STONEHENGE – Piedras Voladoras

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Autor del Blog: Jorge Mier Hoffman en Machupicchu

Stonehenge y la Piedras Voladoras

Mucho se ha especulado sobre Stonehenge, pero pocas veces se han descrito los datos que a ciencia cierta se conocen sobre este enigmático lugar. ¿Cuando y como fue construido? ¿Cual era su utilidad? ¿Quienes han investigado su enigmático pasado? El siguiente documento tiene el proposito de aclarar estos aspectos del más fascinante construcción arqueoastronómica de Europa occidental.

Un Artículo del Libro “El Código Maya y los Siete Estigmas” de su Autor Jorge Mier Hoffman, basado en el misterioso legado maya, sus  enigmas y códigos que marcan el destino de la humanidad en su pasado y futuro.

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La búsqueda de su origen.

Localizado a cien kilómetros al oeste de Londres, en la llanura de Salisbury, se encuentra uno de los monumentos milenarios más inquietantes de la humanidad. Con sus colosales rocas, cuyos pesos varían de dos a treinta y cinco toneladas, Stonehenge es la construcción megalítica más fascinante de la historia. Su construcción se remonta a la noche de los tiempos, a civilizaciones que no dejaron a su paso escritos que nos permitieran conocer con seguridad su origen.

Nadie conocía el origen de este complejo megalítico, pero algunos lo sugerían a través de las leyendas y la tradición. Algunos como Geoffrey de Monmouth (aproximadamente 1100-1154 dC.) en la Edad Media, relataba en sus crónicas la creencia popular de que el conjunto era un circulo de gigantes petrificados, de allí que se le conociera como la “Danza de los Gigantes”. Pero el mismo escritor del siglo XII nos ha hecho llegar otra leyenda que sugería que las piedras fueron llevadas allí por el Mago Merlin, desde Irlanda, con la ayuda de unos “artefactos”, para conmemorar un entierro masivo de bretones. Lo cierto es que el pueblo sajón les recordaban las vigas en las cuales colgaban a los criminales, por lo cual empezaron a conocerlo como “Stonehenge” (La horca de piedra o la piedra del colgado).

El misterio de Stonehenge llegó hasta el rey Jaime I de Inglaterra, quien en 1620 encargo al arquitecto Iñigo Jones investigara todo lo referente al conjunto. El nacimiento de la arqueología estaba aún a un siglo y medio de distancia, por lo que Iñigo Jones hizo lo que sus recursos le permitían. Finalmente llego a la conclusión de que era un templo romano dedicado al Cielo, construido poco después del año 79 dC. Tal vez esto satisfizo al rey, pero hoy sabemos que Iñigo Jones se quedó corto. Stonehenge ya era un conjunto milenario en época del Imperio Romano.

En ese mismo siglo XVII apareció en escena John Aubrey (1626-1697), escritor y estudioso de la antigüedad quien estudió los monumentos megalíticos de Inglaterra, y sugirió por primera vez que Stonehenge era un templo construido por los druidas. Ese mismo siglo William Stukeley realizo un estudio que reiteró y expandió el origen druídico de Stonehenge. Stukeley era masón, parte de una comunidad cuyos orígenes forzosamente han intentado remontarse a tiempos de los druidas y el Antiguo Egipto, por lo cual no extraña que quisiera asociar a su ya dudosa linaje grupal, la magia y misterio de Stonehenge. Sin embargo los druidas, aquellos antiguos sacerdotes celtas, nada tenían que ver con Stonehenge, puesto que dicho complejo megalítico existía desde dos milenios antes. Sin embargo esto dio lugar a inumerables artificios que representaban a Stonehenge como un templo ritual en donde los druidas propiciaban a los dioses de la naturaleza mediante sacrificios humanos. Incluso una piedra que yace en posición horizontal en el centro de Stonehenge fue bautizada como “La Piedra del Altar” o “Piedra de la Matanza”, cuando en realidad se trata simplemente de un megalito caído en tierra. La falsa relación entre druidas y Stonehenge llegó a tal punto que una agrupación masónica denominada “Antigua Orden Unificada de Druidas” realizaban al amanecer del solsticio de verano una serie de ritos presuntamente druidas que evidentemente fueron inventados por la imaginativa mente de alguno de sus lideres. Finalmente en 1985 el gobierno británico decidió hacerse cargo de la protección y conservación de Stonehenge y entre sus primeras acciones fue prohibir la celebración de este fraudulento ritual.

