ATLANTES – TULA

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Autor del Blog: Jorge Mier Hoffman en Machupicchu

Tollan-Xicocotitlan

Tollan-Xicocotitlan (en náhuatl: Tōllan-Xīcocotitlan [‘toː.ɬan ʃiː.ko.ko.’ti.t​͡ɬan], ‘Lugar de tules-Cerca del lugar de los jicotes’‘Gran Ciudad cerca del cerro Xicoco —conocida como Tula, forma castellanizada de Tōllan— fue la capital del estado tolteca, que se desarrolló en el centro de México durante el período posclásico temprano de Mesoamérica. En esta ciudad estaba asentado el principal poder político de los valles de México y Puebla-Tlaxcala entre los siglos X y XII de nuestra era. Su influencia alcanzaba lugares tan distantes como la península de YucatánEl Salvador y Nicaragua. No debe confundirse con el sitio mitológico denominado Tōllan, cuya identificación con Tollan-Xicocotitlan ha sido puesta en duda en textos recientes.

Un Artículo del Libro “El Código Maya y los Siete Estigmas” de su Autor Jorge Mier Hoffman, basado en el misterioso legado maya, sus  enigmas y códigos que marcan el destino de la humanidad en su pasado y futuro.

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Cuentan algunas leyendas que los toltecas (en nahuatl significa: “maestros constructores”) después de abandonar misteriosamente la ciudad de Teotihuacán, construyeron una réplica a pequeña escala de lo que sería su nueva capital, allá por el año 800 d. C. Su fundador fue Quetzatcóalt, a quien las mismas leyendas describen como un hombre “blanco y barbado”. A esta ciudad la denominaron Tollan (lugar de muchos barrios), y durante muchos años fue el foco principal de la civilización en Mesoamérica, reinando una dinastía de reyes-sacerdotes descendientes del dios Quetzalcóatl. Para muchos investigadores Tollan fue una ciudad mítica, más propia de la fantasía que de la realidad. No fue hasta finales del siglo XIX que se procedió a su descubrimiento en un lugar llamado en la actualidad Tula, próximo a la ciudad de México D.F. (unos 80 kms) y de la antigua Teotihuacán (unos 65 kms).

Las cuatro colosales estatuas conocidas como los “Atlantes de Tula”, situados sobre la Pirámide de Tlahuizcalpantecuhtli, que parecer sirvieron de columnas para el Templo de Quetzalcóatl, la Serpiente Emplumada , un dios blanco y barbado. La teoría más aceptada sobre lo que representan estos colosos es la de un grupo de guerreros toltecas en función de guardia permanente del Templo de Quetzalcóatl.

Los primeros trabajos arqueológicos para desenterrar los misterios de la antigua Tollan se iniciaron a comienzos de los años cuarenta de la mano del arqueólogo mexicano Jorge R. Acosta. Al igual que Teotihuacán, la ciudad de Tollan se estructuraba sobre un eje norte-sur sobre el que se ubicaban un gran número de edificios ceremoniales orientados en dirección este-oeste. Al sur del eje principal existe una gran plaza cuadrada presidida por un gran altar, donde se encuentran dos pirámides de cinco pisos y una cancha donde se practicaba el juego sagrado de la pelota. En la mayor de las dos pirámides de esta plaza se encontraron algunos objetos de oro, pero fue en la menor de las dos pirámides, bautizada con el nombre de Pirámide de Tlahuizcalpantecuhtli (estrella de la mañana) dedicada al dios Quetzalcóatl, la “Serpiente Emplumada” donde fueron localizadas enterradas en una profunda zanja cuatro colosales estatuas de casi cinco metros de altura a las que se denominó “los atlantes de Tula”.

Cada uno de estos “atlantes” (cuyo nombre proviene de la diosa Atlatona) esta constituido por cuatro piezas o bloques que encajan milimétricamente unos con otros. En su base, el primer bloque se corresponde a las piernas y pies. El segundo y el tercero de los bloques forman el tronco, y por último, el cuarto de los bloques representa la cabeza cubierta por un tocado de plumas. Llaman poderosamente la atención algunos detalles de la indumentaria de estos colosos, como por ejemplo la presencia de dos objetos de gran tamaño sobre las orejas de las figuras. El pecho está cubierto por una gran placa con la figura de un ser alado, del mismo modo y en la parte posterior a la altura de los riñones, otra placa en esta ocasión circular y con la presencia de un rostro humano, ha despertado la curiosidad de los investigadores, que no llegan a ponerse de acuerdo sobre los dibujos que rodean el rostro del disco: mientras que para unos sólo son serpientes entrelazadas, para otros son símbolos de alguna escritura aún sin descifrar.

Varias décadas después de su descubrimiento, se continúa especulando sobre el origen racial que representan los rasgos de las cuatro caras de los “atlantes”, siendo cada una de ellas diferente al resto.

Otro de los aspectos que más confunden a los expertos es la identificación de los rasgos faciales y su inclusión en algún grupo racial, algo que por el momento no se ha logrado. Guerreros, dioses, reyes, ídolos, etc, son algunos de los calificativos que se han usado para identificar a los “atlantes”, los cuales muestran diferencias anatómicas en sus caras a pesar de mantener la misma expresión, lo que les concede una personalidad propia a cada uno de ellos.

