MURALLAS MEGALITICAS

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Autor del Blog: Jorge Mier Hoffman en Machupicchu

OLLANTAYTAMBO

En el extremo opuesto a Písac y a 80 Kms. de la ciudad del Cusco encontramos el pueblo de Ollantaytambo, un espacio donde el diseño del complejo arqueológico se confunde con el actual pueblo. A este distrito de la provincia de Urubamba se llega por la carretera asfaltada Chinchero – Urubamba, y también por vía férrea (68 Kms.). Se encuentra a 2,700 metros de altura, y tal como lo hemos señalado, tanto su diseño como las bases de la mayoría de sus edificaciones corresponden a la época del Incario.

El complejo arqueológico de Ollantaytambo fue un estratégico centro militar, religioso y agrícola. El escenario arquitectónico es de excepcional interés por el tamaño, estilo y originalidad de sus edificios.

El origen del nombre tiene varios enfoques. De acuerdo a la lengua aymara, Ollantaytambo deriva del vocablo ulla-nta-wi, que quiere decir “lugar para ver hacia abajo”; el término tambo, es añadido posteriormente. Para la lengua quechua, el nombre proviene de la palabra Ollanta (que es el nombre de un capitán Inca, cuya historia se guardó como una tradición oral, y escrita como un drama de Antonio Valdez, sacerdote de Urubamba, a mediados del siglo XVIII) y del término, tambo, una derivación española del vocablo quechua tampu; que quiere decir, “ciudad que ofrece alojamiento, comida y consuelo a los viajeros”.

Testimonios de pobladores de Ollantaytambo dan cuenta de los conflictos y antipatías que existían hacia los incas. La historia menciona que sus habitantes se negaron a pagar los impuestos ordenados por el Inca Pachacútec, por lo que fueron inmediatamente ejecutados.

Con la victoria, Pachacútec reclamó el territorio como propio, y ordenó la construcción de los magníficos edificios que hoy ostenta la ciudad. Para ello, se sirvió de mano de obra de los hijos del Collao, un área cerca al lago Titicaca y Tiahuanaco, que también fue vencida. Los hijos de Chuchi Cápac, el general vencido de los Collao, tuvieron que trabajar como constructores de la fortaleza, pero no pasó mucho tiempo para que decidieran rebelarse y huir. Finalmente, tras muchos enfrentamientos y gran derramamiento de sangre, el Inca Pachacútec logró contener la violenta rebelión.

Otra parte de la historia de esta ciudad la protagonizó la resistencia indígena de Manco Inca, quien, luego de mantener cercado por meses al Cusco, y al ver que sus propias fuerzas se debilitaban, se retiró a Ollantaytambo. La ciudad le ofrecía una perfecta defensa, cubierta por once andenes escalonados, que le permitieron en el año de 1537 vencer al ejército de los conquistadores españoles, antes de que el monarca inca se retirara a Vilcabamba.

Drama inca
Ollantaytambo quedó grabado en la memoria del mundo gracias a un drama escrito en el siglo XVI, y representado en el teatro en el año 1780. La historia narra el conflictivo amor entre el general Ollanta y Cusi Coyllor, la hija de Pachacútec. Ollanta era distinguido de los otros generales del imperio por su valentía y gran habilidad, pero tuvo que dejar de la ciudad decepcionado por no poder amar a una muchacha que no pertenecía a su clase social. Ya lejos, Ollanta incitó a la población a la rebelión contra el ejército imperial, causando una guerra que duró toda una década. Finalmente, nuestro héroe fue capturado por la traición del capitán Rumiñahui, y llevado al Cusco ante Túpac Yupanqui; quien, luego de escuchar la historia, decidió liberarlo y aceptarlo como compañero de su hermana.

Descripción
Ollantaytambo es otro parque arqueológico nacional al cual se le atribuyen diferentes funciones. Por su ubicación estratégica. Ollantaytambo fue una construcción militar levantada para proteger la capital del imperio incaico de las posibles invasiones de los Antis. También se dice que fue construida para habilitar caminos hacia el Antisuyo.

Lo que nadie discute es que fue una ciudad muy fortificada, rodeada de una pared con pukaras o fortalezas. La principal de ellas es la llamada Casa Real del Sol; pero también podemos encontrar las fortalezas de Choqana e Inkapintay, en el lado izquierdo del río Urubamba.

Es una de las pocas ciudades que aún mantiene la planificación urbana incaica. Está dividida en dos partes por el río Patacancha: la primera (al este) es de forma octogonal con manzanas de diferentes tamaños, y la segunda (al oeste) es de carácter ceremonial, donde se halla la Plaza Mañay Racay conocida como Aracma Ayllu.

Ollantaytambo – El Pueblo
El pueblo se dividía en bloques rectangulares con un esquema geométrico bien planeado que da la impresión de ser un pueblo diseñado por arquitectos modernos. Sus calles delgadas se abren en dirección al río Urubamba. Cada manzana o cancha está compuesta por un conjunto de viviendas que comparten una misma puerta hacia el patio central.