El misterio y la magia de Stonehenge continuó en el hablar de la gente. Algunos le atribuyeron poderes curativos, entre ellos el poder de hacer fértil a cualquier pareja que durmiera en sus terrenos. Estos y otras suposiciones hicieron que las iglesias romanas y puritanas consideraran estos sitios como templos paganos, sitios en donde las brujas realizaban ritos en favor de Satanás. Inmediatamente los sitios fueron anatemizados y a punto estuvieron de ser destruidos. Algunas gentes utilizaron sus piedras como material de construcción en los pueblos vecinos, y en no hace muchos años algunas exóticas agrupaciones de presuntas brujas y hechiceros llegaban a celebrar aquelarres en sus inmediaciones.

La edad de la razón empezó a surgir a inicios del siglo XX cuando un investigador logró determinar con un aceptable grado de certeza la edad de Stonehenge. Como muchas veces ha ocurrido en la historia de los grandes descubrimientos, no fue un arqueólogo el que pudo determinar la edad de dicho monumento. Era un astrónomo. En 1901 Sir Norman Lockyer confirmó un secreto a voces que circulaba respecto a Stonehenge: una persona al pie de la “piedra del altar”, observando hacia la “piedra talón” podía observar con gran exactitud el sitio por donde sale el Sol durante el solsticio de verano, el 21 de junio. Lockyer confirmo que efectivamente la “piedra de altar” o el centro de Stonehenge se alineaba con la “piedra talón” apuntando al Sol, con tan solo un margen de error de 56 minutos de arco. Sir Norman Lockyer había realizado uno de los más minuciosos estudios de la precesión de los equinoccios, fenómeno por el cual con el transcurso de los siglos el Sol presenta un desplazamiento con respecto a las constelaciones. Suponiendo que los constructores de Stonehenge hubiesen alineado el centro del conjunto con la “piedra talón” con una exactitud total, el calcular los 58 minutos de arco de diferencia con respecto al conocido desplazamiento de precesión, permitiría conocer en que fecha Stonehenge ya se ha erigido como templo solar. Los cálculos de Norman Lockyer le dieron la asombrosa fecha de 1800 aC. Posteriores dataciones con carbono-14 llevaron los inicios de Stonehenge hacia el 2800 aC. Con ello muchas teorías respecto a su origen asirio, micénico o griego quedaron descartadas. Hoy suponemos que alguna civilización neolítica de origen precéltico debió ser quien erigió este monumental conjunto.

Hoy conocemos más de la función de Stonehenge. Al igual que la “piedra de altar” y la “piedra talón” se alinean para mostrar el punto de salida del Sol en el solsticio de verano, de igual forma los dos montículos y menhires ubicados junto al foso circular están alineados para apuntar hacia las salidas y puestas de sol durante los solsticios de verano e invierno. También marcan las salidas y puesta de la Luna durante los solsticios de invierno. En otras palabras Stonehenge era un templo dedicado a los movimientos del Sol y de la Luna. Un arcano observatorio astronómico. Por si fuera poco, una autentica revolución se desencadenó a partir de 1961 cuando el profesor Gerald F. Hawkins, astrónomo de la Universidad de Boston, planteó la posibilidad de que Stonehenge fuera utilizado como una calculadora astronómica para predecir los eclipses de Sol y de Luna, además de adoratorio de los doce dioses del zodiaco. Sin embargo muchos de los planteamientos de Hawkins han sido descartados en vista que muchos de ellos han sido válidamente debatidos.

Aunque Stonehenge aun presenta diversos misterios, su finalidad parece hoy más evidente que nunca. Fue un templo para adorar al Sol y la Luna, astros que regían el ciclo de las estaciones. Un calendario que sabiamente observado permitía predecir la llegada de las estaciones en previsión de las actividades de los campesinos y domesticadores de ganado que se dieron el tiempo para edificarlo, y posteriormente también se convirtió en un sitio sagrado. Lugar de ritos funerarios como lo confirman los diversos restos desenterrados en diversas partes del recinto. Con magia y leyenda que aun hoy llega a las creencias de los locales que lo consideraron dueño de poderes curativos.

Su estructura.

Stonehenge cuenta con diversas estructuras entre las cuales podemos destacar las siguientes:

Trilitos o dolmen: consisten en dos pilares de piedra coronados por un dintel elevado a 4,4 metros de altura. Estos “trilitos” son de piedra llamada “gres silicio” o “sarsen”, la piedra del dintel llega a pesar siete toneladas, los pilares pesan 25 toneladas. El conjunto de dinteles y pilares tiene un conjunto de espigas y cavidades (“machihembrado”) para que embonen perfectamente una piedra con otra.