Los toltecas fueron un pueblo de artistas, sabio y culto, pero muy pragmático y austero, lo que les sirvió también para que desarrollasen el arte de la guerra, pudiendo construir así un imperio. Sus guerreros fueron temidos por sus enemigos, y entre sus armas figuraba la presencia de un lanzador ligeramente curvo en su extremo de dardos o flechas conocido con el nombre de “atl-atl”. En todas las representaciones encontradas hasta el momento donde aparecen los guerreros toltecas, empuñaban y manejaban con la mano izquierda estos artefactos bélicos.

En los gigantes o “atlantes” de Tula los expertos han identificado también la presencia de los “atl-atl”, por lo que oficialmente estos colosos serían la representación de un grupo de guerreros míticos. Sin embargo, si observamos detenidamente esta teoría, no termina de encajar. En su mano derecha cada uno de los atlantes porta un extraño objeto y en su izquierda otro objeto que ha sido calificado como unas flechas. Es sabido como decíamos anteriormente que, los toltecas usaban el “atl-atl” con la mano izquierda y no con la derecha como lo hacen los “atlantes”, y que las flechas que portan en la mano derecha difícilmente pueden serlo pues son curvas.

Los 4,6 metros de altura de cada uno de estos colosos formados por 4 bloques, fueron enterrados en la base norte de la pirámide en una zanja conjuntamente con otras numerosas esculturas. Se desconoce el motivo por el cual los habitantes de Tollan quisieron esconder estas representaciones.

Curiosamente en uno de los pilares recubiertos de relieves que fueron encontrados junto a las figuras de los “atlantes” y que hoy están situados junto a ellos sobre la pirámide, aparece la figura de un individuo que porta un objeto a la espalda como si se tratara de una mochila o depósito, y que maneja un objeto idéntico al que portan cada uno de los cuatro “atlantes”. No hay quien falte en asegurar que este extraño objeto es una “pistola lanzallamas o un soplete de plasma”, pues de él parte una especie de llama que el individuo dirige sobre una piedra.

Las leyendas que hacen referencia a la fundación de Tollan por parte de Quetzalcóatl, relatan que en torno al año 1.000 d. C este dios y sus seguidores fueron expulsados de la ciudad por la presencia del dios Tezcatlipoca. En su marcha hacia el sur, este grupo de exiliados hicieron de Chichén Itzá su nueva capital, fusionando su cultura y tradiciones con los mayas.

En la antigua capital, Tollan, se inicia progresivamente una decadencia que culmina en el siglo XIII con la aparición en escena de los aztecas, los nuevos conquistadores venidos del norte, quienes adoptaron muchas de las costumbres y tradiciones toltecas.

Una de las mayores polémicas en torno a la figura de los “Atlantes de Tula” se centra en el “arma” que portan en su mano derecha (imagen de la izquierda). Según los expertos representa a un “lanza-dardos” conocido con el nombre de “atl-atl”. Este arma, muy representada en diferentes estelas toltecas y muy temida por sus enemigos, tenía una forma curva y era siempre empuñada por los guerreros con la mano izquierda. Estos mismos expertos aseguran que lo que portan en la mano izquierda es un haz de dardos o flechas para ser lanzados por el “atl-atl” (imagen de la derecha), pero si observamos detenidamente su forma es curva y en nada se parece a un dardo o flecha. En una de las columnas cuadradas que se erigen junto a los colosos, existe una representación grabada sobre la piedra donde aparece un individuo manejando un objeto exactamente igual al que portan cada uno de los “atlantes” en su mano derecha, y del que parece salir una potente llamarada de fuego que dirige sobre una piedra (imagen del centro). Este mismo sujeto lleva sobre su espalda una especie de mochila o deposito, y unas no menos curiosas botas y guantes

Los restos de esta ciudad precolombina se localizan en el municipio de Tula de Allende, al sur del estado de Hidalgo (México), y forman parte del actual Parque arqueológico.

Tollan-Xicocotitlan se localiza en un valle de clima templado, irrigado por el río Tula. El centro de la ciudad precolombina se ubicó muy cerca de la confluencia de este río con el Rosas. Algunos rasgos importantes del relieve de la región son los cerros Magoni, Xicuco, Moctezuma, Bojay y la sierra de Tezontlalpa. Se ha señalado que para cuando los grupos que dieron origen a la cultura tolteca, la región estaba poblada por otomíes, grupo étnico que actualmente constituye el principal elemento demográfico indígena en la zona, y del que sobreviven gran cantidad de topónimos en la región de Tula.

La región donde se edificó la capital tolteca tiene un clima semiseco. Sin embargo, la presencia del río Tula permitió el desarrollo de una agricultura productiva. Por otra parte, la ciudad estaba ubicada, de modo estratégico, en medio de yacimientos de obsidiana (como la Sierra de las Navajas), de alabastro y otros minerales. Por su posición geográfica, Tollan-Xicocotitlan se convirtió en un importante nodo de las rutas de la turquesa, proveniente del Norte de Mesoamérica, y de la región de Cañón del Chaco (en el actual territorio de Nuevo México).