Originalmente, se usaba un puente colgante, hecho con fibras trenzadas de ichu o maguey, que debían ser renovadas anualmente. Hoy, los puentes de piedra que atraviesan el río están construidos sobre dos enormes cantos.

La actividad agrícola de esta zona se vio beneficiada por la presencia del riachuelo de Patakancha, lugar donde se veía grandes terrazas de cultivo que en la actualidad están deterioradas y abandonadas.

Ollantaytambo – El sector ceremonial
Estaba dedicado principalmente al culto de “Unu” o “Yaku” (deidades del agua). Por ello, existieron una serie de fuentes que sirvieron para este fin, como el Baño de la Ñusta, que es una de las fuentes labradas en una sola pieza de granito, de 1.30 metros de alto por 2.50 metros de ancho. Es una de las más conocidas y todavía fluye agua de su interior.

Este lugar está constituido por una corta planicie que lleva a un enorme cerro en cuyos lados se ubican diversos monumentos arqueológicos. El principal de ellos se ubica en la cima y es conocido como La Fortaleza o Casa Real del Sol.

Las Terrazas de Ollanytambo
Al oeste de la plaza se halla un conjunto de terrazas que sirvieron para dos propósitos: el cultivo, y para detener la corrosión de los templos más importantes de la zona.

Hacia la derecha se ubican los andenes orientados hacia el lado de la plaza. El grupo superior de éstos, destaca por el fino labrado de sus piedras y su excelente ensamblaje. El último andén contiene el recinto con diez hornacinas, llamado también, el Templo de las diez ventanas, y la Portada Monumental, cuya función aún se desconoce.

Destaca también el Inca Misana, un acueducto tallado en las piedras de la montaña, junto a una fuente litúrgica, pequeñas escaleras, y nichos de aperturas falsas; que servían como lugar donde el Inca hablaba a su gente.

La posición privilegiada de Ollantaytambo, permitió que hubieran otros edificios pequeños localizados estratégicamente en ángulos altos de las montañas, para controlar el movimiento de la gente en el valle.

La Fortaleza o Casa Real del Sol en Ollantaytambo
La Casa Real del Sol, y Ollantaytambo en su totalidad, aún conserva el trazado de la planificación urbana del incanato. Sus habitaciones aún recuerdan la presencia de Manco Inca, quien se enfrentó a Hernando Pizarro, en 1537, durante la resistencia indígena que continuó por muchos años más.

La fortaleza o adoratorio está conformado por diecisiete terrazas superpuestas, construidas sobre grandes piedras de granito rosa (porphyry rojo) labradas, que llegan a medir más de cuatro metros de alto por dos de ancho, y dos de espesor.

Las paredes o muros de la Casa Real del Sol tienen una inclinación interna, y la principal de ellas, una composición de seis bloques de enormes piedras, con junturas de piedras pequeñas, que son parte del Altar Principal.

Se cree que la principal cantera para la construcción del lugar fue Cachicata, ubicada a 6 kms. de distancia en el lado izquierdo del río Vilcanota. Las rocas se tallaron parcialmente en las canteras, y luego fueron bajadas hacia el valle. Pero hubo algunas, conocidas como “piedras cansadas”, que no llegaron a su destino.

Siempre ha impresionado la forma en que transportaban las enormes piedras desde largas distancias; en este caso, requirieron de un cauce artificial paralelo al río para trasladar las inmensas moles, y subirlas por una empinada pendiente. Utilizaron instrumentos como rodillos de leño, piedras rodantes, sogas de cuero de camélidos, palancas, poleas y la fuerza de miles de hombres.

Se piensa que este tipo de construcción tiene como antecedente la arquitectura de Tiawanako -que pudieron traer los collas, desde la región del Lago Titicaca-, ya que en la superficie externa del cuarto, al extremo sur, hay tres símbolos tallados que pertenecen a la cultura pre-cerámica: el Hanan Pacha (El Cielo), el Kay Pacha (La Superficie de la Tierra) y el Ukhu Pacha (El Subsuelo o Interior). Pero las particularidades incas son diferenciadas por el uso de junturas y superficies exteriores finamente pulidas, que inclusive les sirvieron de espejos.

Para conocer los misterios y el poderío de sus muros puede ingresar a la fortaleza por medio de una escalinata de piedra (recorrido de 15 a 20 minutos) que lo lleva hacia una explanada y a un portal que se encuentra mirando la Plaza Mañay Racay.

Inca Huatana o Intihuatana de Ollantaytambo
Situada en la parte superior del Templo del Sol, en una pendiente casi vertical, elInca Huatana o Intihuatana consta de una pared con nichos altos, en cuyos lados hay orificios de seguridad de hasta 80 cms. de profundidad. Frente a éstos hay una estructura que se encuentra suspendida sobre un precipicio, razón por la que se cree fue utilizada para la tortura y ejecución de prisioneros de guerra o malhechores, aunque la función de observatorio astronómico es la más aceptada.