Monolitos o Menhires: son bloques de piedra verticales.

Cromlech: consiste de un circulo de menhires.

La sección principal consta de un circulo de treinta columnas rectangulares coronadas con dinteles de las cuales diecisiete sobreviven y solo seis dinteles. Este circulo de piedras tiene un diámetro de 29,6 metros y sus piedras son de gres silicio de un color amarillento.

Tres metros al interior existe un segundo anillo de sesenta menhires de cuando mucho dos metros de altura cada uno. Estos menhires son de un tipo de roca eruptiva llamada “piedra azul”, durísima y de reflejos azulosos, procedente de Gales. Tal parece que estos menhires tiempo atrás fueron coronados por dinteles de piedra azul. Solo quedan veinte.

Más al interior se encuentra una formación en herradura con cinco trilitos de gran tamaño. El mayor de todos de 8 metros de altura en la parte central. A cada lado dos trilitos de tamaño decreciente. Todos hechos con piedra gres silicio o sarsen.

Dentro de la formación de cinco trilitos se encuentra una herradura interior de 19 menhires de una altura inferior a los 3 metros y tallados a manera de obeliscos en piedra azul.

Finalmente en el centro se encuentra la “piedra del altar” de 4,8 metros de altura de largo, yace sobre el terreno. Esta es una piedra con un alto contenido de aluminio, lo que le da un brillo muy especial al recibir luz solar. Es de arenisca verde.

Al exterior del conjunto circular de piedras hasta ahora descrito se encuentra un conjunto de dos círculos con treinta agujeros cada uno, excavados en roca calcárea, llamados “agujeros Y” y “agujeros Z”. En un circulo más exterior se localizan 56 huecos que dan la vuelta al conjunto y que reciben el nombre de Círculos de Aubrey (en honor a su descubridor Sir John Aubrey, siglo XVIII). Este anillo es circundado por un foso circular de 97,5 metros de diámetro, hecho con los restos calcáreos.

Entre los círculos de Aubrey y el foso circular se encuentran cuatro marcas denominadas “cuatro estaciones”. Son dos monolitos de 2,74 y 1,22 m respectivamente, y dos montículos de tierra compactada, dispuestos alternadamente.

A 37 metros hacia el noroeste del pórtico de Stonehenge, por el camino de acceso, nos encontramos la “piedra talón” con 6,10 metros de alto, 2,74 de ancho y 2,10 de espesor y un peso superior a las 35 toneladas rodeado de un parapeto y foso circular de 4,87 metros. Las “cuatro estaciones” forman un rectángulo perfecto cuyas caras más cortas resulta paralelas al alineamiento de la “piedra talón” y el camino de acceso que desde el noreste llega a Stonehenge.

¿Cómo se construyó?

Stonehenge representa un colosal esfuerzo de planeación y elaboración. Definitivamente no se hizo de un día, sino que fue tomado diversas formas a lo largo de la vida de cuarenta generaciones. En la actualidad arqueólogos como Richard Atkinson consideran que en Stonehenge hubo tres fases principales de construcción.

La primera fase tuvo lugar hacia el año 2800 aC. Fue entonces cuando se hizo el terraplén y el foso circular. Se pusieron las piedras y los montículos denominados “las cuatro estaciones”, así como la “Piedra Talón” en el camino de acceso. Los principales indicadores del Sol y la Luna se encontraban puestos. Además se hicieron 56 orificios conocidos como los círculos de Aubrey.

La segunda fase tuvo lugar hacia el año 2100 aC. se erigieron 80 bloques de arenisca azul en un semicírculo o herradura. Estas piedras provenían de las montañas de Precelly, situadas a 320 km en el sudoeste de Gales. Lo más probable es que las transportaron en balsas a lo largo de la costa galesa, entrando por Bristol a lo largo del río Avon. Luego serían llevadas por vía fluvial y terrestre hasta llegar, sobre rodillos, a la avenida de Stonehenge donde se instalarían conformando dos círculos. Cien años más tarde, los bloques de arenisca azul fueron reordenados para ser sustituidos por piedras silíceas que observamos actualmente (un circulo y un semicírculo). Estas piedras se trajeron desde las colinas de Malborough, a unos 30 km al norte. Algunas de estas ultimas piedras llegaban a pesar hasta 26 toneladas, su transporte era hecho a base de rodillos, sogas y palancas. Ya en el sitio de su erección, se cavaba un foso y, poco a poco, el bloque era levantado con un conjunto de palancas, vigas y cuerdas hasta que por el ángulo y su propio peso caía en el foso. A base de cuerdas se ponía en posición vertical. Finalmente se construía gradualmente una plataforma para ir subiendo y colocar el dintel de siete toneladas sobre la cima de dos bloques verticales. Las piedras eran talladas en un ingenioso juego de espigas y cavidades para que columnas y dintel embonaran a la perfección. Los materiales del semicírculo anterior se utilizarían para una segunda herradura en el interior del circulo principal. Se excavan en la parte externa del conjunto una serie de orificios para erigir un doble circulo de piedras azules (círculos de Aubrey), pero ésta construcción nunca se lleva a cabo.