CONEXION ATLANTE

Las primeras evidencias de la ocupación del emplazamiento de Tollan-Xicocotitlan corresponden al final del Período Clásico Temprano (ss. II-VIII d. C.). Por esta época, la ciudad de Teotihuacan —principal centro político y económico del centro de Mesoamérica— iniciaba su proceso de decadencia, cediendo su hegemonía a otras ciudades-Estado que florecieron durante el epiclásico. En el valle del río Tula se desarrollaban a la sazón pequeños asentamientos donde se han encontrado piezas correspondientes la cultura Coyotlatelco.[4] Entre estos asentamientos se encuentran Chingú,[5] El Águila, Magoni, y Atitalaquia.

A partir del ocaso de Teotihuacan, varias ciudades del centro de México ocuparon el vacío de poder dejado por la metrópoli. Al mismo tiempo, fue el período por el que dieron inicio las migraciones de pueblos nonoalcas[6] y otros de habla uto-azteca a la región. Entre estos últimos[7] se encontraban los que, en unión con otros pueblos ya establecidos en el Altiplano Central mexicano, habrían de dar lugar a la cultura tolteca, que tuvo su centro en Tollan-Xicocotitlan. Hacia mediados del siglo VII de nuestra era, se inició la construcción del primer núcleo urbano en Tollan-Xicocotitlan, conocido como Tula Chico. Por este período aparecen en la ciudad las primeras alusiones iconográficas al culto a Quetzalcóatl, asociado con el planeta Venus. En Tula Chico se han encontrado restos arqueológicos de objetos relacionados con el complejo cerámico de Coyotlatelco. Se calcula que por el siglo VIII, una variación local del estilo Coyotlatelco se encontrba bien definida. A partir de ese momento inicia la Fase Corral de la historia de la capital tolteca, que concluyó hacia final del siglo IX con el gradual abandono e incendio de los edificios de Tula Chico.

Las crónicas indígenas recogidas por los misioneros al principio de la época colonial hablaban de un enfrentamiento entre Quetzalcóatl y Tezcatlipoca por el control de Tollan.[8] Aunque en ocasiones se consideró que éste relato era sólo un mito, las evidencias arqueológicas y la revisión de las fuentes históricas han puesto de manifiesto que verdaderamente hubo una disputa interna en Tollan-Xicocotitlan. Una de las facciones estaba liderada por Ce Ácatl Topiltzin Quetzalcóatl (en náhuatl: Uno Caña, Nuestro Señor Serpiente Emplumada )?, que terminó siendo expulsado de Tollan-Xicocotitlan por los seguidores del culto a Tezcatlipoca. El conflicto político en la ciudad pudo haber tenido lugar durante la Fase Corral o al principio de la Fase Tollan (ss. X-XII d. C.).

La primera descripción especializada de las ruinas de Tula fue realizada por Antonio García Cubas en 1873, de la Sociedad Mexicana de Geografía e Historia. Las primeras exploraciones arqueológicas fueron realizadas en la década de 1880 por el anticuario francés Désiré Charnay, mismas que publicó en su libro Les anciennes villes du Noveau Monde, donde describe e ilustra algunos edificios y monumentos de la capital tolteca. Fue el mismo Charnay quien después de sus exploraciones por la República Mexicana propuso la relación que existió entre Tula y Chichén Itzá. Fue hasta el año de 1940 que se inicia el proyecto de exploración más importante hasta el momento encabezado por Jorge Acosta del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), durante veinte años se descubrieron los restos de los templos y palacios más importantes de Tula, entre ellos: el Templo de Tlahuizcalpantecuhtli, la Pirámide “C”, el Palacio Quemado, el Coatepantli (muro de las serpientes), el juego de pelota número 1 y un edificio conocido como El Corral en la zona denominada Tula Chico.

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Autor, Jorge Mier Hoffman, junto a mi esposa Teresa en uno de los Atlantes de Tula

En un pozo de saqueo ubicado sobre el templo de Tlahuizcalpantecuhtli se localizaron las columnas y atlantes que sostenían el techo de este edificio. En la década de 1970, el mismo INAH, en colaboración con la Universidad de Missouri-Columbia, realizó una exploración más intensiva. En la década de los noventas siguieron varios proyectos de excavación y restauración a cargo de los arqueólogos Robert Cobean y Guadalupe Mastache.

La zona denominada Tula Grande es la única abierta al público, sin embargo también se puede visitar el Museo de Sitio Jorge R. Acosta donde se exponen algunos hallazgos importantes de la región de los llanos de Tula.

Los restos de Tollan-Xicocotitlan constituyen la zona arqueológica de Tula, a unos diez minutos en autobús desde el centro de Tula de Allende. A su vez, el yacimiento arqueológico forma parte del Parque Nacional Tula, que es un área natural protegida. Dos son los complejos arquitectónicos que constituyen el principal atractivo de Tula. El más importante es el conocido como Tula Grande, que comprende las estructuras mayores de la ciudad, correspondientes a la Fase Tollan. Tula Chico se localiza a kilómetro y medio cinco al noreste, y está integrado por una plaza y otros edificios que fueron el núcleo a partir del cual creció la capital de los toltecas. Otros conjuntos explorados en la zona arqueológica son El Cielito y La Salitrera, así como algunas secciones de la zona habitacional destinada a las clases bajas de la sociedad tolteca.