El Centro Pincuylluna
Pincuylluna, que significa “donde se tañe el pincuyllo” – instrumento de viento de origen inca- se ubica al oeste del río Patucancha, frente al Templo del Sol. Es un complejo arquitectónico que se compone de edificios de tres bloques idénticos y superpuestos. La base de los bloques es rectangular, poseen seis ventanas en la fachada y seis en la pared que da al cerro, proporcionando una adecuada ventilación e iluminación.

En el lugar se encuentran las colcas (depósitos agrícolas) más interesantes del Valle Sagrado, porque a la izquierda de éstas se puede observar un gigantesco bloque de piedra que, para los lugareños, representa el rostro de un inca.

Si desea visitar el lugar, le indicamos que el recorrido es de tres horas de caminata.

Museo de sitio de Ollantaytambo
El museo es obra del Centro Andino de Tecnología Tradicional y Cultura de las Comunidades de Ollantaytambo (CATCCO). Le recomendamos visitarlo porque presenta de manera didáctica y moderna la historia de la región.

Contiene cinco salas en el segundo piso de una casona sobre una antigua cancha inca, lo que permite al visitante conocer más acerca de la historia, arqueología, arquitectura, artesanía y creencias de los habitantes de Ollantaytambo.

Además, esta asociación organiza caminatas a través de siete rutas ancestrales: Yanacocha, Pincuylluna, Pumamesarca, Huílloc, Páchar, Cachicata y Ollantaytambo. Las caminatas toman de tres a siete horas, y cuentan con guías turísticos.

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BAALBEK

Baalbek (o Balbek) se encuentra en el este del Líbano, en el famoso valle de Beqa’a, entre los ríos Litani y Asi. Se localiza en el cruce de dos rutas comerciales de importancia histórica, una entre el Mediterráneo y la Siria Interior, y la otra entre el norte de Siria y el Norte de Palestina.

Los orígenes de Baalbek son un misterio.  Se ha supuesto que inicialmente fue una ciudad fenicia, centro del culto al dios babilónico Baal-Hadad, y su nombre significaría “Ciudad de Baal”; posteriormente, los griegos asimilarían esta deidad a Helios, de ahí que pasara a llamarse Heliópolis. Sin embargo, no existe ninguna evidencia arqueológica de ese supuesto asentamiento fenicio inicial, y dada la ausencia de referencias en las fuentes históricas de un asentamiento semejante, lo más probable es que éste haya sido o de muy escasa importancia o, mucho más probablemente, inexistente. El nombre “Baalbek” no denota una inconmensurable antigüedad. Ni se usó durante la época romana, ni existe evidencia de que se haya utilizado alguna vez con anterioridad a ésta. No parece muy probable que el sitio comenzara a llamarse “Baalbek” en honor a un Baalcualquiera en tiempos posteriores, pues para entonces la región ya se había cristianizado, para ser más tarde sometida por el Islam.

Las primeras referencias firmes acerca de la ciudad datan precisamente del período posterior a la conquista romana.

La famosa terraza de Baalbek es una de las principales bazas de los defensores de la hipótesis de los “Antiguos Astronautas“, según la cual, en un pasado lejano, habitantes de otros mundos habrían visitado la Tierra. Esos navegantes de los espacios interestelares habrían dejado como prueba de su paso mitos dispersos y edificios inexplicables.

La Gran Terraza es una plataforma construida con las mayores piedras talladas conocidas, bloques megalíticos que fueron cortados con gran precisión y colocados para formar unos fundamentos de 460.000 metros cuadrados de superficie. En esta plataforma se encuentran los tres colosales bloques conocidos como elTrilithon, cada uno de los cuales mide casi 20 metros de largo, con una altura de aproximadamente 4 metros y un ancho de 3. El peso de cada uno de esos monolitos monstruosos se ha estimado entre mil y dos mil toneladas; son de granito rojo, y fueron extraídos de la cantera a más de un kilómetro de distancia, valle abajo respecto a la construcción.

Aún es más extraordinario el hecho de que en la cantera haya quedado un bloque aún mayor, conocido por los árabes como Hajar el Gouble, o Piedra del Sur.

 

En 1851, el estudioso francés Louis Felicien de Saulcy, quien más tarde realizaría una de las primeras excavaciones sistemáticas de Jerusalén, permaneció en Baalbek dos días, del 16 al 18 de mayo, y se convenció de que el basamento de la Gran Terraza eran los restos de un templo prerromano; dejó sentada esta opinión en su libro “Voyage autour de la Mer Morte” (“Viaje alrededor del Mar Muerto”) que data de 1864.