La tercera fase tiene lugar hacia el 1500 aC. cuando las piedras azules fueron nuevamente retiradas para instalarse en sus posiciones actuales en el interior del circulo, a la vez que se alzaba al frente de los trilitos la llamada piedra de Altar, que fue acarreada desde el sur de Gales.

Finalmente hacia el año 1100 aC. Stonehenge fue abandonado.

Nuevos misterios.

Stonehenge es la máxima obra de una antigua sociedad interesada en la observación de los astros y su asociación a sus creencias. Pero no es la única construcción megalítica. Por toda Irlanda, Inglaterra, España, Portugal y Francia existen diversos conjuntos de piedra con funciones astronómicas y/o rituales. Estos conjuntos en ocasiones han sido posteriormente heredados por otras civilizaciones para sus rituales propios o heredados como fueron el caso de los celtas, los druidas, los galos e incluso los cristianos, puesto que muchas iglesias han sido construidas encima de antiguos dólmenes o menhires. Este hecho, lejos de revelarse como la tendencia de la religión hacia el paganismo, es la confirmación de como nuestra relación con la naturaleza (“relación = religare = religión”) no se ha perdido, y que la herencia de sitios sagrados que se ha presentado de la época neolítica a la actual es una prueba más del sincretismo religioso que mantiene unido a los seres humanos en su inquietud respecto al universo y su historia.

Igual de inquietante es la existencia de conjuntos megalíticos en otras zonas alejadas del occidente de Europa. En abril de 1998 se dio a conocer la existencia de un milenario observatorio astronómico al estilo de Stonehenge en Nabta, Egipto. En el norte de la costa este de los Estados Unidos encontramos diversos dólmenes en estados como Nueva Inglaterra, Massachusetts, Pennsylvania, Virginia y Vermont. ¿Serian estos conjuntos también productos de esa civilización pre-celta? Es una pregunta que aún resulta incomoda a arqueólogos e historiadores. El pensar que una civilización europea anterior a los vikingos y a Colón haya podido cruzar el Océano Atlántico causa mucha polémica, aunque ciertas leyendas irlandesas lo insinúan. Por el momento no hay mucho material para llegar a una contestación. Por si fuera poco un conjunto de piedras con ciertos aires megalíticos y hasta arqueoastronómicos han sido ubicados recientemente en una zona bastante alejada de los conjuntos de la costa este de los Estados Unidos. Una especie de “Stonehenge” ha sido localizado para nuestro asombro y provecho en México. Se encuentra en un lugar conocido como “las Aguilas”, en las proximidades de Cuautla de la Paz, en el estado de Jalisco. Este sitio fue dado a conocer en su momento por los reporteros del equipo de “México Desconocido” y al igual que en “Stonehenge” en el solsticio de verano un rayo de luz logra colarse entre dos monolitos e ilumina con una “espiga de luz” una piedra ubicada a 15 metros de distancia. Tal parece que este conjunto megalítico desempeñaba funciones tanto ceremoniales como astronómicas, lamentablemente hace falta mucha investigación y divulgación respecto a este sitio. Por lo mismo lo mejor será no ampliarse mucho respecto a este “desconocido descubrimiento”. Quien sabe, tal vez pronto hay una oportunidad para dedicarle una monografía completa.

Aunque hoy día se sepa que los celtas no son los constructores, éstos tuvieron en todos los tiempos un gran respeto por Stonehenge. El primer texto que menciona el sitio con exactitud se encuentra en la Historia Regnun Britanniae de Geoffroy de Monmouth (1136), uno de los autores del ciclo arturiano. Stonehenge es, según él, una creación del druida Merlín, que por obra de magia habría traído las piedras desde Irlanda. Luego habría utilizado las “fuerzas vitales” del lugar para hacer aparecer el dragón, y es ahí también donde todos los nobles de Inglaterra habrían prestado juramento al rey Arturo.