EL MISTERIO DE LOS ATLANTES DE TULA

Cuentan algunas leyendas que los toltecas (en nahuatl significa: “maestros constructores”) después de abandonar misteriosamente la ciudad de teotihuacán, construyeron una réplica a pequeña escala de lo que sería su nueva capital, allá por el año 800 d. c. su fundador fue Quetzatcóalt, a quien las mismas leyendas describen como un hombre “blanco y barbado”.

A esta ciudad la denominaron Tollan (lugar de muchos barrios), y durante muchos años fue el foco principal de la civilización en Mesoamérica, reinando una dinastía de reyes-sacerdotes descendientes del dios Quetzalcóatl. Para muchos investigadores Tollan fue una ciudad mítica, más propia de la fantasía que de la realidad. No fue hasta finales del siglo XIX que se procedió a su descubrimiento en un lugar llamado en la actualidad Tula, próximo a la ciudad de México D.F. (unos 80 kms) y de la antigua Teotihuacán (unos 65 kms).

Las cuatro colosales estatuas conocidas como los “Atlantes de Tula”, situados sobre la Pirámide de Tlahuizcalpantecuhtli, que parecer sirvieron de columnas para el Templo de Quetzalcóatl, la Serpiente Emplumada , un dios blanco y barbado. La teoría más aceptada sobre lo que representan estos colosos es la de un grupo de guerreros toltecas en función de guardia permanente del Templo de Quetzalcóatl.

Los primeros trabajos arqueológicos para desenterrar los misterios de la antigua Tollan se iniciaron a comienzos de los años cuarenta de la mano del arqueólogo mexicano Jorge R. Acosta. Al igual que Teotihuacán, la ciudad de Tollan se estructuraba sobre un eje norte-sur sobre el que se ubicaban un gran número de edificios ceremoniales orientados en dirección este-oeste. Al sur del eje principal existe una gran plaza cuadrada presidida por un gran altar, donde se encuentran dos pirámides de cinco pisos y una cancha donde se practicaba el juego sagrado de la pelota. En la mayor de las dos pirámides de esta plaza se encontraron algunos objetos de oro, pero fue en la menor de las dos pirámides, bautizada con el nombre de Pirámide de Tlahuizcalpantecuhtli (estrella de la mañana) dedicada al dios Quetzalcóatl, la “Serpiente Emplumada” donde fueron localizadas enterradas en una profunda zanja cuatro colosales estatuas de casi cinco metros de altura a las que se denominó “los atlantes de Tula”.

Cada uno de estos “atlantes” (cuyo nombre proviene de la diosa Atlatona) esta constituido por cuatro piezas o bloques que encajan milimétricamente unos con otros. En su base, el primer bloque se corresponde a las piernas y pies. El segundo y el tercero de los bloques forman el tronco, y por último, el cuarto de los bloques representa la cabeza cubierta por un tocado de plumas. Llaman poderosamente la atención algunos detalles de la indumentaria de estos colosos, como por ejemplo la presencia de dos objetos de gran tamaño sobre las orejas de las figuras. El pecho está cubierto por una gran placa con la figura de un ser alado, del mismo modo y en la parte posterior a la altura de los riñones, otra placa en esta ocasión circular y con la presencia de un rostro humano, ha despertado la curiosidad de los investigadores, que no llegan a ponerse de acuerdo sobre los dibujos que rodean el rostro del disco: mientras que para unos sólo son serpientes entrelazadas, para otros son símbolos de alguna escritura aún sin descifrar.

Varias décadas después de su descubrimiento, se continúa especulando sobre el origen racial que representan los rasgos de las cuatro caras de los “atlantes”, siendo cada una de ellas diferente al resto.

Otro de los aspectos que más confunden a los expertos es la identificación de los rasgos faciales y su inclusión en algún grupo racial, algo que por el momento no se ha logrado. Guerreros, dioses, reyes, ídolos, etc, son algunos de los calificativos que se han usado para identificar a los “atlantes”, los cuales muestran diferencias anatómicas en sus caras a pesar de mantener la misma expresión, lo que les concede una personalidad propia a cada uno de ellos.

Los toltecas fueron un pueblo de artistas, sabio y culto, pero muy pragmático y austero, lo que les sirvió también para que desarrollasen el arte de la guerra, pudiendo construir así un imperio. Sus guerreros fueron temidos por sus enemigos, y entre sus armas figuraba la presencia de un lanzador ligeramente curvo en su extremo de dardos o flechas conocido con el nombre de “atl-atl”. En todas las representaciones encontradas hasta el momento donde aparecen los guerreros toltecas, empuñaban y manejaban con la mano izquierda estos artefactos bélicos.

En los gigantes o “atlantes” de Tula los expertos han identificado también la presencia de los “atl-atl”, por lo que oficialmente estos colosos serían la representación de un grupo de guerreros míticos. Sin embargo, si observamos detenidamente esta teoría, no termina de encajar. En su mano derecha cada uno de los atlantes porta un extraño objeto y en su izquierda otro objeto que ha sido calificado como unas flechas. Es sabido como decíamos anteriormente que, los toltecas usaban el “atl-atl” con la mano izquierda y no con la derecha como lo hacen los “atlantes”, y que las flechas que portan en la mano derecha difícilmente pueden serlo pues son curvas.