La hipótesis del origen extraterrestre de la terraza de Baalbek aún tardaría en llegar. El primero en exponerla fue el físico bielorruso Matest M. Agrest, en 1959. Agrest es considerado como el primer científico en avanzar la hipótesis de que la Tierra fue visitada en tiempos prehistóricos por inteligencias venidas del espacio exterior; su famoso artículo “Astronautas de la Antigüedad” (Kosmonauty Drevnosty) se publicó en 1961. En sus hipótesis, Agrest le da una gran importancia a la historia bíblica de Enoch, y a la oscura referencia del Génesis que habla de los Nefilin. Propuso, asimismo, que las tectitas son prueba de esas visitas extraterrestres y que lo que realmente ocurrió en Sodoma y Gomorra fue una explosión nuclear. Para Agrest, la Gran Terraza habría sido una pista de aterrizaje para los cosmonautas de la antigüedad. Curiosamente, la única fuente de información de Agrest respecto a Baalbek parece haber sido un indefinido libro publicado en París en 1898.

La hipótesis de Agrest respecto a Baalbek en particular, y a los “antiguos astronautas” en general, hizo escuela. Zacharia Sitchin y Däniken siguen también esta misma línea. Las innumerables toneladas de los bloques de Baalbek parecen ser tan fascinantes que existen autores que no se resisten a mencionarlas, aunque no tengan nada que ver con el tema del que están tratando; por ejemplo, Charles Berlitz, quien en medio de un catálogo de maravillas que aparece en su magna obra “El Triángulo de las Bermudas” menciona “las enormes piedras de las fundaciones del templo de Júpiter, en Baalbek, Siria, emplazadas allí mucho antes de la construcción del templo y una de las cuales pesa 2.000 toneladas”. Por cierto, en la actualidad Baalbek no queda en Siria, sino en el Líbano, pero pasémosle por alto este pequeño lapsus.
Es de hacer notar que las especulaciones que atribuyen la Terraza de Baalbek a la acción de los “antiguos astronautas” parten de dos supuestos básicos: que la plataforma fue construida en un pasado muy remoto, mucho antes de los templos que la coronan, que el peso de los grandes bloques supera la capacidad de transporte de la tecnología humana de la época en que se levantó la plataforma (¡y aún en el día de hoy!). Pero ¿son ciertas estas suposiciones? Si seguimos al pie de la letra la leyenda, tal y como se repite una y otra vez, sólo podemos concluir que las ruinas de Baalbek son simplemente imposibles e inexplicables, un misterio sin solución humana.

En los años 1904 – 1905 una expedición alemana realizó la primera excavación sistemática en las ruinas de Baalbek. Los arqueólogos alemanes excavaron a través de la plataforma y realizaron hallazgos muy interesantes. La aparentemente sólida terraza está construida de sólidos megalitos únicamente en sus muros externos. En el interior, bajo el foro, encontraron un laberinto de cámaras rellenas de escombros compactados, con paredes de ladrillo en la típica forma romana de panal; debajo de todo esto, el lecho de roca sólida. En resumen, sólo albañilería y restos romanos. Los cimientos de los templos están fundamentados en el lecho de rocas para poder soportar su peso, ya que la plataforma simplemente se hundiría si descansaran sobre ella. Las paredes megalíticas son en realidad un muro de contención en declive.

Del supuesto asentamiento fenicio previo no se encontraron restos, ni tampoco de ningún otro de una inconmensurable antigüedad. Mucho menos, restos de equipos de láser, pilas de fusión atómica o motores de plasma.

Uno de los recursos más efectivos e impresionantes de los que se sirvieron los ingenieros y arquitectos romanos fue la creación de masivas plataformas en terrazas para soportar grandes edificios o grupos de ellos. Esta idea venía de Grecia, pero fueron los romanos quienes lograron desarrollar todas las ventajas estructurales de construir masivas subestructuras para explotar el potencial funcional de lugares geográficamente accidentados. Ejemplos de estas terrazas se han encontrado en Tiddis (África del Norte), Terracina (Italia), Praeneste (Palestina), y muchos otros sitios.

La conclusión, por extraño que parezca, es que, de acuerdo a los datos disponibles, el emplazamiento es de origen romano. Ni fenicio, ni extraterrestre. Y en cualquier caso, como pista de aterrizaje hubiera resultado francamente deficiente, pues cualquier nave espacial de regular peso hubiera hundido el pavimento.

¿Y los bloques del famoso Trilithon? ¿Cómo es posible que hayan sido desplazados desde la cantera hasta su posición final en la plataforma, por los romanos o por quien fuera?

Aquí son necesarias algunas precisiones. La primera: los bloques no son tan pesados como suelen afirmar los divulgadores de la hipótesis de los “antiguos astronautas”. Ya vimos que von Daeniken les atribuye “casi 2.000 toneladas” y “20 metros de lado”; esto último hace pensar de inmediato en un monstruoso cubo, pero en realidad se trata de “aproximadamente 20 metros de largo”, ya que cada megalito tiene forma de paralelogramo. Berlitz sigue a von Daeniken en el dislate, y habla también de “2.000 toneladas”. Puestos a fantasear, no falta quien les atribuya “millones de toneladas”. Todo esto hace sospechar que existe mucha gente que habla del tema sin molestarse en hacer algunas comprobaciones elementales, para las cuales no es necesario viajar a Baalbek ni excavar en la plataforma. Todo lo que se requiere es conocer la densidad del granito, las dimensiones de los bloques y una modesta calculadora de mano.