Los autores británicos John Aubrey y William Stukeley, a fines del siglo XVII y a principios del XVIII, contribuyeron fuertemente a mantener la imagen de Stonehenge como un templo druídico y sitio importante de la cultura celta. Pero, aunque fue sin duda el sitio utilizado por los druidas para sus ceremonias, los pesados megalitos estaban ahí mucho antes de la llegada de los celtas a tierras británicas, y los misterios de Stonehenge no tienen ninguna necesidad de este aporte para seguir siendo apasionantes.

Constructores fantásticos

El monumento fue construido en cuatro fases, a partir del 2800 antes de Cristo, con piedras de diferentes orígenes. Algunas provienen de Avenbury, a una veintena de kilómetros al noroeste, otras de los montes Prescelly en el País de Gales, a más de 200 kilómetros de Stonehenge, y de Mildford Haven, ¡a 250 kilómetros!. Las “piedras azules” (riolitos) incorporadas a la construcción a principios de la Edad del Bronce (segundo milenio a.C.), vendrían de Irlanda. Cada monolito pesa más de 50 toneladas y el conjunto, varios miles de toneladas: ¿Cómo pueblos de fines del Neolítico, de apenas algunos centenares de individuos, pudieron traer tales cargamentos con medios primitivos? ¿Y por qué haber ido tan lejos en busca de bloques de diferentes rocas?

El emplazamiento de Stonehenge fue elaborado según un plan extremadamente preciso. Una zanja circular de 4 m. de ancho por 1,50 m. de profundidad forma un primer anillo de un centenar de metros. Al interior, sobre el talud, un segundo anillo está dibujado por 56 agujeros, conocidos por el nombre de “agujeros de Aubrey”, derivado del nombre de uno de los primeros exploradores del emplazamiento (1650).

Siempre concéntricos, otros dos anillos revelan cada uno 30 y 29 agujeros: éstos contienen osamentas humanas quemadas. Luego viene la parte monumental de la obra: dos círculos de piedras erguidas cubiertas de dinteles encerrando otras dos filas dispuestas en forma de herradura. Otras cinco piedras se levantan aisladas: dos, en la zona del anillo de los agujeros de Aubrey (“piedras de estación” destinadas a ser cambiadas de posición), una exterior, en la galería que conduce al monumento (“piedra de talón”, llamada así por su forma), una piedra de sacrificio a la entrada y un altar al centro.

La Teoría Del Observatorio

Los numerosos restos humanos encontrados en el lugar indican que el sitio sirvió a menudo, a lo largo de los siglos, como lugar de sepultura. Sin embargo, todo muestra que esa no fue su primera finalidad.

En efecto, después de 1961, el plano del monumento fue estudiado por el científico Gerald Hawkins, profesor de astronomía de Cambridge, y Fred Hoyle, especialista en astrofísica del Californian Institute of Technology. Su tesis es que, para un observatorio ubicado en el centro de la construcción, los megalitos se observan en líneas de mira para realzar fenómenos astronómicos. Los círculos de agujeros corresponderían al sistema simple de una máquina calculadora gigantesca y primitiva pero de una precisión sorprendente

El anillo de los agujeros de Aubrey se relaciona con el ciclo de los eclipses lunares: Hawkins muestra incluso que corriendo cada año seis piedras de un agujero se pueden prever todos los eventos lunares para períodos muy largos. Finalmente, distintos ángulos entre las piedras solitarias definirían los solsticios y los equinoccios, las salidas y las puestas del Sol y de la Luna.

Los razonamientos de Hawkins y Hoyle, incontestables en el plano astronómico, son sin embargo criticados por los arqueólogos. La multiplicidad de épocas de construcción parece contradecir la teoría de un observatorio construido con conocimiento de causa.

¿Pero por qué el mismo objetivo no habría podido ser perseguido durante varios siglos, con un perfeccionamiento progresivo del sistema? Además, la simbología del círculo (el Sol) y la de la herradura (el menguante de la Luna) abogan en favor de los astrónomos. Parece que hoy día no existirían contradicciones entre las constataciones de los arqueólogos y los astrónomos y, en todo caso, muchos concuerdan en reconocer que la precisión en los emplazamientos de los megalitos es demasiado grande para ser solo fruto del azar.

¿Obra De Los Hiperbóreos?