Los 4,6 metros de altura de cada uno de estos colosos formados por 4 bloques, fueron enterrados en la base norte de la pirámide en una zanja conjuntamente con otras numerosas esculturas. Se desconoce el motivo por el cual los habitantes de Tollan quisieron esconder estas representaciones.

Curiosamente en uno de los pilares recubiertos de relieves que fueron encontrados junto a las figuras de los “atlantes” y que hoy están situados junto a ellos sobre la pirámide, aparece la figura de un individuo que porta un objeto a la espalda como si se tratara de una mochila o depósito, y que maneja un objeto idéntico al que portan cada uno de los cuatro “atlantes”. No hay quien falte en asegurar que este extraño objeto es una “pistola lanzallamas o un soplete de plasma”, pues de él parte una especie de llama que el individuo dirige sobre una piedra.

Las leyendas que hacen referencia a la fundación de Tollan por parte de Quetzalcóatl, relatan que en torno al año 1.000 d. C este dios y sus seguidores fueron expulsados de la ciudad por la presencia del dios Tezcatlipoca. En su marcha hacia el sur, este grupo de exiliados hicieron de Chichén Itzá su nueva capital, fusionando su cultura y tradiciones con los mayas.

En la antigua capital, Tollan, se inicia progresivamente una decadencia que culmina en el siglo XIII con la aparición en escena de los aztecas, los nuevos conquistadores venidos del norte, quienes adoptaron muchas de las costumbres y tradiciones toltecas.

Una de las mayores polémicas en torno a la figura de los “Atlantes de Tula” se centra en el “arma” que portan en su mano derecha (imagen de la izquierda). Según los expertos representa a un “lanza-dardos” conocido con el nombre de “atl-atl”. Este arma, muy representada en diferentes estelas toltecas y muy temida por sus enemigos, tenía una forma curva y era siempre empuñada por los guerreros con la mano izquierda. Estos mismos expertos aseguran que lo que portan en la mano izquierda es un haz de dardos o flechas para ser lanzados por el “atl-atl” (imagen de la derecha), pero si observamos detenidamente su forma es curva y en nada se parece a un dardo o flecha. En una de las columnas cuadradas que se erigen junto a los colosos, existe una representación grabada sobre la piedra donde aparece un individuo manejando un objeto exactamente igual al que portan cada uno de los “atlantes” en su mano derecha, y del que parece salir una potente llamarada de fuego que dirige sobre una piedra (imagen del centro). Este mismo sujeto lleva sobre su espalda una especie de mochila o deposito, y unas no menos curiosas botas y guantes.

El nagual Juan Matus dijo que el misterio de la pirámide es su estructura. Las cuatro esquinas han sido elevadas hasta la cima. La pirámide misma es el hombre, que está sostenido por sus mujeres guerreras: un hombre que ha elevado sus soportes hasta el lugar más alto. ¿Entiendes?,Lo que se conoce como atlantes son el nagual; son mujeres ensoñadoras. Representan el orden de la segunda atención que ha sido traída a la superficie, por eso son tan temibles y misteriosas. Son criaturas de guerra, pero no de destrucción.

“La otra hilera de columnas, las rectangulares, representan el orden de la primera atención, el tonal. Son acechadoras, por eso están cubiertas de inscripciones. Son muy pacíficas y sabias, lo contrario de la hilera de enfrente”

El nagual dijo que era un guía que llevaba a la segunda atención -continuó Pablito-, pero que fue saqueada y todo se destruyó. Me contó que algunas de las pirámides eran gigantescos no-haceres. No eran sitios de alojamiento, sino lugares para que los guerreros hicieran su ensueño y ejercitaran su segunda atención. Todo lo que hacían se registraba con dibujos y figuras que esculpían en los muros.

“Después debe haber llegado otro tipo de guerrero, una especie que no estaba de acuerdo con lo que los brujos de la pirámide hicieron con su segunda atención, y que destruyó la pirámide con todo lo que allí había.

El nagual creía que los guerreros debieron ser guerreros de la tercera atención. Así como él mismo era. Guerreros que se horrorizaron con lo maligno que tiene la fijeza de la segunda atención. Los brujos de las pirámides estaban excesivamente ocupados con su fijeza, para darse cuenta de lo que ocurría. Cuando lo hicieron, ya era demasiado tarde.El nagual dijo que no hay nada más peligroso que la fijeza maligna de la segunda atención. Cuando los guerreros aprenden a enfocarse en el lado débil de la segunda atención, ya no hay nada que pueda detenerlos. Se convierten en cazadores de hombres, en vampiros. No importa que ya no estén vivos, pueden alcanzar su presa a través del tiempo, como si estuvieran presentes aquí y ahora; porque en presas nos convertimos si nos metemos en una de esas pirámides El nagual las llamaba trampas de la segunda atención.El nagual dijo que quizás podríamos aguantar una visita a las pirámides -explicó Pablito-. En la segunda visita sentíamos una extraña tristeza; como una brisa que nos volvería desatentos y fatigados: una fatiga que pronto se convierte en la mala suerte. En cuestión de días nos volveríamos unos salados. El nagual aseguró que nuestras oleadas de mala suerte se debían a nuestra obstinación al visitar esas ruinas a pesar de sus recomendaciones.”El nagual explicó que la fijeza de la segunda atención tiene dos caras. La primera y la más fácil es la cara maléfica. Sucede cuando los soñadores usan su ensueño para enfocar la segunda atención en las cosas de este mundo, como dinero o poder sobre la gente. La otra cara es la más difícil de alcanzar y ocurre cuando los soñadores enfocan su atención en cosas que ya no están en este mundo o que ya no son de este mundo, así como el viaje a lo desconocido. Los guerreros necesitan una impecabilidad sin fin para alcanzar esta cara.Empezó por dejar en claro que para él todas las ruinas arqueológicas de México, especialmente las pirámides, eran dañinas para el hombre moderno. Describió las pirámides como desconocidas de pensamiento y de acción. Dijo que cada parte, cada diseño, representaba un esfuerzo calculado para registrar aspectos de atención absolutamente ajenos a nosotros. Para don Juan no eran solamente las ruinas de antiguas culturas las que contenían un elemento peligroso en ellas; todo lo que era objeto de una preocupación obsesiva tenía un potencial dañino.