La densidad del granito, dependiendo de su tipo, varía entre 2,63 y 2,75 g/cm3. Respecto a las dimensiones de los bloques, no hay dos fuentes que den las mismas medidas; sin embargo, todas coinciden en que ninguno llega a los 20 metros de largo. Según parece, el mayor de los megalitos del Trilithon mide 19,80 por 4 por 3,6 metros. Esto daría un volumen de 285,12 m3. Asumiendo que la densidad de la piedra es de 2,75 g/cm3, el peso del bloque sería de 784,08 toneladas. Por debajo de las 800 toneladas y muy lejos de las 2.000 que Daeniken y Berlitz citan tan alegremente. Por supuesto, en este cálculo casero pueden haberse filtrado varios errores: las piedras pueden tener unas dimensiones reales un poco mayores (¡o menores!) que las mencionadas; la densidad del granito puede ser menor que 2,75 g/cm3 (intencionalmente he usado el valor mayor que he encontrado y no el menor); en la conversión de pies a metros siempre se pierden algunos decimales. De hecho, existen estimaciones aún más moderadas y probablemente más precisas, en torno a las 600 toneladas, y en todo caso, siempre por debajo de las 800.

En cuanto a la piedra más pesada, la llamada “Piedra del Sur” (otras fuentes le dan el nombre de “Piedra de la Mujer Preñada”), esta sí pesa más de 1.000 toneladas. Mide nada menos que 21,31 metros de largo, por 4,08 por 4,72, para un volumen de algo más de 410 m3. Diversas estimaciones le atribuyen un peso entre 1.050 y 1.200 toneladas (mi cálculo casero da aproximadamente 1.127 toneladas). Aunque estamos aún muy lejos de las “2.000 toneladas”, de todas formas resulta impresionante. Salvo por un detalle, que siempre se menciona de pasada y sin darle mayor importancia: este fenomenal pedrusco no llegó a salir de la cantera, por lo que de ningún modo se puede hacer un misterio de su transporte, ya que simplemente no fue transportado a ninguna parte. ¿Por qué dejaron los ingenieros romanos este monstruo en la cantera? A este respecto, y a falta de documentos, sólo se pueden aventurar hipótesis: quizás cometieron un error de cálculo y se encontraron con que habían tallado un bloque demasiado grande y que luego les fue imposible mover, o quizás modificaron el proyecto de la obra, o… En cualquier caso, la misma pregunta habría que hacérsela a los que le atribuyen el bloque a la tecnología alienígena.

Sigamos con las precisiones. La cantera de donde se extrajeron los famosos bloques no se encuentra “valle abajo” respecto a la construcción; se encuentra entre 10 y 15 metros por encima de ella. La cantera está a 1.160 metros de altura y el templo a unos 1.145. Indudablemente siempre resultará más fácil transportar una gran masa cuesta abajo que cuesta arriba. Por otra parte, la cantera se encuentra a sólo 600 metros de la plataforma, aunque al tener que sortear una zanja, la distancia a recorrer se alarga hasta unos 1.100 metros.

Sin embargo, podría parecer que aunque algo minimizado, el misterio aún persiste. ¿Tenían los romanos la capacidad técnica para movilizar bloques de semejante peso, aunque fuera en una distancia relativamente corta?

Los ingenieros romanos fueron expertos en la movilización de bloques pétreos de gran tamaño, incluso en condiciones mucho más difíciles que las que pudieran haberse dado en Baalbek, donde la cantera se encontraba relativamente próxima. Durante la época imperial, muchos obeliscos egipcios fueron transportados desde sus emplazamientos de origen hasta la península itálica; al menos una docena de éstos fueron erigidos de nuevo en Roma misma. Entre éstos el que actualmente se encuentra en la plaza de San Juan de Letrán, erigido inicialmente por Tutmosis III en Karnak, hacia el siglo XV a.C. Su altura es de 32 metros, los lados de la base miden 2,70 y los de la cúspide 1,88.

Durante el reinado de Teodosio I (379-395), otro obelisco procedente de Karnak fue colocado en la “spina” del hipódromo de Constantinopla. Los detalles al respecto se conocen a través de la obra del historiador bizantino Marcelino Comes (siglo VI d.C.) y por las inscripciones en el plinto de mármol de seis metros de alto sobre el que fue erigido. Este obelisco mide 19,59 metros de altura. Los relieves de la cara norte del plinto muestran escenas de la erección del monumento, bajo la vigilancia atenta del Emperador. Estos relieves son un valioso registro de las técnicas de la época.

