de la Señora de Cao es un hito importante para la historia del Perú preincaico, debido a que es el único entierro hallado en casi perfecto estado de conservación no obstante los 1,550 años transcurridos hasta la fecha, y gracias a lo cual se han podido recuperar textiles, piel humana y diversa información que antes no podía obtenerse debido al deterioro de los restos Moche, tanto por factores climáticos como por saqueo. El buen estado de conservación de la momia de la Señora de Cao se debe a que la tumba estuvo protegida de tal forma que no permitió el paso del agua de lluvias, y a su ubicación elevada que impidió la filtración del agua subterránea a pesar de estar muy cerca del mar.

Merece destacarse el trabajo conjunto que hace 17 años vienen realizando la Fundación Wiese y el Instituto Nacional de Cultura en favor del importante patrimonio cultural del Complejo Arqueológico El Brujo, mediante un manejo responsable que genera beneficios económicos para las comunidades aledañas y rescata la identidad cultural del pueblo Moche.

Perú Ecológico está muy agradecido por las facilidades que la Fundación Wiese ha brindado para la obtención de información y de algunas imágenes inéditas que se dan a conocer por primera vez al Perú y el mundo, a través de nuestro Portal.

Los Moche o mochica. Fueron una cultura precolombina, guerrera y teocrática, que entre los siglos II y IX crearon una civilización rica en la costa norte de Perú. Además, fueron contemporáneos de la cultura Nazca, del sur del país.

Esta sociedad era muy avanzada respecto a su tiempo: canalizaron aguas y sistemas de riego, construyeron acueductos, depósitos… Como es obvio, su sustento se basaba en la agricultura, y utilizaron fertilizantes animales y cultivaron el maíz, la calabaza, la chirimoya, el fríjol y la mandioca. Los principales asentamientos mochica se sitúan en el valle del río Moche, principalmente en las Huecas del Sol y de la Luna, donde edificaron majestuosos palacios para los reyes, auténticas autoridades políticas y religiosas.

El Señor de Sipán fue hallado en 1987, por el arqueólogo Walter Alva. Su fama se debe a que su momia estaba muy bien conservada, y sin rastro de saqueos. El lugar se compone de tres pirámides, en la más pequeña de todas se encontraba nuestro rey. A su alrededor se hallaba su esposa, dos mujeres jóvenes (sus esposas menores), un niño, un jefe militar, el portaestandarte, el vigía, el guardián de la tumba y un perro.

El Señor de Sipán fue un hombre bajo, de 1.67 m, y que murió cuando llevaba tres meses en el cargo en el siglo III de nuestra era. Su sepulcro es magnífico; el cuerpo estaba cubierto de collares y alhajas de oro, plata, cobre dorado y piedras semipreciosas. Dentro del cráneo poseía unos ornamentos, y laminillas de oro protegían su mentón, el cuello y las mejillas. Además contaban con algunos relieves que cubrían la boca y los pliegues faciales. Probablemente fueron hechos para adornar la momia, y no para el uso cotidiano. También se encontraron dos orejeras con figuras de venados. Estaban hechas de turquesas y oro, y decoradas con un borde de 38 esferas de oro. Dos narigueras de oro en forma de luna completaban el conjunto de joyas más espectacular.

El área estaba cubierta de tablones, debajo de los cuales se situaban 29 piezas de cerámica junto al cuerpo del Señor de Sipán. Dentro de ellos se encontraron restos orgánicos y bebidas, seguramente ofrendas para el fallecido rey. Los sarcófagos estaban cubiertos por tres tapas de madera unidas por cintas metálicas, hechas a base de cobre; cabe destacar el increíble uso de las técnicas de carpintería y metalurgia de este pueblo. Traspasando todo esto se llegaba al “ataúd” de madera de el Señor de Sipán.

Bajo las tablas de madera del sarcófago principal, se encontraron las tumbas de  un sacerdote bastante importante en su época y contemporáneo a nuestro rey, y de un descendiente de éste.

Unos 150 años después del reinado de el Señor de Sipán, en el valle de Chicama, una reina gobernó al norte de Perú: la Señora de Cao. Su momia, prácticamente intacta, fue descubierta en 2005, en el centro ceremonial de Cao viejo, en el complejo arqueológico de El Brujo.

La Señora de Cao fue la mujer que rompió con la creencia que se consideraba desde hace poco de que sólo los hombres ejercían altos cargos en la sociedad Moche, pues el ajuar que le acompañaba sabemos que incluso era considerada un ser divino.

Sus restos corresponden a los de una chica joven, de unos veinte años, de 1.45 m.  Poseía dieciocho collares de oro, lapislázuli, cuarzo turquesa rodeando su cuello, treinta adornos de nariz de oro y plata, diademas, una corona de oro decorada con una cara salvaje, dos mazas ceremoniales, y algunas armas. Incluso se sacrificaron a algunas personas para que la acompañasen en el viaje al más allá. Se piensa que murió tras dar a luz debido a la dilatación y las cicatrices de su abdomen. Su cuerpo estaba tatuado, con dibujos de serpientes y arañas.

Su mausoleo se compone de un recinto con un patio central, donde además de la tumba de la Señora de Cao se encontrabas otras secundarias. El sepulcro estaba cubierto de dos pisos de adobe, una capa de tierra, seis capas de adobes, cañas y seis troncos. Por último, la envoltura funeraria estaba rodeada de cerámicas y se cubría con un petate; a su lado se encontraba la joven sacrificada con una cuerda al cuello.

El buen estado de conservación de la momia se debe a que estaba cubierta de sulfato de mercurio o cinabrio.

Sin duda ambos hallazgos representan muchísimo para Perú, pues tras los innumerables saqueos sufridos, encontrar por fin dos momias perfectamente conservadas y con su ajuar funerario debe haber supuesto un gran hito para la arqueología peruana.

EROTISMO MOCHE

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