Pablito tenía público. Todos en el cuarto, incluyéndome a mí, estábamos fascinados con lo que nos relataba. Pude comprender las ideas que presentaba, porque don Juan me las llegó a explicar.

Don Juan me había dicho que nuestro ser total consiste en dos segmentos perceptibles. El primero es nuestro cuerpo físico, que todos nosotros podemos percibir; el segundo es el cuerpo luminoso, que es un capullo que sólo los videntes pueden percibir y que nos da la apariencia de gigantescos huevos luminosos. También me dijo que una de las metas más importantes de la brujería era alcanzar el capullo luminoso; una meta que se logra a través del sofisticado uso del ensueño y mediante un esfuerzo riguroso y sistemático que él llamaba no-hacer. Don Juan definía no hacer como un acto insólito que emplea a nuestro ser total forzándolo a ser consciente del segmento luminoso.

Según la mitología, Coatlicue dió a luz a Huitzilopochtli luego de que una bola de plumas cayó en el templo donde estaba barriendo y la tocó. Ese embarazo extraño ofendió a sus otros cuatrocientos hijos que fueron animados por Coyolxauhqui a matar a su deshonrada madre… Sin embargo, Huitzilopochtli salió de la matriz de su madre armado completamente y la salvó. Huitzilopochtli le cortó la cabeza a su hermana, Coyolxauhqui y la tiró al cielo donde se convirtió en la Luna.

Las investigaciones arqueológicas nos llevan a Tula donde surgió la historia mitológica de los aztecas con su templo de deidades al mejor estilo de los egipcios y su diosa Coatlicue, como el primero de los siete estigmas maya

Tula es una metrópolis que los historiadores atribuyen a los toltecas, desde donde partió Quetzalcóatl, el máximo líder religioso de las culturas mexicanas… En su Historia general de las cosas de Nueva España, escrita en el siglo XVI, fray Bernardino de Sahún, uno de los inquisidores del catolicismo en América, nos habla de la ubicación de Tula, al describir un edificio con “pilares de la hechura de culebra”, para identificar el Edificio de los Atlantes o Templo de Tlahuizcalpantecuhtli como lo citan los historiadores.

La mitología maya habla de un mágico mundo llamado Tollán, cerca de Tula, donde vivió Quetzalcóatl, máximo líder de un pueblo que logró alcanzar un alto nivel cultural, y desde allí extendió sus conocimientos y sabiduría a todo el continente, y aún más allá, cuando abandonó a su pueblo con la promesa de regresar, luego que llevara las ciencias, la tecnología, la religión y la cultura a otras partes del planeta.

Sorprendentemente las estatuas portaban casco, botas, cinturones, pectorales, pero lo que más impresionó a los arqueólogos, era el arma que portaban en la mano, lo que las hizo bautizar como los “Atlantes” de la legendaria historia de Platón… No había manera de explicar la indumentaria de estos enigmáticos personajes de 4,6 metros de alto que se alinearon en la cima piramidal… Al respecto escribió Charnay:

“La ciudad de Tula es tan enigmática, que cualquier teoría por muy descabellada que sea, encaja en esa misteriosa cultura que creó estos extraños personajes”

Pronto Tula atrajo a científicos de todo el mundo, quienes quedaban atónitos con los monumentales Atlantes con su enigmática indumentaria y la mirada desconcertante de su rostro, que no responden al perfil indígena…. Fue mi caso, cuando en la década de los ochenta realicé un reconocimiento fotográfico de los monumentos de Tula, para descubrir interesantes aspectos de este imponente conjunto religioso, que hasta ese momento eran inéditos en esta ciudad de los Atlantes, con sus monumentales personajes de 8 toneladas que se ensamblan en cuatro bloques de cantera, mediante un ingeniosos sistema de espiga y caja, para armarlos de manera milimétrica y asegurar que no se separen sus partes.

El primer aspecto que descubrí al observar las estatuas, es que ese “disco” peculiar que mostraban los Atlantes en su espalda, no era exclusivo de Tula, sino que también lo encontramos en una milenaria estatua de los Lusitanos en la península ibérica, emparentados con la también enigmática cultura europea de los celtas hacia el año 200 antes de Cristo.