El obelisco tuvo que ser trasladado una distancia de alrededor de tres kilómetros en subida desde el nivel del mar hasta su emplazamiento final en el hipódromo, mientras que en Baalbek la distancia fue bastante menor y cuesta abajo. Para realizar el trabajo, los romanos no dependían de la pura fuerza bruta de un ejército de esclavos tirando al unísono a una orden del capataz, sino que empleaban máquinas diseñadas ex profeso. Una de las novedades tecnológicas introducidas por los ingenieros romanos fue el amplio uso del movimiento rotatorio; por ejemplo, el uso de grúas potenciadas por norias. Para el traslado de bloques de gran peso, utilizaban malacates, en los que el movimiento rotatorio se transformaba en tracción.

El transporte del obelisco de Teodosio se logró al parecer con doce malacates, manejado cada uno por veinticuatro hombres.

Los malacates eran colocados en postes enterrados en el suelo a los lados de la vía de transporte, en dos hileras paralelas, a ambos lados del bloque a desplazar; cada malacate se ubicaba a cinco metros del siguiente. Cada una de las parejas de malacates de cada lado tenían un ángulo diferente para halar el peso. Cuando el ángulo de dos de los malacates era impracticable, los malacates se desmontaban y se colocaban más adelante. Por supuesto, el transporte era lento (se ha estimado en unos 30 metros diarios), por la necesidad de desmontar y volver a montar las máquinas cada pocos metros para aprovechar mejor la fuerza. Sin embargo, en vista de que en Baalbek se movieron varios bloques, es posible que los malacates se hayan armado en forma de callejón sin llegar a desmontarlos, para utilizarlos con los bloques sucesivos. El traslado de cada bloque hubiera sido así algo más rápido.

Conclusión

Sin la menor duda, la construcción de Baalbek fue una verdadera hazaña. Pero una hazaña humana, no el producto de alguna privilegiada mente extraterrestre. Si bien no ha alcanzado aún, ni quizás alcance nunca, la fama de la Gran Pirámide, Baalbek sigue siendo una referencia ineludible a la hora de especular sobre viajeros procedentes del espacio exterior. En rigor, su misterio ni siquiera debiera haber nacido, pues ya en 1905 no era misterio. Y sin embargo, la misma historia sigue repitiéndose una y otra vez…

SACSAYHUAMAN

Durante mi primer viaje a Cusco, ciudad símbolo de la cultura andina (junto a Puno y La Paz), visité la imponente estructura de piedra llamada Sacsayhuamán, situada a unos 3555 metros de altura sobre el nivel del mar.
En mi opinión, Sacsayhuamán (del aimara saqsaw waman, lugar donde se sacia el halcón) es el lugar más misterioso de todo el continente americano.

En efecto, cuando los conquistadores pertenecientes al ejército de Pizarro llegaron a Cusco en 1533, quedaron atónitos frente a tan inmenso monumento megalítico de muros ciclópeos de enorme peso.
Los españoles se preguntaron cómo había sido posible que los indígenas Incas, quienes desconocían el uso de poleas y la existencia del hierro, y que utilizaban troncos de árboles en vez de ruedas, transportaran rocas de hasta 200 toneladas de peso, les dieran forma para que encajaran perfectamente entre sí y las levantaran para colocarlas unas encima de las otras.

Los españoles se preguntaron también cuál misterioso motivo habrían tenido los indígenas, quienes a sus ojos eran “arcaicos”, para construir tal monumento, tomándose tanto tiempo y gastando tanta energía.
Estas preguntas, de unos 477 años de antigüedad, conservan su actualidad.

Ningún estudioso ha presentado pruebas suficientes y exhaustivas de cómo fue construido Sacsayhuamán y, sobre todo, de cuál fue su función.

Nadie sabe tampoco cuándo fue edificado en realidad, aunque recientemente la arqueología oficial sugirió que los indígenas de la cultura Killke erigieron la imponente estructura en el 1100 d.C.

En los últimos años tuve la oportunidad de entrevistar a varios arqueólogos, tanto peruanos como brasileros, y me dio la impresión de que ninguno quiere realmente afrontar el tema de Sacsayhuamán. ¿Por qué?

El tan reconocido método de datación llamado carbono 14 funciona sólo cuando hay material orgánico, pero no es capaz de datar el período en el cual se construyó un monumento.

Por ejemplo, el dato sobre la cultura Killke, ofrecido por un equipo de arqueólogos en el 2008, contrasta con la información clásica etno-histórica que reconocía a los Incas como los constructores de Sacsayhuamán a partir de 1438 d.C., durante el reino de Pachacutec.


En mi opinión, el hecho es que no se puede datar un monumento de piedra sólo porque se encuentren restos de cerámica en sus fundamentos. Según esta lógica, tal vez en 10 años se halle otra cerámica en un estrato de terreno más profundo, perteneciente a una proto-cultura Killke remontable quizá al 900 d.C. Y así, se formulará una datación de la construcción de la estructura de piedra anterior al 900 d.C.