Las piedras de Stonehenge son tan grandes que se diría que fueron levantadas por una raza de gigantes desaparecidos después de los primeros tiempos. Una tradición relaciona estos gigantes míticos a otro pueblo igualmente legendario: los hiperbóreos.

En la mitología griega, los hiperbóreos, que adoraban al dios Apolo, habitaban en el extremo norte de Europa. El historiador Diodoro de Sicilia (siglo I a.C.) evoca incluso un sitio que podría ser Stonehenge: “Hay en la isla un recinto de Apolo y un templo ilustre, (…) los encargados son llamados boreades (…). El dios visita la isla cada 19 años, período durante el cual las estrellas vuelven a estar en el mismo lugar en el cielo”.

De hecho, los hiperbóreos son probablemente los iberos, ya que es en Portugal donde se encuentran las primeras alineaciones megalíticas. Una migración diseminó a este pueblo a lo largo de las costas (golfo de Gascuña, Bretaña) hasta Irlanda e Inglaterra, donde erigieron por primera vez un fantástico círculo de piedras.

Una Configuración Única

Los emplazamientos megalíticos son numerosos a través de Europa (la península Ibérica, Westfalia, Hesse, la cuenca parisina, Provenza, Bretaña…), pero la mayoría son identificados como sepulturas. En Antequerra (Andalucía, España) como en New Grande (Irlanda) o en Castelet (Provenza), túmulos y dólmenes encierran siempre una o varias cámaras funerarias.

Sin embargo, al igual que Carnac, Stonehenge escapa a la regla. Ni pasillos ni cámaras funerarias: el monumento tiene ciertamente otro fin. Fuera de la hipótesis del observatorio astronómico, las explicaciones más diversas han sido propuestas.

Stonehenge sería un gigantesco generador de energía, un “nemetón” (lugar sagrado), no dudan en afirmar los seguidores de la tradición druídica. Astos forman una cadena humana alrededor del monumento cada solsticio para captar esta energía y cargarse de ella, siguiendo un ritual creado artificialmente en el siglo XIX.

¿Un puerto espacial para OVNIs? Esta es la tesis desarrollada por los espíritus más osados. La posición de las piedras correspondería entonces a un balizaje a ser ubicado desde el espacio. ¿Por qué no?, responden los ingenieros de la NASA…, ¡si es que se pueden imaginar platillos voladores tallados en piedra y forrados con pieles de animales!

Certeza que Stonehenge fue un círculo perfecto y nace nuevo misterio de sus piedras

El monumento prehistórico británico más visitado, 1 millón de turistas al año, abre un nuevo misterio a la lista de los que ya tiene: fue un círculo perfecto, no el semicírculo actual, pero nadie entiende que ocurrió con las piedras faltantes.

Declarado Patrimonio de la Humanidad por UNESCO hace 28 años, Stonehenge sigue siendo uno de los más fascinantes misterios por sus contenidos que en nada atienden el momento de su construcción, hace más de 5.000 años. Pese a ser uno de los monumentos más investigados y analizados, aún los científicos desconocen como es posible que en el solsticio de verano, los rayos del Sol coincidan con el eje central de los grandes bloques de piedra, un conocimiento considerado imposible casi para los hombres de aquella época en las actuales Islas Británicas. Recientes estudios marcaron también que el monumento responde al antiguo calendario druida, en tanto plantea también señales que hacen coincidir el grupo pétreo con el solsticio de invierno.

Descubren por casualidad el círculo completo que fue Stonehenge

En agosto pasado, el cuidador de Stonehenge, Tim Daw, contactó a los responsables científicos del área, al detectar una serie de misteriosas manchas que aparecían en el piso, en una zona del césped alrededor de las gigantescas piedras, donde como no llegaba el agua de los irrigadores había quedado seca. El suelo aparecía con manchones distintos pese a que la sequedad era pareja, debido al calor y la falta de lluvia.

“Estaba mirando el césped desde la zona de acceso al público, pensando que necesitábamos una manguera más larga para humedecer todo. Me acordé entonces que las marcas eran las que los arqueólogos habían buscado infructuosamente en las piedras y pensé que podía interesarles”, relató el cuidador del monumento al diario londinense The Guardian.

De inmediato los arqueólogos dispusieron una pesquisa que incluyó fotografías aéreas, pautando que efectivamente el círculo debe haber sido completo, pero sin poder establecer que significado tenía ese aspecto y menos aún donde están las moles de piedra que de ser iguales a las que hay pesan toneladas, y que ocupaban los sitios estudiados.

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