El pueblo Lusitano habitaba la parte occidental de la península Ibérica, considerado por el geógrafo e historiador griego Estrabón como “la mayor de las tribus ibéricas, con la cual durante muchos años lucharon los romanos”. La historiografía ubica su presencia ya en el siglo VI antes de Cristo. De origen incierto, algunos investigadores sostienen que descendían de poblaciones meridionales del norte de África y otros del gran conjunto de los pueblos indoeuropeos afines a los celtas. Con ocasión de la ocupación romana de la península Ibérica, en tiempos del emperador romano Augusto, Lusitania constituyó una de las tres grandes provincias de la Hispania romana. La proximidad de su localización con los actuales límites de Portugal, llevó a los humanistas portugueses del renacimiento a identificarse como descendientes del pueblo Lusitano.

Fue mi primer descubrimiento para demostrar la influencia maya en la trasculturización de Europa y Asia

Nótese que ambas estatuas llevan en la espalda el círculo celestial de Quetzalcóatl… Esta similitud es un prueba de que ciertamente el dios maya viajó al continente europeo para llevar su religión, su ciencia, su tecnología y su cultura… Sólo así se explica un aspecto hasta ahora incomprensible en algunas esculturas halladas en la península ibérica:

La adoración a la “Serpiente Emplumada” que muestran algunos monumentos en España, que rememoran al dios maya Quetzalcóatl

Como ya señalé, una de las mayores polémicas en torno a la figura de los “Atlantes de Tula”, se centra en las extrañas “armas” que portan en sus manos, y que no responden a ningún objeto utilizado por los nativos ni señalado por los cronistas de la época… Por su corto tamaño y operación con una sola mano, descarta un “Lanza Dardos” o algo similar.

En un intento de explicar lo inexplicable, los que se hacen llamar expertos, dicen que se trata de un “lanza-dardos” conocido con el nombre de “atl-atl”. Pero esta arma, muy representada en diferentes estelas toltecas, tenía una forma curva y era siempre empuñada por los guerreros con las dos manos, y en nada se parece al instrumento que portan los Atlantes. Estos mismos expertos aseguran que lo que portan en la mano izquierda es un haz de dardos o flechas para ser lanzados por el “atl-atl”, pero si observamos detenidamente en nada se parece a un dardo o flecha.. Son sólo especulaciones.

Pero lo que no dicen los eruditos, es que entre las columnas de Tula se encuentra la respuesta..!

En una de las columnas cuadradas que se erigen junto a los colosos, existe una representación grabada sobre la piedra, donde aparece un individuo manejando un objeto exactamente igual al que portan cada uno de los Atlantes en su mano derecha, y del que brota una potente llamarada de fuego que dirige sobre una piedra. Este mismo sujeto lleva sobre su espalda una especie de mochila o depósito, y unas no menos curiosas botas y guantes como los Atlantes.

Pero el misterio fue aún mayor, cuando se excavó en los alrededores del templo de los Atlantes, y se descubrió que la planta arquitectónica piramidal con todas sus columnas perimetrales, era idéntica al Templo de las Mil Columnas de Chichén Itzá, metrópolis maya situada a miles de kilómetros de Tula, y mil años de diferencia en sus construcciones, que evidenciaba algo sorprendente e inaudito..!

“Los antiguos Atlantes de Tula hicieron Planos de Arquitectura, con cálculos matemáticos y de trigonometría, que mil años después se usaron en Chichén Itzá para edificar el mismo templo”

Pero esto era algo que los letrados de la historia no aceptan, porque cambia la visión que se ha vendido de los indios americanos, con toda su barbarie e ignorancia que justificó la conquista y colonización por parte de España y la anuencia de la iglesia católica… y para demostrar hasta donde llega la ignorancia de algunos intelectuales, lo tenemos en una afirmación que se repite una y otra vez en todos los Foros mundiales y se escribe una y otra vez en todo los libros sobre la historia americana:

“Los indios americanos no conocía la rueda”

¿..Por qué esta afirmación..? Porque el uso de la rueda sólo se explica si se tienen bestias de carga como caballos o asnos que no se conocieron en América hasta la llegada de los españoles, y por consiguiente, la rueda conlleva a la construcción de carreteras… en fin, la rueda es sinónimo de modernismo, civilización organizada y desarrollo de ciencia y tecnología… y mientras se afirma una y otra vez que en América no se conoció el uso de la rueda como medio de transporte, en los museos se exponen juguetes de carros y animales montados en cuatro ruedas, como este modelo a escala que se encontró en un asentamiento maya-olmeca conocido como La Venta, en Veracruz.

Con los trabajos de restauración de la pirámide de Tula, la transculturación de mayas y egipcios quedó demostrada, cuando se despejaron las toneladas de tierra que cubrían los bloques de revestimiento de la estructura piramidal

No se trataba de simples bloques colocados de manera caprichosa y desordenada… Son bloques seccionados de una manera muy especial, que sólo encontramos en la pirámide de Keops en Egipto, donde se cortaron bloques en la forma geométrica del “trapecio”, que permiten ensamblar las piedras sin argamasa, y adoptar la estructura piramidal a la inclinación, asegurando la piedra, y evitando que se desprendan, para garantizar la solidez del conjunto… Por lo tanto, esta moderna técnica de construcción no fue casual… y tampoco fue por capricho que dos civilizaciones tan distantes y separadas por un inmenso océano, las hayan desarrollada de manera individual, sino que tuvo que existir un patrón científico en arquitectura que ambos compartieron en el pasado.