El monumento, que para algunos es la representación de la cabeza de un puma, para otros una fortaleza para defender a Cusco y para otros un centro ceremonial, está compuesto por tres muros de aproximadamente 400 metros de largo y 6 de alto. Se calculó que algunas piedras pesan hasta 200 toneladas, mientras que el volumen total de los tres muros es de unos 6000 metros cúbicos.

En la zona al sur de los muros están las bases de lo que fueron probablemente tres grandes torres: Muyucmarca, Sallacmarca y Paucarmarca. Mientras que la primera tiene base circular, las últimas dos la tienen rectangular.

La Muyucmarca tenía unos 12 metros de altura y una base con un diámetro de 22 metros. En sus Comentarios Reales, el Inca Garcilaso de la Vega describe a Muyucmarca como una torre que servía como depósito de agua y que estaba conectada a las otras dos por túneles subterráneos.

Se narra que en la batalla de Sacsayhuamán, acaecida en 1536, el Inca Cahuide se lanzó al vacío desde la Muyucmarca, con el fin de no entregarse a los españoles.

Sobre el origen de Sacsayhuamán fueron escritas decenas de libros y se propusieron las teorías más extrañas para explicar cómo se llevó a cabo su construcción, hecho que hasta ahora está envuelto en el misterio.

Al caminar por las calles de Cusco se ven varios libros de presuntos místicos, cada uno de los cuales dice conocer la clave sobre cómo fue erigido el más misterioso sitio arqueológico de América.

Hay quienes opinan que Sacsayhuamán, que era originalmente mucho más grande, puesto que los españoles utilizaron muchas rocas para construir sus casas e iglesias en Cusco, era una ciudad megalítica que reproducía exactamente a la capital del antiguo reino de Atlántida, desaparecido a causa de terribles terremotos e inundaciones.
En efecto, es extraño que las piedras encajen a la perfección entre sí, de manera tal que ni el filo de un cuchillo pueda pasar entre ellas. ¿Cómo fue posible edificar una cosa tan perfecta sin instrumentos modernos de construcción y corte, ni la fuerza motriz, que no apareció hasta el siglo XIX?

Antes que nada, hay que analizar el problema del transporte de rocas tan grandes. Según algunos investigadores, las piedras más pesadas (de andesita) se encontraban ya en el sitio de Sacsayhuamán, pero, si así fue, debe explicarse de todos modos cómo las levantaron para ubicarlas y encajarlas entre sí.

En caso de que hubieran estado en minas lejos de Sacsayhuamán, ¿cómo fueron transportadas? Al no disponer de carros ni de animales de carga como bueyes o caballos, se piensa que los pedruscos más pesados fueron deslizados sobre troncos de árboles sosteniéndolos con gruesas cuerdas, como se ve en la penúltima foto, que muestra el desplazamiento de un megalito en la isla de Nías, en Indonesia, en 1915.

Una vez agrupadas las rocas en el lugar donde se construiría la estructura, se procedió a pulirlas, con el objetivo de que encajaran las unas con las otras. Tenemos que pensar que los antiguos concebían el tiempo de manera diferente a nosotros ahora. Trabajar una roca durante meses o años era una cosa normal, el tiempo era visto no como un límite, sino como una oportunidad.

Para hacer que un pedrusco encajara perfectamente con otro, los antiguos constructores debieron haber utilizado mazas de piedra más dura que la andesita para poder pulir los vértices de cada uno y unirlo bien con otro.
Existe también la teoría de la existencia de una planta que, mezclada con otras sustancias naturales, volvería la piedra fácilmente maleable, como si fuera plastilina, usada por los niños para jugar.

Según algunos investigadores, los antiguos habitantes del altiplano dominaban algunas técnicas de alquimia que permitían justamente modelar la roca a gusto para volverla luego otra vez durísima. Según una leyenda difundida en Cusco, el Padre Jorge Lira demostró en los últimos años del siglo XX que la técnica para volver las piedras maleables era cierta y que se basaba en la utilización de una planta llamada jotcha. No obstante, parece que el sacerdote no logró endurecer de nuevo la roca. En todo caso, sus experimentos no se apoyaron nunca en pruebas científicas y toda la historia permaneció siempre tras un halo de misterio.


Aunque se admita que los antiguos constructores de Sacsayhuamán lograron labrar los pedruscos de manera que encajaran entre sí, queda aún el enigma de cómo pudieron levantar piedras de decenas de toneladas de peso para ponerlas unas encima de otras.

Según la teoría oficial, se ponía una base de madera oblicua entre el suelo y la roca utilizada como fundamento. Luego, troncos perpendiculares en los cuales colocar una base de madera en la cual había otros troncos perpendiculares. Sólo sobre estos últimos se transportaba el pedrusco que iba a ubicarse sobre el que estaba abajo. La operación se efectuaba tanto arrastrando como empujando, para asegurar que la roca no se fuese para atrás, y se ponían palos entre los troncos perpendiculares, con el fin de bloquear el posicionamiento. Las cavidades que se descubrieron en algunas rocas servían, según algunos investigadores, para meter troncos, con el fin de sostener la roca antes de ponerla definitivamente sobre otra.

Según mi amigo peruano Paul Mazzei, podría existir otra posibilidad: una vez puestas las rocas más grandes en fila, los fundamentos de la estructura, se procedía a excavar debajo de ellas con el fin de hacerlas hundirse a una profundidad más o menos igual a su altura. Luego, simplemente se ponían otras rocas relativamente más ligeras sobre las primeras, más pesadas. A continuación, se procedía a reducir y aplanar el nivel de suelo de toda el área, con el fin de ocultar la “trinchera” excavada inicialmente.

Si bien algún día se logrará explicar exhaustivamente cómo se construyó Sacsayhuamán, permanecerá siempre la duda de por qué y cómo fue erigido. Como ya se había mencionado, hay quienes piensan que fue una fortaleza, mientras que otros lo consideran un centro ceremonial.
De hecho, para nosotros es difícil comprender los motivos de una construcción tan compleja que requirió ciertamente de muchos años para ser completada. Sin embargo, hay que recordar que en el mundo hay cientos de construcciones megalíticas y que la lógica de los antiguos es para nosotros complicada, pues estaba relacionada con ritos y ceremonias que hoy resultan incomprensibles.
Después de haber comparado entre sí a muchos lugares arqueológicos de Suramérica, llegué a la conclusión de que Sacsayhuamán fue construido mucho antes que Cusco. En mi opinión, la estructura megalítica era el centro de una ciudadela que se extendía más allá de los límites del actual parque arqueológico.


Opino que los autores de Sacsayhuamán pertenecían a la llamada civilización megalítica americana que se desarrolló en Suramérica poco después del diluvio universal, a partir del noveno milenio antes de Cristo.

Sólo con ulteriores trabajos de excavación, con el estudio comparado de otros sitios megalíticos del altiplano andino (Tiwanaku y Pukara) y con la exploración exhaustiva de las enigmáticas galerías subterráneas que de Sacsayhuamán llevan a Cusco o hacia lugares desconocidos, se podrá intentar revelar, en el futuro, el misterio de este fascinante lugar que me llegó al corazón, y al cual considero como el mismísimo símbolo de la antigua civilización megalítica americana.

GORNAYA SHORIA

El 17 de febrero pasado, Valery Uvarov publicaba en su blog “Báculos de Horus” un artículo sobre una expedición a Gornaya Shoria, en Siberia, en la que encontraron unas ruinas megalíticas de enormes dimensiones. La expedición empezó el pasado 21 de septiembre, estando compuesta de 19 científicos. El acceso a la zona era bastante escarpado, con pendientes de hasta 60 grados. Dos días más tarde, se encontraron con una formación de rocas de extraordinarias dimensiones, que hacen parecer insignificantes a las que forman el Trilithon de Baalbek, y hasta la gran “roca de la mujer embarazada”

La dimensión de los bloques encontrados era colosal. Algunos de ellos de 20 metros de largo, 6 de ancho y 6 de alto.

CIentífico, especialiata en paleontología y ufología. 22 años estudiando la herencia de las civilizaciones antiguas. DIrector del centro internacional de información sobre investigación OVNI. Autor de numerosas publicaciones sobre ufología, egiptología y exotérica. Para Uvarov las conclusiones eran evidentes. Estas estructuras fueron levantadas por nuestros antepasados utilizando sistemas antigravitatorios. ¿Cómo si no, podrían levantarse esos colosos de piedra hasta esa altitud y colocarlas de es manera?

Pero ¿no habrá una explicación más sencilla?

Las afirmaciones sobre el origen no natural de estas estructuras es pura especulación. El curriculum de Uvarov hace que las dudas sobre sus afirmaciones aumenten:

Sin pretender hacer un ad-hóminem, parece evidente que tiene el típico perfil de la persona que está precondicionada a dar una explicación paranormal a cualquier fenómeno natural que sea mínimamente llamativo.

Este caso recuerda mucho a otro que ocurrió en 1987 en Japón: el monumento Yonaguni. Para muchos, este es un caso evidente de la existencia de una civilización perdida, muy avanzada, que vivió en un pasado lejano. Aunque el geólogo Robert Schoch de la Universidad de Boston, documentó el caso como un fenómeno natural, en el que diversas capas de roca se han ido fracturando horizontal y verticalmente debido a la actividad tectónica y a los terremotos. Las rocas de Shoria no se encuentran en una zona de una actividad sísmica intensa, y son mucho más duras que las de Yonaguni, pero hay otros casos de formaciones rocosas extraordinarias documentadas, cuyo origen es natural, como estas del sur de Polonia:

 

 

 

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