Esta curiosa técnica de construir pirámides con bloque cortados en “trapecio”, adquiere mayor relevancia cuando leemos las narraciones de Platón.

En lo que a mí respecta, mi experiencia en Tula fue muy gratificante para despejar la mente, y poner al descubierto las agrupaciones culturales de Mesoamérica

Luego de visitar la mayoría de los yacimientos arqueológicos desde el altiplano mexicano hasta Costa Rica, observar en detalles los extraordinarios objetos que se exhiben en los más afamados museos de la región, haber leído las aventuras de tantos exploradores, clasificar los descubrimientos arqueológicos, compartir experiencias con afamados arqueólogos, y dedicar 30 años al estudio y la investigación de las culturas que se desarrollaron en este vasto territorio de más de un millón de kilómetros cuadrados, he llegado a una conclusión que, sin lugar a dudas, enfrenta a la mayoría de los historiadores sesgados por una matriz histórica. Luego de visitar la mayoría de los yacimientos arqueológicos desde el altiplano mexicano hasta Costa Rica, observar en detalles los extraordinarios objetos que se exhiben en los más afamados museos de la región, haber leído las aventuras de tantos exploradores, clasificar los descubrimientos arqueológicos, compartir experiencias con afamados arqueólogos, y dedicar 30 años al estudio y la investigación de las culturas que se desarrollaron en este vasto territorio de más de un millón de kilómetros cuadrados, he llegado a una conclusión que, sin lugar a dudas, enfrenta a la mayoría de los historiadores sesgados por una matriz histórica.

Con respecto a las culturas mesoamericanas
Sólo existe una civilización que los eruditos se empeñan en seccionar y clasificar en distintas agrupaciones culturales

Olmecas, toltecas, aztecas, mayas, zapotecas, zacatecas, totonacas, tlaxcaltecas, huastecas, itzáes, chichimecas, teotihuacanas, mexicas, entre muchas otras, son sólo una, y que por lo mismo no sabemos su verdadero nombre, haremos como el mítico Colón y la llamaremos: Maya.

Todas y cada una de estas agrupaciones que se clasifican con distintos nombres en los Museo y los libros de historia, tenían elementos comunes

Los llamamos comunes, porque son técnicas de construcción similares, modelos arquitectónicos similares, estilos artísticos similares, elementos culturales similares, un mismo idioma, una misma creencia religiosas, igual escritura ideográfica, y un sólo dios al que identificaron como la “Serpiente Emplumada”. Estos seis rasgos que se muestran en las fotos, nos indican, que sin importar las clasificaciones dadas por los historiadores, se trata de una misma agrupación de individuos que se asentó en distintos lugares donde dejaron plasmada una personalidad propia de los artistas y constructores, pero que no se trata de culturas distintas como aseguran los antropólogos… Todas ellas tienen en común estos seis elementos de las fotos, que las hacen iguales como cultura y civilización.

Se identifican en las fotos: Los aros del mal llamado “Juego de Pelota”, que se encuentran colocados a una altura variante del suelo según la metrópolis, y que los ortodoxos erróneamente afirman que eran para jugar… La Figura de la Serpiente que simboliza a un Dios llamado Quetzalcoatl o Kukulcán, que se representaba como la “Serpiente Emplumada”… El símbolo del elefante con su característica trompa que los ortodoxos se empeñan en llamar Chac “Dios de la Lluvia”… La presencia de la escultura característica de un individuo con un tazón, que los ortodoxos llaman Chac Mol para justificar los sacrificios humanos y donde se colocaban los corazones aún palpitantes… Las Escultura de estuco con personajes representados de perfil y cuerpo frontal, propio del arte egipcio, que también encontramos en México; así como la escritura característica maya del tipo “glifos”, como un estilo único de escritura ideográfica e indescifrable que presentan todas las culturas de la región, y una obsesión enfermiza por medir el tiempo, que los llevó a tener un Calendario exacto, no sólo para medir el paso de los astros, sino para predecir: eclipses, el paso de los cometas y catástrofes naturales… y finalmente, el estilo constructivo de la “Pirámide Templo” en nueve u ocho basamentos y un templo que corona la pirámide, como un recinto cuadrado y decorado con murales de estuco.

Por todo ello afirmo, que al hablar de la cultura maya, estamos refiriéndonos a una sola civilización que los ortodoxos se han encargado de transfigurar, asignándoles distintos nombres, distintas fechas y distintos desarrollos culturales que, según su concepción simplista, se imponían las unas a las otras a través de las guerras y la esclavitud

Un ejemplo de esta tergiversación histórica lo encontramos en los mal llamados “Juego de Pelota” que describieron los cronistas de la conquista, y que los arqueólogos identifican en cada construcción donde se encuentran aros de piedra. En prácticamente todas las ciudades mesoamericanas, es una constante un gran campo delimitado con una muralla a cada lado, sobre la cual se colocaron dos aros de piedra que, en su diseño, lleva la serpiente enroscada como símbolo de Quetzalcóatl. Es un tipo de construcción muy característica que para los eruditos no tiene otra significación distinta.

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Una respuesta to “ATLANTES – TULA”

  1. demonios lo mejor de lo mejor

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